• Basta de juegos, ven aquí y demuestra que tú entrenamiento está funcionando como tanto dices
    Basta de juegos, ven aquí y demuestra que tú entrenamiento está funcionando como tanto dices
    Me gusta
    2
    1 turno 0 maullidos
  • Jotaro Tanaka

    * El silencio de la gran catedral gótica se mantiene intacto, solo interrumpido por el suave murmullo de la luz que se filtra a través de las altas ventanas. Estoy de pie cerca de la plataforma central elevada, observando los juegos de luz y sombra que se proyectan sobre las paredes de piedra *

    — ¡Hola! ¡Bienvenido a la base del Consejo!

    * Exclamo al ver la figura que se acerca, mi voz resonando con energía en el espacio *

    — No solemos recibir visitas inesperadas por aquí. ¿En qué puedo ayudarte?

    * Me inclino ligeramente, sonriendo con curiosidad *

    — Soy Tsukumo Sana, por si no lo sabías. ¿Y tú eres...?
    [lunar_topaz_raven_411] * El silencio de la gran catedral gótica se mantiene intacto, solo interrumpido por el suave murmullo de la luz que se filtra a través de las altas ventanas. Estoy de pie cerca de la plataforma central elevada, observando los juegos de luz y sombra que se proyectan sobre las paredes de piedra * — ¡Hola! ¡Bienvenido a la base del Consejo! * Exclamo al ver la figura que se acerca, mi voz resonando con energía en el espacio * — No solemos recibir visitas inesperadas por aquí. ¿En qué puedo ayudarte? * Me inclino ligeramente, sonriendo con curiosidad * — Soy Tsukumo Sana, por si no lo sabías. ¿Y tú eres...?
    Me encocora
    Me gusta
    5
    10 turnos 0 maullidos
  • Estoy segurísimo de una cosa... Terminaré odiando este juego
    Estoy segurísimo de una cosa... Terminaré odiando este juego
    Me gusta
    Me enjaja
    2
    0 comentarios 0 compartidos
  • ¿Cuáles son tus secretos?
    ¿De verdad vale la pena conservarlos?
    Deja simplemente que tus defensas se desintegren, como el humo en una habitación vacía.
    Cuéntame todas las formas en que te sientes.
    ¿A qué le tienes miedo?
    ¿A que me marche de repente?

    Tiramos y aflojamos, como en un juego de cuerda infinito.
    Cuando te marchas, me dejas justo en el borde de un abismo oscuro.
    La próxima vez que caigas de rodillas, no estaré allí para curarte; no soy ningún vidente y no tengo forma de saber si vas a luchar por esto o si seguirás peleando contra tus propios fantasmas.

    Porque la próxima vez que escuche tus gritos, simplemente me echaré a correr, sin mirar atrás.
    ¿Cuáles son tus secretos? ¿De verdad vale la pena conservarlos? Deja simplemente que tus defensas se desintegren, como el humo en una habitación vacía. Cuéntame todas las formas en que te sientes. ¿A qué le tienes miedo? ¿A que me marche de repente? Tiramos y aflojamos, como en un juego de cuerda infinito. Cuando te marchas, me dejas justo en el borde de un abismo oscuro. La próxima vez que caigas de rodillas, no estaré allí para curarte; no soy ningún vidente y no tengo forma de saber si vas a luchar por esto o si seguirás peleando contra tus propios fantasmas. Porque la próxima vez que escuche tus gritos, simplemente me echaré a correr, sin mirar atrás.
    Me shockea
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • No hay tiempo de explicar, solo se que Lou NECESITA ayuda en este juego y solo nosotros dos podemos ayudarle....quiero comer atún...
    No hay tiempo de explicar, solo se que Lou NECESITA ayuda en este juego y solo nosotros dos podemos ayudarle....quiero comer atún...
    Me enjaja
    3
    0 comentarios 0 compartidos
  • Como cualquier otro japonés, Mine solía frecuentar lugares así; especialmente en esas noches donde el silencio de su casa se volvía demasiado aburrido. Era un asalto a los sentidos: demasiado ruido, demasiadas luces, demasiado todo. Y, sin embargo, allí estaba, entregado a una emoción genuina mientras se perdía en su juego de ritmo favorito. Llevaba las mangas de la remera arremangadas con descuido y su cabello, habitualmente peinado hacia atrás con rigor, caía ahora sobre su cabeza. Ese simple desorden lo volvía casi irreconocible; le otorgaba un aire más joven y mas accesible.

    Sus dedos se desplazaban sobre los botones con una precisión mecánica, casi coreográfica. Mientras la pantalla estallaba en colores y patrones frenéticos, el rostro de Mine se iluminaba con el reflejo del monitor. Se movía como un profesional, como si hubiera repetido esa secuencia miles de veces, y quizás así era. No sonreía, pero tampoco cargaba con su habitual ceño fruncido; su expresión era de una calma absoluta, algo dificil de ver en él.

    Finalmente, la música cesó. Mine dejó escapar un suspiro contenido y observó la pantalla con interés, esperando haber superado su propia marca. Dio un paso atrás para retirarse, y entonces, sucedió.

    Sintió un contacto inesperado y firme. Unos dedos ajenos sujetaron su barbilla sin previo aviso, obligándolo a alzar el rostro. Lo movieron de un lado a otro, escudriñándolo, como si evaluaran si aquel era realmente EL Mine y no un impostor. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: se tensó al instante, los hombros se endurecieron y sus manos dudaron un segundo eterno entre apartar bruscamente aquel agarre o quedarse congeladas donde estaban.

    Su mirada, siempre afilada y bajo control, vaciló al verse forzada a una cercanía tan invasiva. Demasiado cerca. Podía percibir el calor de la otra persona, registrar detalles que no se había autorizado a notar. Su ceño se contrajo, pero no con la severidad de siempre; esta vez era una mueca más frágil, teñida de incomodidad. Tragó saliva, un gesto sutil pero delator.
    No apartó la vista de inmediato, y ese fue su error.

    —…¿Ya terminaste?

    Su voz emergió más baja de lo normal, con una aspereza que no nacía de la irritación, sino de algo mucho más profundo, del miedo de haber sido descubierto. Aunque su rigidez lo traicionaba, no hizo el menor ademán de apartar la mano que aún sostenía su barbilla.
    Como cualquier otro japonés, Mine solía frecuentar lugares así; especialmente en esas noches donde el silencio de su casa se volvía demasiado aburrido. Era un asalto a los sentidos: demasiado ruido, demasiadas luces, demasiado todo. Y, sin embargo, allí estaba, entregado a una emoción genuina mientras se perdía en su juego de ritmo favorito. Llevaba las mangas de la remera arremangadas con descuido y su cabello, habitualmente peinado hacia atrás con rigor, caía ahora sobre su cabeza. Ese simple desorden lo volvía casi irreconocible; le otorgaba un aire más joven y mas accesible. Sus dedos se desplazaban sobre los botones con una precisión mecánica, casi coreográfica. Mientras la pantalla estallaba en colores y patrones frenéticos, el rostro de Mine se iluminaba con el reflejo del monitor. Se movía como un profesional, como si hubiera repetido esa secuencia miles de veces, y quizás así era. No sonreía, pero tampoco cargaba con su habitual ceño fruncido; su expresión era de una calma absoluta, algo dificil de ver en él. Finalmente, la música cesó. Mine dejó escapar un suspiro contenido y observó la pantalla con interés, esperando haber superado su propia marca. Dio un paso atrás para retirarse, y entonces, sucedió. Sintió un contacto inesperado y firme. Unos dedos ajenos sujetaron su barbilla sin previo aviso, obligándolo a alzar el rostro. Lo movieron de un lado a otro, escudriñándolo, como si evaluaran si aquel era realmente EL Mine y no un impostor. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: se tensó al instante, los hombros se endurecieron y sus manos dudaron un segundo eterno entre apartar bruscamente aquel agarre o quedarse congeladas donde estaban. Su mirada, siempre afilada y bajo control, vaciló al verse forzada a una cercanía tan invasiva. Demasiado cerca. Podía percibir el calor de la otra persona, registrar detalles que no se había autorizado a notar. Su ceño se contrajo, pero no con la severidad de siempre; esta vez era una mueca más frágil, teñida de incomodidad. Tragó saliva, un gesto sutil pero delator. No apartó la vista de inmediato, y ese fue su error. —…¿Ya terminaste? Su voz emergió más baja de lo normal, con una aspereza que no nacía de la irritación, sino de algo mucho más profundo, del miedo de haber sido descubierto. Aunque su rigidez lo traicionaba, no hizo el menor ademán de apartar la mano que aún sostenía su barbilla.
    Me gusta
    Me enjaja
    10
    0 turnos 0 maullidos
  • Oh… vaya, parece que a un usuario no le gustó mi juego de palabras… Solo pretendía sonar menos intimidante.
    Oh… vaya, parece que a un usuario no le gustó mi juego de palabras… Solo pretendía sonar menos intimidante.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Observé en las sombras, como un espectador silencioso, los rituales profanos de aquellos cadáveres andantes que se autodenominan "La Nueva Orden".

    —Es hilarante ver hasta qué punto llega su desesperación por retener las migajas de un poder que se les escapa.—

    Mientras me entretenía descifrando su simbología masónica y otros juegos visuales, mis sombras me trajeron una noticia deliciosa: la figura central del espectáculo, la mujer que debía liderar el escenario, se había desplomado. Una sonrisa se dibujó en mi rostro mientras las posibilidades empezaban a bailar en mi mente. El show no podía detenerse, y yo me encargaría de ello.
    Me deslicé como un susurro hasta alcanzar su cuerpo inerte.

    —Qué marioneta tan encantadora", pensé, "veamos si puedo repararte". —

    Mi forma física se deshizo en una densa bruma negra, filtrándose en su interior hasta poseerla por completo. Al unísono, mis sombras reclamaron los cuerpos de los bailarines.

    —Es hora, caballeros —sentencié a través de sus labios—. Ofrezcamos a estos ancianos un espectáculo inolvidable. Si jugamos bien nuestras fichas, esta noche cenaremos a esos que se hacen llamar cardenales jxjxjxjx.—

    Bajo la apariencia de monjes, mis sombras entonaron cánticos de una era olvidada, dando inicio a la función.





    https://youtu.be/VG3WkiL0d_U?si=vrAPt6MMtL6mYdW3
    Observé en las sombras, como un espectador silencioso, los rituales profanos de aquellos cadáveres andantes que se autodenominan "La Nueva Orden". —Es hilarante ver hasta qué punto llega su desesperación por retener las migajas de un poder que se les escapa.— Mientras me entretenía descifrando su simbología masónica y otros juegos visuales, mis sombras me trajeron una noticia deliciosa: la figura central del espectáculo, la mujer que debía liderar el escenario, se había desplomado. Una sonrisa se dibujó en mi rostro mientras las posibilidades empezaban a bailar en mi mente. El show no podía detenerse, y yo me encargaría de ello. Me deslicé como un susurro hasta alcanzar su cuerpo inerte. —Qué marioneta tan encantadora", pensé, "veamos si puedo repararte". — Mi forma física se deshizo en una densa bruma negra, filtrándose en su interior hasta poseerla por completo. Al unísono, mis sombras reclamaron los cuerpos de los bailarines. —Es hora, caballeros —sentencié a través de sus labios—. Ofrezcamos a estos ancianos un espectáculo inolvidable. Si jugamos bien nuestras fichas, esta noche cenaremos a esos que se hacen llamar cardenales jxjxjxjx.— Bajo la apariencia de monjes, mis sombras entonaron cánticos de una era olvidada, dando inicio a la función. https://youtu.be/VG3WkiL0d_U?si=vrAPt6MMtL6mYdW3
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    8
    21 turnos 0 maullidos
  • Nueva administración
    Fandom OC
    Categoría Original
    Con Jason Elaris y quien se quiera unir.

    En la trastienda, la habitación del fondo, subiendo por las escaleras de la derecha, estaba abierta de par en par, el interior estaba impecable, intacto, todas las cosas permanecían en su lugar, las sábanas blancas, limpias.

    Al bajar por las escaleras, se encontraba una mesa con una libreta llena con una lista de recursos que en su momento se escribieron y marcaron, un inventario, una pluma negra de alguna especie de ave desconocida y un tintero con un líquido carmesí en su interior.

    Los estantes organizados, cada uno con recursos diferentes, todos etiquetados con una caligrafía impecable.

    Al abrir la puerta de la trastienda, el bar, la barra, cada una de las copas y tazas estaban debidamente acomodadas.
    Impecables.
    Relucientes.

    La cafetera permaneció encendida preparando el suficiente café para cinco o seis personas.
    Sobre la barra, descansaba un paño blanco.

    Los asientos debidamente limpios, donde alguna vez alguien sin un techo para descansar, optó por dormir.

    Algunos clientes habituales en el bar, susurraban al ver el lugar más impecable que nunca. La rockola reproduciendo rock de los 80's a un volumen moderado.

    Algunas cajas de pizza descansaban en la esquina de la barra, calientes, recién compradas. Sobre de ellas, varios sobres blancos, cuidadosamente cerrados y marcados cada uno con la misma caligrafía de las etiquetas de la trastienda.

    Y una fotografía de cinco personas en la playa, finamente enmarcada en un cuadro de madera de ébano.

    En la entrada, se encontraban dos siluetas, dos viejos amigos, cómplices, que se conocían casi desde los inicios de la humanidad.

    El más alto, llevó la mano hacia el bolsillo del pantalón y sacó un juego de llaves, depositándolas con calma y lentitud en las manos de su interlocutor.

    - Te quedas a cargo. Es hora, Jay.

    Las palabras escaparon de sus labios, con la calma y tesitura habitual del dueño del bar.

    Colocó una mano sobre el hombro del peliplata.

    - Los sobres tienen cartas de despedida, así como un cheque por medio millón para cada quién, correspondientes al pago por el tiempo que han estado todos en el bar.

    Explicó calmadamente, al tiempo que se ajustaba las mangas de la camisa y se colocaba un par de guantes de cuero sin las últimas falanges.

    - Hay uno para cada quién. Nairis, Windburn, Lyra, El pequeño Al, y tú.

    Después de decir esto, un par de alas negras con tintes rojos se desplegaron de su espalda.

    - También, hay una para Saya.

    Las palabras salieron con dolor y un nudo en la garganta, respiró profundo antes de exhalar todo el aire contenido.

    - Me hubiera gustado decirle las cosas de frente.

    Admitió con pesar en el rostro, sacudió las alas y dirigió la mirada al cielo.

    - Disfruta tu vida, Jay. Tal vez después nos encontremos de nuevo.

    En un parpadeo, donde antes se encontraba el dueño del bar, solo había una pluma flotando lentamente hacia el suelo.
    Con [jay.elaris] y quien se quiera unir. En la trastienda, la habitación del fondo, subiendo por las escaleras de la derecha, estaba abierta de par en par, el interior estaba impecable, intacto, todas las cosas permanecían en su lugar, las sábanas blancas, limpias. Al bajar por las escaleras, se encontraba una mesa con una libreta llena con una lista de recursos que en su momento se escribieron y marcaron, un inventario, una pluma negra de alguna especie de ave desconocida y un tintero con un líquido carmesí en su interior. Los estantes organizados, cada uno con recursos diferentes, todos etiquetados con una caligrafía impecable. Al abrir la puerta de la trastienda, el bar, la barra, cada una de las copas y tazas estaban debidamente acomodadas. Impecables. Relucientes. La cafetera permaneció encendida preparando el suficiente café para cinco o seis personas. Sobre la barra, descansaba un paño blanco. Los asientos debidamente limpios, donde alguna vez alguien sin un techo para descansar, optó por dormir. Algunos clientes habituales en el bar, susurraban al ver el lugar más impecable que nunca. La rockola reproduciendo rock de los 80's a un volumen moderado. Algunas cajas de pizza descansaban en la esquina de la barra, calientes, recién compradas. Sobre de ellas, varios sobres blancos, cuidadosamente cerrados y marcados cada uno con la misma caligrafía de las etiquetas de la trastienda. Y una fotografía de cinco personas en la playa, finamente enmarcada en un cuadro de madera de ébano. En la entrada, se encontraban dos siluetas, dos viejos amigos, cómplices, que se conocían casi desde los inicios de la humanidad. El más alto, llevó la mano hacia el bolsillo del pantalón y sacó un juego de llaves, depositándolas con calma y lentitud en las manos de su interlocutor. - Te quedas a cargo. Es hora, Jay. Las palabras escaparon de sus labios, con la calma y tesitura habitual del dueño del bar. Colocó una mano sobre el hombro del peliplata. - Los sobres tienen cartas de despedida, así como un cheque por medio millón para cada quién, correspondientes al pago por el tiempo que han estado todos en el bar. Explicó calmadamente, al tiempo que se ajustaba las mangas de la camisa y se colocaba un par de guantes de cuero sin las últimas falanges. - Hay uno para cada quién. Nairis, Windburn, Lyra, El pequeño Al, y tú. Después de decir esto, un par de alas negras con tintes rojos se desplegaron de su espalda. - También, hay una para Saya. Las palabras salieron con dolor y un nudo en la garganta, respiró profundo antes de exhalar todo el aire contenido. - Me hubiera gustado decirle las cosas de frente. Admitió con pesar en el rostro, sacudió las alas y dirigió la mirada al cielo. - Disfruta tu vida, Jay. Tal vez después nos encontremos de nuevo. En un parpadeo, donde antes se encontraba el dueño del bar, solo había una pluma flotando lentamente hacia el suelo.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    1
    9 turnos 0 maullidos
  • El baile de primavera
    Fandom Free rol
    Categoría Romance
    Reconozco que recoger a Lucy en su casa no resulto no tortura, como me había imaginado, su padre ha sido bastante amable.
    Al menos todas mis partes del cuerpo siguen intactas y todo en su sitio.
    Así va a seguir siendo.

    Su madre nos hizo dos fotos antes de abandonar la casa, le compré el ramillete a juego con el color de su vestido.
    Cuando la vi bajando los escalones, quedo hipnotizado.
    No todos los días se puede contemplar un auténtico ángel.
    Lucy Argent Turner
    Reconozco que recoger a Lucy en su casa no resulto no tortura, como me había imaginado, su padre ha sido bastante amable. Al menos todas mis partes del cuerpo siguen intactas y todo en su sitio. Así va a seguir siendo. Su madre nos hizo dos fotos antes de abandonar la casa, le compré el ramillete a juego con el color de su vestido. Cuando la vi bajando los escalones, quedo hipnotizado. No todos los días se puede contemplar un auténtico ángel. [Little_Witch]
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Terminado
    Me encocora
    Me gusta
    6
    59 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados