• -de todos mis pokemon Gothitelle es un caso bastante....- observo a su pokemon por unos segundos antes de soltar una risita
    -especial, a ella no la capture ni la recibi por parte de alguien, ella vino, de todos mis pokemon es la unica que sabe usar telepatia, nisiquiera gardevoir o gallade pueden pero por alguna razon ella si, aun recuerdo estar dando uno de mis paseos noctornos cuando la note observando de entre los arboles, su sonrisa me asusto y casi que quize salir corriendo cuando escuche su voz en mi cabeza... sin embargo con calma me entrego su pokeball y dijo "finalmente llegaste" no se que paso con su anterior entrenador nunca desea hablar de ello, aun asi ella me estuvo esperando por años por que en sus palabras yo era alguien especial para su entrenador, me sorprendi puesto que nisiquiera habia empezado a presentarme fuera de microfonos abiertos, claro fue raro los primeros meses pero ahora es dificil hacer cualquier cosa sin ella-
    -de todos mis pokemon Gothitelle es un caso bastante....- observo a su pokemon por unos segundos antes de soltar una risita -especial, a ella no la capture ni la recibi por parte de alguien, ella vino, de todos mis pokemon es la unica que sabe usar telepatia, nisiquiera gardevoir o gallade pueden pero por alguna razon ella si, aun recuerdo estar dando uno de mis paseos noctornos cuando la note observando de entre los arboles, su sonrisa me asusto y casi que quize salir corriendo cuando escuche su voz en mi cabeza... sin embargo con calma me entrego su pokeball y dijo "finalmente llegaste" no se que paso con su anterior entrenador nunca desea hablar de ello, aun asi ella me estuvo esperando por años por que en sus palabras yo era alguien especial para su entrenador, me sorprendi puesto que nisiquiera habia empezado a presentarme fuera de microfonos abiertos, claro fue raro los primeros meses pero ahora es dificil hacer cualquier cosa sin ella-
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    *El nacimiento del Caos.*
    Vharkhul Braknak

    -La tormenta no cambió.

    Pero algo más sí lo hizo.

    No fue un sonido… no fue un movimiento… fue una sensación. Como si el propio aire se hubiera vuelto incorrecto de repente.

    Más pesado.

    Más denso.

    Más vivo.

    Un paso.

    Aparecí.

    No desde un lugar… sino desde todos a la vez. Mi figura se formó entre la lluvia como si siempre hubiera estado ahí, como si la realidad simplemente hubiera decidido recordarme.

    Pasé junto a Fenrir.

    Sin mirarla al principio.

    Sin detenerme.

    Pero mi presencia la atravesó como un golpe seco en el pecho.

    —Aparta, niña.

    Mi voz ya no era un susurro.

    Era materia.

    Era peso.

    —Se acabó el jugar a las enfermeras con tu tía.

    Mis ojos se alzaron hacia el ogro… y entonces sonreí.

    Una sonrisa torcida.

    Hambre.

    —La reina reclama este espécimen…

    Mis huesos crujieron.

    No como algo que se rompe…

    Como algo que se libera.

    Mi espalda se arqueó con violencia, los músculos se tensaron bajo la piel mientras el Caos emergía sin permiso, sin control, sin intención de ocultarse. La carne cambió, se adaptó, se deformó con elegancia brutal.

    La piel se endureció.

    Las venas se marcaron como ríos oscuros latiendo con poder.

    Mis colmillos asomaron lentamente entre mis labios mientras mi respiración se volvía más profunda… más pesada… más animal.

    Mis ojos dejaron de ser humanos.

    Y cuando volví a erguirme…

    Ya no era Lili.

    Era algo mucho más antiguo.

    Más correcto.

    —Yo te enseñaré… cómo se usa un alma de verdad.

    Me coloqué detrás del ogro.

    Mi mano se cerró sobre el mango de la espada.

    No dudé.

    No medí.

    No calculé.

    Empujé.

    La hoja se hundió aún más en su cuerpo con una estocada seca, brutal, definitiva. La carne cedió, los huesos crujieron, y la sangre brotó en un pulso caliente que se mezcló con la lluvia.

    El ogro apenas reaccionó.

    Solo una mueca.

    Solo un sonido contenido.

    Me incliné sobre él.

    Lento.

    Disfrutándolo.

    Mi lengua recorrió la sangre que escapaba de su boca, limpiándola con calma, saboreando cada matiz como si leyera su historia en ella.

    —Sí…

    Una risa baja escapó de mi garganta.

    —Este servirá…

    —Khkhehe…

    Levanté la mano izquierda.

    Y el cadáver cercano respondió.

    No con vida.

    Con violencia.

    Se elevó en el aire de forma antinatural, su cuerpo temblando como si algo dentro de él se resistiera. Mis dedos se cerraron en el vacío… y tiré.

    El alma salió.

    No como luz.

    Como algo que no quería ser arrancado.

    El cuerpo crujió.

    Los huesos estallaron dentro de la carne, uno tras otro, en una sinfonía grotesca que ahogó incluso el rugido de los truenos. La piel se tensó, se rasgó, colapsó… mientras aquello que era su esencia quedaba atrapado en mi mano.

    Vivo.

    Furioso.

    Inestable.

    Entonces…

    Arranqué la espada.

    De un solo tirón.

    El cuerpo del ogro colapsó al instante, la herida se abrió, la vida abandonándolo en un latido.

    Y ahí…

    Sin transición.

    Sin delicadeza.

    Hundí el alma dentro de la herida.

    No guié.

    No pedí permiso.

    La forcé.

    El impacto fue inmediato.

    La carne se cerró como si nunca hubiera sido abierta, los músculos se tensaron violentamente, la energía recorrió su cuerpo como una tormenta atrapada bajo la piel.

    Sellado.

    Forzado.

    Perfecto.

    Mi mano subió hasta uno de sus cuernos.

    Y tiré.

    Obligándolo a girarse.

    A mirarme.

    A entender.

    Mi rostro quedó frente al suyo, a escasos centímetros, mi sonrisa abierta, peligrosa… absoluta.

    —Mírame bien, Vharkhul Braknak…

    Mis ojos brillaban con una intensidad antinatural.

    —Estás frente a tu reina.

    ....

    No había duda.

    No había opción.

    —No te arrodilles nunca ante mí… ni ante nadie.

    Mi agarre se tensó ligeramente.

    —Porque mi gobierno no se rige desde la servidumbre…

    Mi voz bajó.

    Más grave.

    Más profunda.

    —…sino desde la lealtad a lo que nunca debió existir…

    Una sonrisa más amplia.

    Más oscura.

    —…pero decidió hacerlo.

    Mis ojos se clavaron en los suyos.

    —El Caos te reclama…

    Un susurro final.

    —…y a la vez te entrega.
    *El nacimiento del Caos.* [lunar_turquoise_elephant_284] -La tormenta no cambió. Pero algo más sí lo hizo. No fue un sonido… no fue un movimiento… fue una sensación. Como si el propio aire se hubiera vuelto incorrecto de repente. Más pesado. Más denso. Más vivo. Un paso. Aparecí. No desde un lugar… sino desde todos a la vez. Mi figura se formó entre la lluvia como si siempre hubiera estado ahí, como si la realidad simplemente hubiera decidido recordarme. Pasé junto a Fenrir. Sin mirarla al principio. Sin detenerme. Pero mi presencia la atravesó como un golpe seco en el pecho. —Aparta, niña. Mi voz ya no era un susurro. Era materia. Era peso. —Se acabó el jugar a las enfermeras con tu tía. Mis ojos se alzaron hacia el ogro… y entonces sonreí. Una sonrisa torcida. Hambre. —La reina reclama este espécimen… Mis huesos crujieron. No como algo que se rompe… Como algo que se libera. Mi espalda se arqueó con violencia, los músculos se tensaron bajo la piel mientras el Caos emergía sin permiso, sin control, sin intención de ocultarse. La carne cambió, se adaptó, se deformó con elegancia brutal. La piel se endureció. Las venas se marcaron como ríos oscuros latiendo con poder. Mis colmillos asomaron lentamente entre mis labios mientras mi respiración se volvía más profunda… más pesada… más animal. Mis ojos dejaron de ser humanos. Y cuando volví a erguirme… Ya no era Lili. Era algo mucho más antiguo. Más correcto. —Yo te enseñaré… cómo se usa un alma de verdad. Me coloqué detrás del ogro. Mi mano se cerró sobre el mango de la espada. No dudé. No medí. No calculé. Empujé. La hoja se hundió aún más en su cuerpo con una estocada seca, brutal, definitiva. La carne cedió, los huesos crujieron, y la sangre brotó en un pulso caliente que se mezcló con la lluvia. El ogro apenas reaccionó. Solo una mueca. Solo un sonido contenido. Me incliné sobre él. Lento. Disfrutándolo. Mi lengua recorrió la sangre que escapaba de su boca, limpiándola con calma, saboreando cada matiz como si leyera su historia en ella. —Sí… Una risa baja escapó de mi garganta. —Este servirá… —Khkhehe… Levanté la mano izquierda. Y el cadáver cercano respondió. No con vida. Con violencia. Se elevó en el aire de forma antinatural, su cuerpo temblando como si algo dentro de él se resistiera. Mis dedos se cerraron en el vacío… y tiré. El alma salió. No como luz. Como algo que no quería ser arrancado. El cuerpo crujió. Los huesos estallaron dentro de la carne, uno tras otro, en una sinfonía grotesca que ahogó incluso el rugido de los truenos. La piel se tensó, se rasgó, colapsó… mientras aquello que era su esencia quedaba atrapado en mi mano. Vivo. Furioso. Inestable. Entonces… Arranqué la espada. De un solo tirón. El cuerpo del ogro colapsó al instante, la herida se abrió, la vida abandonándolo en un latido. Y ahí… Sin transición. Sin delicadeza. Hundí el alma dentro de la herida. No guié. No pedí permiso. La forcé. El impacto fue inmediato. La carne se cerró como si nunca hubiera sido abierta, los músculos se tensaron violentamente, la energía recorrió su cuerpo como una tormenta atrapada bajo la piel. Sellado. Forzado. Perfecto. Mi mano subió hasta uno de sus cuernos. Y tiré. Obligándolo a girarse. A mirarme. A entender. Mi rostro quedó frente al suyo, a escasos centímetros, mi sonrisa abierta, peligrosa… absoluta. —Mírame bien, Vharkhul Braknak… Mis ojos brillaban con una intensidad antinatural. —Estás frente a tu reina. .... No había duda. No había opción. —No te arrodilles nunca ante mí… ni ante nadie. Mi agarre se tensó ligeramente. —Porque mi gobierno no se rige desde la servidumbre… Mi voz bajó. Más grave. Más profunda. —…sino desde la lealtad a lo que nunca debió existir… Una sonrisa más amplia. Más oscura. —…pero decidió hacerlo. Mis ojos se clavaron en los suyos. —El Caos te reclama… Un susurro final. —…y a la vez te entrega.
    Me endiabla
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    Y la muerte dejó marcas en mi cuerpo;
    en ese mi claroscuro;
    Y yo que era apenas párvulo, tenía de caballero no más que el ropaje que en esos ayeres portaba;
    augusta angustia;
    de ciénaga lustrosa;

    Sobre mí la vi danzar como un hada; una bruja; una artista;
    Ella era mi dama; mi luciérnaga de los deseos;
    Y me vi tensar en su tiempo merecido, ella muy a la espera de todos mis susurros;
    anheló y depositó un gesto sobre mi frente;
    Y mi ser se vio sumergido entre puentes y ventanas; que no callaban, que no cerraban sus lienzos,
    Si no que en cambio se lanzaban al frenesí del sentir.

    Y entonces conocí sus secretos: que ella ya soñaba conmigo.
    Mucho antes de yo nacer;
    Un clérigo; un caballero;

    Oh, ella tan rara, tan amante, tan demente;
    ella como un río de ideas que no tienen nombre;
    Más que merecer ser del ser amado.
    Más que el corromper el de lo resquebrajado con la añoranza de una Luna;
    ya mecida por vientos; por rebeldía inquieta; pura.
    Ella tan muda al despertar y yo tan liviano al yacer el duermevela.

    Oh, tan raro Amor.
    Tan de llanto esclarecido;
    Soy tan ciego; Señor, yo éste ser de tan indóciles pactos;

    Tendí en mi catre sus ilusiones;
    yo entre la justicia que derramó sobre mí; el candor de una sonrisa que vivía por y para mí;
    me vi si acaso en la misma gloria alucinada; en la que ella me habría buscado;

    Y yo sería la sombra de ese ser amado que entre sus rascacielos de pasión inevitable;
    Como un suspiro que llega tarde;
    Sería la tersa mañana en que la busqué;
    Y ella me envolvió entre sus brazos y me hizo el amor;
    como una doncella de tan frágil templar;

    Oh, ella tan inocente;
    Como un rosa de la tarde; esa mi cruz más dulce,
    bríndame un poco de tus atavíos serenos;
    Y has de este ciego tu más cándido amorío.

    Como un sueño que el angelado fantasma;
    en el que me convertí por su existir;
    Oh, tan caprichoso es el amor; que tiñe de estatuas; sus diseños del errar de los sueños:
    como un llanto de regadíos mansos;
    Y al despertar me despojé de sus heridas;
    y vagué mucho en el tiempo en que los árboles fueron acérrimos dueños; de la Tierra.

    A la muerte más no la vi; quizá vivía en mí como de un sino;
    Entonces armé un rosal; y encendí las lámparas del cielo;
    para que pudiera encontrarme;
    si acaso se habría alejado de mí;
    no lo sabía; estaba desnudo en ese reino de belleza;
    con el rigor mortis en los labios; y el calor que le habría entregado; como un inocente muchacho;
    Ya sin fuerzas;

    Ah, pero aún mi memoria cimbra entre sus hálitos y sus hábitos tan de sinuosa diligencia;
    Entre toda reverencia;
    Mi soberana amante;
    pero en mí; la inmortalidad de sus suspiros.
    --- Y la muerte dejó marcas en mi cuerpo; en ese mi claroscuro; Y yo que era apenas párvulo, tenía de caballero no más que el ropaje que en esos ayeres portaba; augusta angustia; de ciénaga lustrosa; Sobre mí la vi danzar como un hada; una bruja; una artista; Ella era mi dama; mi luciérnaga de los deseos; Y me vi tensar en su tiempo merecido, ella muy a la espera de todos mis susurros; anheló y depositó un gesto sobre mi frente; Y mi ser se vio sumergido entre puentes y ventanas; que no callaban, que no cerraban sus lienzos, Si no que en cambio se lanzaban al frenesí del sentir. Y entonces conocí sus secretos: que ella ya soñaba conmigo. Mucho antes de yo nacer; Un clérigo; un caballero; Oh, ella tan rara, tan amante, tan demente; ella como un río de ideas que no tienen nombre; Más que merecer ser del ser amado. Más que el corromper el de lo resquebrajado con la añoranza de una Luna; ya mecida por vientos; por rebeldía inquieta; pura. Ella tan muda al despertar y yo tan liviano al yacer el duermevela. Oh, tan raro Amor. Tan de llanto esclarecido; Soy tan ciego; Señor, yo éste ser de tan indóciles pactos; Tendí en mi catre sus ilusiones; yo entre la justicia que derramó sobre mí; el candor de una sonrisa que vivía por y para mí; me vi si acaso en la misma gloria alucinada; en la que ella me habría buscado; Y yo sería la sombra de ese ser amado que entre sus rascacielos de pasión inevitable; Como un suspiro que llega tarde; Sería la tersa mañana en que la busqué; Y ella me envolvió entre sus brazos y me hizo el amor; como una doncella de tan frágil templar; Oh, ella tan inocente; Como un rosa de la tarde; esa mi cruz más dulce, bríndame un poco de tus atavíos serenos; Y has de este ciego tu más cándido amorío. Como un sueño que el angelado fantasma; en el que me convertí por su existir; Oh, tan caprichoso es el amor; que tiñe de estatuas; sus diseños del errar de los sueños: como un llanto de regadíos mansos; Y al despertar me despojé de sus heridas; y vagué mucho en el tiempo en que los árboles fueron acérrimos dueños; de la Tierra. A la muerte más no la vi; quizá vivía en mí como de un sino; Entonces armé un rosal; y encendí las lámparas del cielo; para que pudiera encontrarme; si acaso se habría alejado de mí; no lo sabía; estaba desnudo en ese reino de belleza; con el rigor mortis en los labios; y el calor que le habría entregado; como un inocente muchacho; Ya sin fuerzas; Ah, pero aún mi memoria cimbra entre sus hálitos y sus hábitos tan de sinuosa diligencia; Entre toda reverencia; Mi soberana amante; pero en mí; la inmortalidad de sus suspiros.
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  • ¿Que sucede por que me ves asi?
    Acaso quieres dormir conmigo?
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  • En mi despacho tengo mi propio vestidor por si acaso me apetece cambiarme o si no me gusta como me queda lo que me puse al salir de casa esa misma mañana
    Salgo del edificio cambiada, peinado, maquillada y bien perfumada para reunirme con cierto gigante militar
    En mi despacho tengo mi propio vestidor por si acaso me apetece cambiarme o si no me gusta como me queda lo que me puse al salir de casa esa misma mañana Salgo del edificio cambiada, peinado, maquillada y bien perfumada para reunirme con cierto gigante militar
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  • Lila

    ---

    Siniestra amaestrada, Luna amada, quién hila el rito de mis hilos, me demuestras una nueva carnada para esta nupcial hazaña que es la de socorrerte.

    Entre ruegos y canciones devoro el devoto tiempo en saciedad; quién al rumiar el puente ante mis líricos abismos, me muestra las fauces de una hembra, ante el ayuno de su propio amparo.

    Sus luceros de angeladas carencias, de sesgos siniestros, ah, almico anhelo, prestan su cobijo a las mejillas, a unos labios que han sido besados ante la calidez que me es desconocida.

    Entonces el ritmo de mis pasos se acalla, el muérdago corriente en forma de espada que tiendo junto a su cuello, como el tesoro más amado, intenta morder sus ansias; no existen labios que me tienten, pero los de ella son un folklórico suspiro. Doy un suspiro, él mana de mí como una canción que se canta a fantasmas que se besan con el ardor del corazón.

    Espero entre la saciedad del bosque, entre el regadío de unas rosas que me guían hasta el dueño del hálito de mi vida; que la hembra perdone mi intromisión a sus moradas, aunque ella hurta algo que es mío, por voto y por derecho. Y por él debo pelear.

    Así que le digo; con el arrullo de una daga que se inclina a rozarla, si es que acaso nuestros rostros se encuentran. Ella quizá ante mi sosiego, yo que visto entre la nocturna más alada. Esa pronunciada amada, el ritual de mis tormentos.

    El Sol ya ha muerto, el cielo sangró entre oro, púrpura y amarillo, y yo, y tan sólo, la admiro a ella y entono el perdón por esa rosa que viste como una novia sus manos. Una que no tiene dueño, ni altar, pero sí, alguien que le escuche.

    ---¿De modo que así será, que las doncellas tejen su vida ya ante la lumbre de la muerte por el amor de una sola rosa?

    Pregunto para que ella sólo me escuche, y de entre todo, nuestros secretos sean agraciados por la noche, esa que le forja mariposas al día, como espero que algún día, acuda una ante mis ruegos y sea el almíbar de sus cosenos, su propia secuencia en un vals interminable.

    ---Mortal, la rosa que has tomado, es de entre todas, la más cara para mí. Mi corazón se hundiría en llanto de tan sólo perderla, pero si me dejas mirarte un solo instante, será tuya.

    Mi muérdago quizá roza su cuello o acaso son mis labios, pero ella de aquí no parte, si no es con el perdón, de todos sus pecados. O con el relicario de un nuevo rostro de índole incorrupta.
    [tidal_green_hippo_246] --- Siniestra amaestrada, Luna amada, quién hila el rito de mis hilos, me demuestras una nueva carnada para esta nupcial hazaña que es la de socorrerte. Entre ruegos y canciones devoro el devoto tiempo en saciedad; quién al rumiar el puente ante mis líricos abismos, me muestra las fauces de una hembra, ante el ayuno de su propio amparo. Sus luceros de angeladas carencias, de sesgos siniestros, ah, almico anhelo, prestan su cobijo a las mejillas, a unos labios que han sido besados ante la calidez que me es desconocida. Entonces el ritmo de mis pasos se acalla, el muérdago corriente en forma de espada que tiendo junto a su cuello, como el tesoro más amado, intenta morder sus ansias; no existen labios que me tienten, pero los de ella son un folklórico suspiro. Doy un suspiro, él mana de mí como una canción que se canta a fantasmas que se besan con el ardor del corazón. Espero entre la saciedad del bosque, entre el regadío de unas rosas que me guían hasta el dueño del hálito de mi vida; que la hembra perdone mi intromisión a sus moradas, aunque ella hurta algo que es mío, por voto y por derecho. Y por él debo pelear. Así que le digo; con el arrullo de una daga que se inclina a rozarla, si es que acaso nuestros rostros se encuentran. Ella quizá ante mi sosiego, yo que visto entre la nocturna más alada. Esa pronunciada amada, el ritual de mis tormentos. El Sol ya ha muerto, el cielo sangró entre oro, púrpura y amarillo, y yo, y tan sólo, la admiro a ella y entono el perdón por esa rosa que viste como una novia sus manos. Una que no tiene dueño, ni altar, pero sí, alguien que le escuche. ---¿De modo que así será, que las doncellas tejen su vida ya ante la lumbre de la muerte por el amor de una sola rosa? Pregunto para que ella sólo me escuche, y de entre todo, nuestros secretos sean agraciados por la noche, esa que le forja mariposas al día, como espero que algún día, acuda una ante mis ruegos y sea el almíbar de sus cosenos, su propia secuencia en un vals interminable. ---Mortal, la rosa que has tomado, es de entre todas, la más cara para mí. Mi corazón se hundiría en llanto de tan sólo perderla, pero si me dejas mirarte un solo instante, será tuya. Mi muérdago quizá roza su cuello o acaso son mis labios, pero ella de aquí no parte, si no es con el perdón, de todos sus pecados. O con el relicario de un nuevo rostro de índole incorrupta.
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  • Administrador ( Kinger TADC ) pidió a Anima que bañarse a Caine, mientras eliminamos dador corruptos. Pero, a su vez Administrador ( Kinger ) está buscando a Anima. Pero Anima ya está en presencia de Administrador y no es Administrador de fuera del circo, por qué el comando venía desde dentro ¿A caso hay un Administrador falso? Si un Administrador es falso, es una potencial amenaza para Caine. Anima encontrará al Administrador falso y lo eliminará.
    Administrador ( [King3r] ) pidió a Anima que bañarse a Caine, mientras eliminamos dador corruptos. Pero, a su vez Administrador ( [cosmic_lavender_sheep_912] ) está buscando a Anima. Pero Anima ya está en presencia de Administrador y no es Administrador de fuera del circo, por qué el comando venía desde dentro ¿A caso hay un Administrador falso? Si un Administrador es falso, es una potencial amenaza para Caine. Anima encontrará al Administrador falso y lo eliminará.
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  • Que sucede? , acaso estas nervioso? Solo un juego ademas no muerdo herviboros tan facil.
    Que sucede? , acaso estas nervioso? Solo un juego ademas no muerdo herviboros tan facil.
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  • ɪ ᴛʜᴏᴜɢʜᴛ ɪᴛ ᴡᴀs ᴊᴜsᴛ ᴀ ɴɪɢʜᴛᴍᴀʀᴇ. (continuación)
    Fandom The Walking Dead / Supernatural / Crossover
    Categoría Drama
    ··· Continuación de un starter anterior con ⭑𝐃𝐄𝐀𝐍 𝐖𝐈𝐍𝐂𝐇𝐄𝐒𝐓𝐄𝐑⭑


    ❝Como respuesta a aquella referencia literaria, Maggie dejó ir una ligera sombra de sonrisa. Recordaba haber leido aquel libro. Hace mucho tiempo. Puede que demasiado. Cuando el mundo aun era un lugar agradable para vivir… Irónicamente, pensó Maggie, los tres mosqueteros eran cuatro. Y, en la situación en que ellos se encontraban ahora… consideraba que cuatro serian una multitud. Dio un paso hacia Dean con intención de ayudarlo a incorporarse y ponerse en pie. Pero él la retuvo con aquel gesto en que le decía que podía hacerlo solo. Asi que, Maggie volvió a retroceder y aguardó mientras él lograba incorporarse. Maggie no estaba demasiado segura de que fuera buena idea que se levantara. Pero ella no era medico y no era madre de nadie más que de su propio hijo. Sabia bien de quien debía preocuparse. Y si Dean no dejaba que se preocupara de él, tenia menos trabajo del que ocuparse.

    -De acuerdo…- asintió Maggie, quien a pesar de todo, en su fuero interno, agradecía hacer aquello acompañada. Por comodo que fuera viajar tan solo con Hershel, la verdad era que los temas de conversacion se tornaban repetitivos y demasiado monótonos. Por loque tener a su lado a un hombre adulto era de agradecer. Al menos tendría algo de lo que hablar durante la ronda- No hay demasiado con lo que familiarizarse, además nos iremos mañana. Pero entiendo lo que quieres decir.

    Los pasos de Maggie eran tranquilos mientras avanzaban por el pasillo. Necesitaban vigilar un par de ventanas, asegurarse de que las entradas seguían bloqueadas y… después des controlar que Hershel estaba bien podrían subir a la azotea.

    Mientras caminaban hacia una de las ventanas del ala este, la que tenía mejor visibilidad de la calle y de la llegada de posibles visitantes no deseados, Maggie desvió su mirada hacia Dean. Una ligera sonrisa curvó sus labios, apenas un micro gesto. Se le hacía bastante inverosímil tener que estar explicando aquellos aspectos de aquel mundo a esas alturas de la historia. Pero realmente Dean parecía tan confundido como aseguraba estar. Y no seria ella quien lo juzgase precipitadamente.

    No era la primera vez que trataba con personas que habían estado aisladas de lo que pasaba en el mundo exterior. Aun recordaba la prisión donde se habían refugiado durante algunos meses. Y aun recordaba a los presos… esos que se habían escondido en la cafetería esperando a que alguien fuese a rescatarlos. Pero ese no parecía el caso de Dean. Dean no parecía necesitar un rescate, más bien, Maggie tuvo la impresión, de que era la clase de hombre que acudía al rescate.

    -Sí, el cerebro es prácticamente la única forma de eliminarlos. Aunque tambien funciona la dinamita -comentó con cierto aire divertido- Si el cerebro muere, el cuerpo muere -inspiró profundamente- Conoci a unas personas hace algún tiempo. Ellos estuvieron en el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta cuando todo esto pasó… Algunos meses después… Y antes de que el edificio volara por los aires, pudieron asistir a una grabación de una transformación en directo. Cuando mueres, da igual como, mientras que el cerebro esté bien, regresarás como una de esas cosas. El cerebro se reanima, pero solo una pequeña parte. Solo el instinto, solo esa parte que te anima a caminar y comer… El cuerpo se pudre poco a poco… -inspiró profundamente y mientras avanzaban por el pasillo, comprobó que algunas de las ventanas que habia cegado con cartones y madera todavia seguían tapadas.

    -No ha sido fácil, si te soy sincera… -asintió ella con cierto deje irónico- Cuando todo esto empezó yo vivía en Georgia con mi padre, mi hermana… amigos de la familia. Vivíamos en la granja de mi familia. Y después de aquello… el cambio fue paulatino… Me acostumbré demasiado rápido, porque intentar pelear e imponerme a esta realidad no serviría para nada. Mi cerebro se acostumbró rapido a la necesidad de sobrevivir, al hecho de que tenemos que hacer lo que sea para seguir con vida. No es la vida que querría para mi hijo o para mí, pero… Al menos seguimos con vida donde muchos otros han caído…❞
    ··· Continuación de un starter anterior con [IMPALA67] ❝Como respuesta a aquella referencia literaria, Maggie dejó ir una ligera sombra de sonrisa. Recordaba haber leido aquel libro. Hace mucho tiempo. Puede que demasiado. Cuando el mundo aun era un lugar agradable para vivir… Irónicamente, pensó Maggie, los tres mosqueteros eran cuatro. Y, en la situación en que ellos se encontraban ahora… consideraba que cuatro serian una multitud. Dio un paso hacia Dean con intención de ayudarlo a incorporarse y ponerse en pie. Pero él la retuvo con aquel gesto en que le decía que podía hacerlo solo. Asi que, Maggie volvió a retroceder y aguardó mientras él lograba incorporarse. Maggie no estaba demasiado segura de que fuera buena idea que se levantara. Pero ella no era medico y no era madre de nadie más que de su propio hijo. Sabia bien de quien debía preocuparse. Y si Dean no dejaba que se preocupara de él, tenia menos trabajo del que ocuparse. -De acuerdo…- asintió Maggie, quien a pesar de todo, en su fuero interno, agradecía hacer aquello acompañada. Por comodo que fuera viajar tan solo con Hershel, la verdad era que los temas de conversacion se tornaban repetitivos y demasiado monótonos. Por loque tener a su lado a un hombre adulto era de agradecer. Al menos tendría algo de lo que hablar durante la ronda- No hay demasiado con lo que familiarizarse, además nos iremos mañana. Pero entiendo lo que quieres decir. Los pasos de Maggie eran tranquilos mientras avanzaban por el pasillo. Necesitaban vigilar un par de ventanas, asegurarse de que las entradas seguían bloqueadas y… después des controlar que Hershel estaba bien podrían subir a la azotea. Mientras caminaban hacia una de las ventanas del ala este, la que tenía mejor visibilidad de la calle y de la llegada de posibles visitantes no deseados, Maggie desvió su mirada hacia Dean. Una ligera sonrisa curvó sus labios, apenas un micro gesto. Se le hacía bastante inverosímil tener que estar explicando aquellos aspectos de aquel mundo a esas alturas de la historia. Pero realmente Dean parecía tan confundido como aseguraba estar. Y no seria ella quien lo juzgase precipitadamente. No era la primera vez que trataba con personas que habían estado aisladas de lo que pasaba en el mundo exterior. Aun recordaba la prisión donde se habían refugiado durante algunos meses. Y aun recordaba a los presos… esos que se habían escondido en la cafetería esperando a que alguien fuese a rescatarlos. Pero ese no parecía el caso de Dean. Dean no parecía necesitar un rescate, más bien, Maggie tuvo la impresión, de que era la clase de hombre que acudía al rescate. -Sí, el cerebro es prácticamente la única forma de eliminarlos. Aunque tambien funciona la dinamita -comentó con cierto aire divertido- Si el cerebro muere, el cuerpo muere -inspiró profundamente- Conoci a unas personas hace algún tiempo. Ellos estuvieron en el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta cuando todo esto pasó… Algunos meses después… Y antes de que el edificio volara por los aires, pudieron asistir a una grabación de una transformación en directo. Cuando mueres, da igual como, mientras que el cerebro esté bien, regresarás como una de esas cosas. El cerebro se reanima, pero solo una pequeña parte. Solo el instinto, solo esa parte que te anima a caminar y comer… El cuerpo se pudre poco a poco… -inspiró profundamente y mientras avanzaban por el pasillo, comprobó que algunas de las ventanas que habia cegado con cartones y madera todavia seguían tapadas. -No ha sido fácil, si te soy sincera… -asintió ella con cierto deje irónico- Cuando todo esto empezó yo vivía en Georgia con mi padre, mi hermana… amigos de la familia. Vivíamos en la granja de mi familia. Y después de aquello… el cambio fue paulatino… Me acostumbré demasiado rápido, porque intentar pelear e imponerme a esta realidad no serviría para nada. Mi cerebro se acostumbró rapido a la necesidad de sobrevivir, al hecho de que tenemos que hacer lo que sea para seguir con vida. No es la vida que querría para mi hijo o para mí, pero… Al menos seguimos con vida donde muchos otros han caído…❞
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