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    ¿Este mundo es el jardín de juegos del diablo?
    De repente siento inspiración para escribir cosas de terror...
    :STK-19: :STK-32: ¿Este mundo es el jardín de juegos del diablo? :STK-19: :STK-32: De repente siento inspiración para escribir cosas de terror... 😈 :STK-57:
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  • Me juego lo que sea que cierta pelirroja no sé ha traído deportivas al viaje
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  • ─────  STARTER CALL .ᐟ
    ᅠᅠ                    ♡ Elijah Vítkov

    El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar.
    Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua.

    ❛...❜

    Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar.
    Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió.
    Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir.

    Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle.
    ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada.
    La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números.

    Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos.
    ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜.

    Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota.
    El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜.

    Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo.

    El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria.
    ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜

    Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜

    La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜.

    Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
    ─────  STARTER CALL .ᐟ ᅠᅠ                    ♡ [fusion_bronze_monkey_923] El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar. Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua. ❛...❜ Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar. Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió. Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle. ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada. La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números. Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos. ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜. Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota. El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜. Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo. El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria. ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜ Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜ La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜. Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
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  • —Parece que el aire está cargado de una fragancia demasiado embriagadora como para ignorarla... Sería un desperdicio de mi parte no desplegar mis encantos ante tanta sensualidad exquisita. ¿Están listos para perderse en este juego, o van a seguir tentándome desde la distancia?—

    #Seductivesunday
    —Parece que el aire está cargado de una fragancia demasiado embriagadora como para ignorarla... Sería un desperdicio de mi parte no desplegar mis encantos ante tanta sensualidad exquisita. ¿Están listos para perderse en este juego, o van a seguir tentándome desde la distancia?— #Seductivesunday
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  • ℍ𝕦𝕘𝕠 𝕍𝕝𝕒𝕕 esto es.. Juego del Pocky?
    [VladHugoRavenlock093] esto es.. Juego del Pocky?
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  • Las risas del chico hacían eco en la oficina a pesar que esta estaba completamente decorada como para evitar que el sonido rebotara entre las paredes.

    La sangre en la alfombra de decoración floral hacía juego con el tono bordó de la misma, aunque arruinaba las partes en beige.

    El pie de uno de los guardaespaldas de su jefa hacía presión contra su pecho de forma que el aire tuviera dificultad para entrar a sus pulmones. Pero eso a Stray no le importaba, estaba teniendo un momento fantástico.

    —¡Apuesto a que este grandote puede pegar más fuerte! ¿O es que quieres que me tenga consideración? —lo miró a él primero, retándolo a continuar, luego miró a la mujer que estaba de pie no muy lejos de donde estaban ellos, observando la escena.

    Se la veía cansada, hasta algo decepcionada, y eso fue lo que hizo que el muchacho sintiera una punzada corta, pero fuerte, en el pecho. No dejó de sonreír de cualquier forma.

    —Déjalo —ordenó ella mientras se dispuso a ir hasta su asiento, suspirando al sentarse—. ¿Acaso quieres que te golpeen hasta la muerte?

    Stray se incorporó una vez que el hombre se alejó, la sangre de nariz y boca todavía escurriendo. Pasó el dorso de la mano para limpiarse un poco.

    —Es de las pocas cosas que tengo, Alina. —habló en voz baja, mirando la alfombra— El resto te pertenece a ti.

    —¿Qué haré contigo, niño? Creí haberte enseñado bien...

    —Oh, sí. Sí lo hiciste... —al ponerse de pie acomodó su camisa, también manchada por algunas salpicaduras de sangre— El problema es que crecí a base de dolor. Tuve que hacerlo propio, ¿sabes?

    Tener el control en algo, ¿qué mejor que hacer inservible la tortura física? Tal vez hasta la emocional, para ese punto.

    Tomó asiento en uno de lo sillones, pasando la otra mano por su rostro antes de volver a reír.

    —Estoy roto, ¿no es así?

    La mujer se tomó su tiempo en verlo, como si fuera la primera vez que lo hacía, pero conocía muy bien al joven.

    —Para algunos, quizás... Para mí, sigues siendo completamente funcional. Porque lo eres, ¿cierto? —ella nunca alzaba la voz, pero había algo en su tono que a veces llegaba a helarle la sangre. Siempre lo confundía: un día lo trataba como el centro deo universo, al otro era como si solo fuera uno del montón.

    El silencio se extendió, el cuarto se sintió pesado antes que Alina ordenara a otro hombre que le diera un paño húmedo al menor. Cuando se lo dieron, éste lo tomó para pasarlo por su rostro y quedar más limpio.

    —Siempre seré funcional para usted, Madam Dumitru... ¿puedo retirarme ya? —se puso de pie al mismo tiempo que formuló la pregunta, mirando a la mujer.

    —Puedes. —con ese permiso se retiró, de nuevo sintiéndose nefasto, pero sin poder alejarse demasiado. Ella tenía todo, él solamente la tenía a ella.

    ¿Cuándo se acabaría?
    Las risas del chico hacían eco en la oficina a pesar que esta estaba completamente decorada como para evitar que el sonido rebotara entre las paredes. La sangre en la alfombra de decoración floral hacía juego con el tono bordó de la misma, aunque arruinaba las partes en beige. El pie de uno de los guardaespaldas de su jefa hacía presión contra su pecho de forma que el aire tuviera dificultad para entrar a sus pulmones. Pero eso a Stray no le importaba, estaba teniendo un momento fantástico. —¡Apuesto a que este grandote puede pegar más fuerte! ¿O es que quieres que me tenga consideración? —lo miró a él primero, retándolo a continuar, luego miró a la mujer que estaba de pie no muy lejos de donde estaban ellos, observando la escena. Se la veía cansada, hasta algo decepcionada, y eso fue lo que hizo que el muchacho sintiera una punzada corta, pero fuerte, en el pecho. No dejó de sonreír de cualquier forma. —Déjalo —ordenó ella mientras se dispuso a ir hasta su asiento, suspirando al sentarse—. ¿Acaso quieres que te golpeen hasta la muerte? Stray se incorporó una vez que el hombre se alejó, la sangre de nariz y boca todavía escurriendo. Pasó el dorso de la mano para limpiarse un poco. —Es de las pocas cosas que tengo, Alina. —habló en voz baja, mirando la alfombra— El resto te pertenece a ti. —¿Qué haré contigo, niño? Creí haberte enseñado bien... —Oh, sí. Sí lo hiciste... —al ponerse de pie acomodó su camisa, también manchada por algunas salpicaduras de sangre— El problema es que crecí a base de dolor. Tuve que hacerlo propio, ¿sabes? Tener el control en algo, ¿qué mejor que hacer inservible la tortura física? Tal vez hasta la emocional, para ese punto. Tomó asiento en uno de lo sillones, pasando la otra mano por su rostro antes de volver a reír. —Estoy roto, ¿no es así? La mujer se tomó su tiempo en verlo, como si fuera la primera vez que lo hacía, pero conocía muy bien al joven. —Para algunos, quizás... Para mí, sigues siendo completamente funcional. Porque lo eres, ¿cierto? —ella nunca alzaba la voz, pero había algo en su tono que a veces llegaba a helarle la sangre. Siempre lo confundía: un día lo trataba como el centro deo universo, al otro era como si solo fuera uno del montón. El silencio se extendió, el cuarto se sintió pesado antes que Alina ordenara a otro hombre que le diera un paño húmedo al menor. Cuando se lo dieron, éste lo tomó para pasarlo por su rostro y quedar más limpio. —Siempre seré funcional para usted, Madam Dumitru... ¿puedo retirarme ya? —se puso de pie al mismo tiempo que formuló la pregunta, mirando a la mujer. —Puedes. —con ese permiso se retiró, de nuevo sintiéndose nefasto, pero sin poder alejarse demasiado. Ella tenía todo, él solamente la tenía a ella. ¿Cuándo se acabaría?
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    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    //¿Del uno al diez que tan dificil será conseguir mas fans de los juegos de fromsoftware en ficrol? Y que se traigan mas personajes claro, que triste estar solito. (?)
    //¿Del uno al diez que tan dificil será conseguir mas fans de los juegos de fromsoftware en ficrol? :STK-78: Y que se traigan mas personajes claro, que triste estar solito. (?) :STK-55:
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    https://www.youtube.com/watch?v=clsohrBp8l0
    la verdad toda la música, ambiente de este juego es hermoso un deleite
    https://www.youtube.com/watch?v=clsohrBp8l0 la verdad toda la música, ambiente de este juego es hermoso un deleite
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  • Mᥲrιᥒᥲ Aᥒgᥱᥣιs

    Despues de la pasarela, era justo que salieran juntos, obviamente antes de salir, él le preguntó de que colores vestiría, para ir a juego, juntos.
    Solo habia un detalle... ayudar a Marina a elegir que lapiz labial le quedaba mejor era.... difícil todos debian ser probados hasta encontrar el mejor ¿y él? No se quejaba de ser el muestrario de colores ~
    [Maringelis1] Despues de la pasarela, era justo que salieran juntos, obviamente antes de salir, él le preguntó de que colores vestiría, para ir a juego, juntos. Solo habia un detalle... ayudar a Marina a elegir que lapiz labial le quedaba mejor era.... difícil todos debian ser probados hasta encontrar el mejor ¿y él? No se quejaba de ser el muestrario de colores ~ 💙
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  • Es una pena, el juego del gato y el ratón es mi favorito pero... Siempre hay que acabar con la presa antes de que se revele.
    Es una pena, el juego del gato y el ratón es mi favorito pero... Siempre hay que acabar con la presa antes de que se revele.
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