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Nombre: Valen Schultz 
Raza: Eco — Alma Ambivalente 
Ocupación: Caballero de Rango A en la Orden del Silencio Eterno 
Estatura: 1.82 m. 
Peso: 87 kg. 

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Valen es un joven de físico fornido y bien entrenado. Su cabelo rubio y ojos de un verde cristalino son bastante raros en la región, por lo que, aunado a su fisionomía, suele atraer miradas (que él falla en notar, casi siempre). 

Es optimista, enérgico, y -quizás su rasgo más característico- sonriente. El Octavo Eco, la Sonrisa ante la Tormenta, hace honor a su título sonriendo hasta cuando parece un acto de locura, de desafío a los inescapables e interminables tormentos del mundo. 

Valen es altruista, dadivoso y sorpresivamente sencillo, a pesar de su elevado rango. La ostentosidad en la que viven sus colegas no le atrae, comúnmente se le ve donando la mayoría de sus remuneraciones económicas o usándolas para expandir su granja, la misma granja austera y honesta en la que nació y creció... y en la que el destino lo convirtió en un Eco. 

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Como ondas que se esparcen en la superficie de un lago, los Ecos son almas cuya vibración perdura incluso cuando su ciclo en este mundo ha terminado, remanentes que se alimentan de nada más que la más pura determinación. 

Val y Soren Shultz heredaron la granja de sus padres cuando sólo tenían 13 y 15 años, después de que un trágico accidente convirtiese a la joven Soren y a su hermano en huérfanos. La ponzoña de la envidia no tardó en hacerse presente en forma de implacables llamas, un incendio provocado con premura y vileza. 

En medio del infierno, los hermanos entrelazaron sus dedos, sus cuerpos en un último abrazo, sus almas en el primero de sus Ecos. Entretejidas inexorablemente, las indisolubles esencias de Val y Soren Schultz permanecieron en este mundo, renaciendo como un desafío al destino mismo. 

¿Qué hizo nacer, en ese momento, a Valen? ¿Venganza, ira, sed de justicia? ¿Deseos de retribución y violencia? 

No. 

Porque el poder no significa nada si no es para proteger a quienes no pueden hacerlo por sí mismos. Porque el único fin de nuestro sufrimiento es evitárselo a los demás.