• Esto parece casa de terror de halloween , pero hay maliciomes de bajo rango y yo me acabo de asustar por un raton
    Esto parece casa de terror de halloween , pero hay maliciomes de bajo rango y yo me acabo de asustar por un raton
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  • El olor a cuero viejo, cera para madera y té de manzanilla flotaba en el aire del consultorio privado. Afuera, la lluvia de la tarde golpeaba suavemente los cristales, aislando la habitación del resto del mundo, como una burbuja en la tempestad, dl reloj de pared marcaba las ocho de la noche, el segundero sonaba con parsimonía. El doctor ordenaba unos papeles en su escritorio cuando la puerta se abrió sin previo aviso.


    No hubo pasos ruidosos, solo el sutil crujido de unos zapatos de piel Oxford tallados a mano. Al levantar la vista, el doctor se encontró con Frederick...

    A sus cuarenta y tantos años, Frederick vestía un traje sastre de tres piezas en gris marengo, perfectamente entallado. Su corbata de seda lucía un nudo impecable y el pañuelo de su bolsillo combinaba con una precisión matemática. No había prisa en sus movimientos, ni rastro de sudor, ni agitación. Su postura era la de un hombre que asiste a una gala benéfica, no la de un ejecutor.

    Frederick cerró la puerta con seguro con un clic casi inaudible, con una calma gélida, se deslizó los guantes de piel de cordero negra, ajustándolos dedo por dedo mientras su mirada, fija y analítica, recorría el expediente abierto sobre el escritorio del médico.

    En esa carpeta descansaban las pruebas que el doctor juntó en donde se hilaba al ex piloto y su mentira de haberse quedado viudo.
    Él había asesinado a su propia novia hace 20 años; Frederick sonrió de lado, una mueca educada pero vacía de calidez humana, y habló con una voz suave, profunda y modulada:

    ──── Dígame, Doctor... ¿encontró algún deleite estético en hurgar entre mis páginas? Un intelecto tan perspicaz como el suyo debió prever los riesgos de una curiosidad tan indiscreta.────

    El doctor intentó moverse hacia el teléfono, pero la sola presencia física de Frederick, estática y dominante, lo congeló en su sitio. Frederick dio un paso al frente, ladeando la cabeza con genuina curiosidad clínica.


    ──── Es una verdadera lástima que su existencia deba concluir bajo mi cuidado. Pero el pragmatismo, me temo, exige ciertos sacrificios....
    Verá, solo los muertos poseen la discreción absoluta que mi privacidad requiere. ────


    Frederick dio un paso más, acortando la distancia con una gracia felina, casi coreografiada. De su bolsillo interior extrajo un pañuelo de lino impecablemente doblado y, con un movimiento fluido, reveló un bisturí quirúrgico de acero brillante.

    La luz de la lámpara de escritorio se reflejó en la hoja, proyectando un destello fugaz sobre los ojos aterrorizados del médico. El doctor abrió la boca para gritar, pero el aire se atascó en su garganta. El miedo lo había paralizado por completo.

    Frederick levantó la mano enguantada. La lluvia afuera arreció con fuerza, golpeando el cristal justo cuando la luz del consultorio parpadeó, sumiendo la habitación en una fracción de segundo de total oscuridad.

    Un crujido de cuero, el silbido sutil del acero cortando el aire y... de pronto, el silencio.


    /I'm back/
    El olor a cuero viejo, cera para madera y té de manzanilla flotaba en el aire del consultorio privado. Afuera, la lluvia de la tarde golpeaba suavemente los cristales, aislando la habitación del resto del mundo, como una burbuja en la tempestad, dl reloj de pared marcaba las ocho de la noche, el segundero sonaba con parsimonía. El doctor ordenaba unos papeles en su escritorio cuando la puerta se abrió sin previo aviso. No hubo pasos ruidosos, solo el sutil crujido de unos zapatos de piel Oxford tallados a mano. Al levantar la vista, el doctor se encontró con Frederick... A sus cuarenta y tantos años, Frederick vestía un traje sastre de tres piezas en gris marengo, perfectamente entallado. Su corbata de seda lucía un nudo impecable y el pañuelo de su bolsillo combinaba con una precisión matemática. No había prisa en sus movimientos, ni rastro de sudor, ni agitación. Su postura era la de un hombre que asiste a una gala benéfica, no la de un ejecutor. Frederick cerró la puerta con seguro con un clic casi inaudible, con una calma gélida, se deslizó los guantes de piel de cordero negra, ajustándolos dedo por dedo mientras su mirada, fija y analítica, recorría el expediente abierto sobre el escritorio del médico. En esa carpeta descansaban las pruebas que el doctor juntó en donde se hilaba al ex piloto y su mentira de haberse quedado viudo. Él había asesinado a su propia novia hace 20 años; Frederick sonrió de lado, una mueca educada pero vacía de calidez humana, y habló con una voz suave, profunda y modulada: ──── Dígame, Doctor... ¿encontró algún deleite estético en hurgar entre mis páginas? Un intelecto tan perspicaz como el suyo debió prever los riesgos de una curiosidad tan indiscreta.──── El doctor intentó moverse hacia el teléfono, pero la sola presencia física de Frederick, estática y dominante, lo congeló en su sitio. Frederick dio un paso al frente, ladeando la cabeza con genuina curiosidad clínica. ──── Es una verdadera lástima que su existencia deba concluir bajo mi cuidado. Pero el pragmatismo, me temo, exige ciertos sacrificios.... Verá, solo los muertos poseen la discreción absoluta que mi privacidad requiere. ──── Frederick dio un paso más, acortando la distancia con una gracia felina, casi coreografiada. De su bolsillo interior extrajo un pañuelo de lino impecablemente doblado y, con un movimiento fluido, reveló un bisturí quirúrgico de acero brillante. La luz de la lámpara de escritorio se reflejó en la hoja, proyectando un destello fugaz sobre los ojos aterrorizados del médico. El doctor abrió la boca para gritar, pero el aire se atascó en su garganta. El miedo lo había paralizado por completo. Frederick levantó la mano enguantada. La lluvia afuera arreció con fuerza, golpeando el cristal justo cuando la luz del consultorio parpadeó, sumiendo la habitación en una fracción de segundo de total oscuridad. Un crujido de cuero, el silbido sutil del acero cortando el aire y... de pronto, el silencio. /I'm back/
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  • 𝑪𝒓𝒐́𝒏𝒊𝒄𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒊𝒆𝒈𝒎𝒆𝒚𝒆𝒓, 𝑬𝒍 𝑬𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝑬𝒍𝒅𝒆𝒏𝒎𝒐𝒐𝒓.

    En aquellos días, cuando mi sangre aún ardía con el fuego de la juventud y servía bajo los estandartes de la Orden, llegamos a un pueblo olvidado entre las colinas grises llamado Eldenmoor. Docenas de niños habían desaparecido bajo la luz de la luna llena. La Orden sospechaba un culto, y no se equivocaba.

    Aquella noche los encontramos en el sótano de la casa más grande del pueblo: un matrimonio respetado, pilares de la comunidad. El padre y la madre, con túnicas manchadas de sangre seca, terminaban un ritual. Un niño de no más de ocho años yacía atado al altar de piedra, aún vivo, mientras le abrían las venas para alimentar a la entidad oscura que invocaban. Sus rostros mostraban puro éxtasis. Sonreían.

    No hubo juicio. No hubo piedad. Los corté en pedazos allí mismo, delante del altar. Sus gritos se mezclaron con los del niño que logré salvar. Cuando terminé, la habitación olía a hierro y muerte. Pero había un testigo. El hijo de aquella escoria, un niño pequeño, dormía en la habitación contigua. Dudé y lo dejé vivir.

    Años después, el destino me trajo de vuelta a Eldenmoor. En el centro de la plaza principal, bajo un cielo plomizo, el joven, ahora convertido en un hombre consumido por el odio, me tenía acorralado contra la vieja fuente de piedra. El cuchillo oxidado entraba y salía de mi pecho y abdomen con furia salvaje. La sangre salpicaba el empedrado, tiñendo de rojo las grietas entre las piedras. Los aldeanos observaban desde las sombras, aterrorizados.

    Cada puñalada era más desesperada. Mis heridas se abrían y se cerraban casi al instante.

    " ¡¡Muere, maldito monstruo!! " Gritaba entre sollozos. " ¡¡Esto es por mi familia!! ¡Los degollaste como animales! "

    Lo dejé continuar unos segundos más, observándolo con absoluta frialdad. Entonces, en un movimiento rápido y preciso, levanté la mano y le agarré la muñeca con fuerza de hierro, deteniendo el cuchillo en el aire justo antes de que volviera a clavarse.

    El joven forcejeó, pero era inútil. Mis dedos se cerraron como una tenaza.

    — Mírame. —
    Ordené con voz baja y gélida, sin elevar el tono.
    — Sigue apuñalando cuanto quieras. No los vas a traer de vuelta. —

    El atacante intentó liberarse, gritando de rabia.

    " ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué los mataste, hijo de puta?! "

    Mantuve su muñeca inmovilizada y lo miré directamente a los ojos, sin una gota de compasión.

    — Porque tus padres no eran inocentes aldeanos. Eran pero que basura. —

    El joven soltó un alarido desgarrador e intentó apuñalarme de nuevo con la mano libre. Entonces, con un movimiento seco y brutal, torcí su muñeca y le rompí el brazo con un crujido audible. El hueso se fracturó limpiamente. El cuchillo cayó al suelo entre los gritos de dolor del joven.

    — Sigue desperdiciando tu vida si tanto lo deseas —
    Continué con la misma voz fría y monótona, soltando su brazo roto.
    — Nada de lo que hagas cambiará que tus padres eran escoria que se alimentaba de la sangre de inocentes. —

    El joven cayó de rodillas, sujetándose el brazo destrozado entre sollozos y maldiciones, mientras yo permanecía de pie frente a él, cubierto de mi propia sangre que ya empezaba a secarse.
    𝑪𝒓𝒐́𝒏𝒊𝒄𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒊𝒆𝒈𝒎𝒆𝒚𝒆𝒓, 𝑬𝒍 𝑬𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝑬𝒍𝒅𝒆𝒏𝒎𝒐𝒐𝒓. En aquellos días, cuando mi sangre aún ardía con el fuego de la juventud y servía bajo los estandartes de la Orden, llegamos a un pueblo olvidado entre las colinas grises llamado Eldenmoor. Docenas de niños habían desaparecido bajo la luz de la luna llena. La Orden sospechaba un culto, y no se equivocaba. Aquella noche los encontramos en el sótano de la casa más grande del pueblo: un matrimonio respetado, pilares de la comunidad. El padre y la madre, con túnicas manchadas de sangre seca, terminaban un ritual. Un niño de no más de ocho años yacía atado al altar de piedra, aún vivo, mientras le abrían las venas para alimentar a la entidad oscura que invocaban. Sus rostros mostraban puro éxtasis. Sonreían. No hubo juicio. No hubo piedad. Los corté en pedazos allí mismo, delante del altar. Sus gritos se mezclaron con los del niño que logré salvar. Cuando terminé, la habitación olía a hierro y muerte. Pero había un testigo. El hijo de aquella escoria, un niño pequeño, dormía en la habitación contigua. Dudé y lo dejé vivir. Años después, el destino me trajo de vuelta a Eldenmoor. En el centro de la plaza principal, bajo un cielo plomizo, el joven, ahora convertido en un hombre consumido por el odio, me tenía acorralado contra la vieja fuente de piedra. El cuchillo oxidado entraba y salía de mi pecho y abdomen con furia salvaje. La sangre salpicaba el empedrado, tiñendo de rojo las grietas entre las piedras. Los aldeanos observaban desde las sombras, aterrorizados. Cada puñalada era más desesperada. Mis heridas se abrían y se cerraban casi al instante. " ¡¡Muere, maldito monstruo!! " Gritaba entre sollozos. " ¡¡Esto es por mi familia!! ¡Los degollaste como animales! " Lo dejé continuar unos segundos más, observándolo con absoluta frialdad. Entonces, en un movimiento rápido y preciso, levanté la mano y le agarré la muñeca con fuerza de hierro, deteniendo el cuchillo en el aire justo antes de que volviera a clavarse. El joven forcejeó, pero era inútil. Mis dedos se cerraron como una tenaza. — Mírame. — Ordené con voz baja y gélida, sin elevar el tono. — Sigue apuñalando cuanto quieras. No los vas a traer de vuelta. — El atacante intentó liberarse, gritando de rabia. " ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué los mataste, hijo de puta?! " Mantuve su muñeca inmovilizada y lo miré directamente a los ojos, sin una gota de compasión. — Porque tus padres no eran inocentes aldeanos. Eran pero que basura. — El joven soltó un alarido desgarrador e intentó apuñalarme de nuevo con la mano libre. Entonces, con un movimiento seco y brutal, torcí su muñeca y le rompí el brazo con un crujido audible. El hueso se fracturó limpiamente. El cuchillo cayó al suelo entre los gritos de dolor del joven. — Sigue desperdiciando tu vida si tanto lo deseas — Continué con la misma voz fría y monótona, soltando su brazo roto. — Nada de lo que hagas cambiará que tus padres eran escoria que se alimentaba de la sangre de inocentes. — El joven cayó de rodillas, sujetándose el brazo destrozado entre sollozos y maldiciones, mientras yo permanecía de pie frente a él, cubierto de mi propia sangre que ya empezaba a secarse.
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  • -Sonríe con entusiasmo mientras mueve las manos como si tuviera patitas.-

    ¡Awooo~! Soy Ookami Mio.

    Una loba alegre que disfruta pasar tiempo con sus amigos, escuchar historias (pero que no sean de terror porfis) y compartir momentos tranquilos bajo la luz de la luna.

    Si necesitas compañía o una charla agradable, aquí estaré moviendo la cola y escuchándote. ♡
    -Sonríe con entusiasmo mientras mueve las manos como si tuviera patitas.- ¡Awooo~! Soy Ookami Mio. 🐺✨ Una loba alegre que disfruta pasar tiempo con sus amigos, escuchar historias (pero que no sean de terror porfis) y compartir momentos tranquilos bajo la luz de la luna. Si necesitas compañía o una charla agradable, aquí estaré moviendo la cola y escuchándote. ♡
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  • A mi sola se me ocurre ver esto a estas horas de la madrugada ...... pelis de terror
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  • "La primera marcha."
    Fandom Roleplay Literario.
    Categoría Acción
    -La ciudad latia con la fuerza de miles de vidas al mismo tiempo. Las avenidas rebosaban movimiento, peatones cruzando entre semaforos, ejecutivos saliendo de edificios de cristal con el telefono aun en la mano, vendedores ambulantes llamando clientes desde las esquinas, cafeterias llenas de voces mezcladas con el aroma a cafe recien hecho, tiendas abiertas iluminando las veredas con escaparates brillantes. El sonido de motores, bocinas, conversaciones y musica urbana se elevaba entre las fachadas de los grandes edificios. Todo avanzaba como siempre. Como cualquier otro dia, Nadie imaginaba que, bajo sus propios pies, algo antiguo aguardaba su momento-

    -La primera señal fue leve, un temblor casi imperceptible que hizo vibrar los vidrios de los edificios y mover apenas el agua dentro de los vasos sobre las mesas. Algunos se detuvieron por un segundo. Otros levantaron la vista confundidos. Pensaron en una explosion lejana. Un accidente. Una obra subterranea. Nada mas, pero el suelo volvio a estremecerse... esta vez.. con violencia. El Asfalto crujio como si se quebrara desde sus entrañas. Grietas enormes comenzaron a abrirse a lo largo de la avenida principal, extendiendose entre autos detenidos, semaforos y veredas. El concreto exploto hacia arriba levantando polvo, piedras y fragmentos de pavimento mientras los vehiculos eran empujados hacia los costados y las alarmas empezaban a sonar una tras otra. el Panico se propago mas rapido que el ruido. La gente corrio sin entender que estaba ocurriendo-

    -Desde el centro de aquella ruptura emergieron dos estructuras imposibles. Colosales, dos puertas lapidales se elevaron desde las profundidades como si el mundo las hubiera ocultado durante siglos y finalmente hubiera decidido devolverlas a la superficie. Eran gigantescas, tan altas que parecian tocar los primeros pisos de los edificios cercanos. Oscuras, erosionadas, cubiertas por simbolos tallados que nadie podia comprender. Sus relieves mostraban criaturas deformes, escenas de guerra, montañas de cadaveres y figuras antiguas consumidas por el Tiempo. La Piedra parecia viva, como si respirara bajo el polvo. Como si hubiera despertado por fin.-

    -La Multitud quedo paralizada entre el miedo y la fascinacion, algunos grababan con sus telefonos desde la distancia. Otros gritaban buscando escapar. Muchos simplemente observaban, incapaces de comprender lo que tenian delante. Entonces aquellas puertas comenzaron a abrirse....Lentamente. Con un sonido grave y monstruoso, a medida que se separaban, una oscuridad absoluta aparecio detras de ellas. No habia Luz. No habia Fondo, Solo un vacio profundo, inmovil.. como una herida abierta hacia otro mundo, y de aquella oscuridad... comenzaron a salir.-

    -Primero fueron pequeñas figuras corriendo entre el humo, decenas, luego cientos.. Goblins encorvados y deformes invadieron la calle chillando como animales salvaje, trepando vehiculos volcados, saltando sobre techos y rompiendo escaparates con garras sucias y dientes afilados. Detras de estos molestos goblins, llegaron los Orcos. Masivos, Brutales, armados con acero enegrecido, hachas desproporcionadas y martillos de guerra manchados por antiguas batallas. Sus pasos hacian vibrar el suelo mientras avanzaban destruyendo todo a su alrededor, masacrando a los pobres ilusos que no comprendian el peligro en el que se encontraban, sangre y viseras, miedo y horror. Ghouls arrastrandose entre cuerpos caidos como bestias hambrientas, Vampiros moviendose entre el humo y las sombras con velocidad imposible. Demonios de cuernos inmensos, piel ennegrecida y ojos encendidos como brasas descendiendo sobre la ciudad con una calma aterradora. Una marea de criaturas nacidas de pesadillas comenzo a extenderse por las calles, devorando el centro urbano bajo sangre, fuego y desesperacion-

    -Los gritos llenaron la avenida, las vidrieras estallaban, los autos chocaban intentando escapar. las sirenas comenzaron a sonar desde todas direcciones. El humo subio cubriendo las alturas mientras las luces de la ciudad se mesclaban con incendios nacidos en cada esquina. El concreto moderno se convirtio en un campo de guerra, lo cotidiano desaparecio en segundos. Solo quedo Terror, pero entonces la horda se detuvo. Como Obedeciendo una orden Silenciosa-

    -Los goblins retrocedieron hacia los costados, los Orcos clavaron sus armas contra el suelo, los Demonios inclinaron la Cabeza,Grandes Wyverns sobrevolaban los cielos, derribando helicopteros y aviones que pasaban cerca de las puertas, Los Vampiros se deslizaron hacia la penumbra dejando el centro despejado. Todas aquellas criaturas abrieron un camino inmenso desde las puertas hasta el corazon de la avenida destruida. Un corredor de ruina y Humo, una clara bienvenida, Porque alguien mas estaba por llegar-

    -Desde el interior del Portal resono una respiracion monstruosa. Pesada, profunda.. Despues un rugido que atraveso la ciudad como una onda de choque, haciendo vibrar ventanas a kilometros de distancia. Luego el sonido de Garras contra Piedra, Pezuñas golpeando el suelo y finalmente la silueta aparecio entre la oscuridad-

    -Una Gigantesca Quimera cruzo las puertas envuelta en Humo Negro, Era una Bestia imposible, una bestia mitica de cuentos de hadas, su cuerpo mezclaba musculos salvajes, garras enormes, cuernos retorcidos y colmillos capaces de partir acero. Sus ojos brillaban como fuego vivo. Cada Paso destruia el asfalto bajo sus patas mientras avanzaba hacia la avenida principal dejando marcas profundas en la ciudad, y sobre ella.. Venia el. Vharkhul Braknak, El ogro.-

    -Desde lo Alto de su quimera contemplo humanos corriendo entre vehiculos abandonados, edificios ardiendo, criaturas extendiendose por las calles como una enfermedad viva.. y en medio de todo ello permanecio inmovil, como un Rey entrando en su reino, como una calamidad antigua regresando a un mundo que lo habia olvidado, la invasion habia comenzado, ese mundo seria suyo, el ogro extendio su brazo en el aire y dijo como un Orden-

    "ARRASEN CON TODA LA VIDA EN ESTE MUNDO! NO SE DETENGAN! NO RETROCEDAN! CONQUISTEN! DESTRUYAN! DEBOREN!"

    -Y asi, todos esas criaturas que habian guardado silencio, comenzaron a gritar al unisono el nombre de su rey, Vharkhul Braknak, para luego comenzaron la invasion-
    -La ciudad latia con la fuerza de miles de vidas al mismo tiempo. Las avenidas rebosaban movimiento, peatones cruzando entre semaforos, ejecutivos saliendo de edificios de cristal con el telefono aun en la mano, vendedores ambulantes llamando clientes desde las esquinas, cafeterias llenas de voces mezcladas con el aroma a cafe recien hecho, tiendas abiertas iluminando las veredas con escaparates brillantes. El sonido de motores, bocinas, conversaciones y musica urbana se elevaba entre las fachadas de los grandes edificios. Todo avanzaba como siempre. Como cualquier otro dia, Nadie imaginaba que, bajo sus propios pies, algo antiguo aguardaba su momento- -La primera señal fue leve, un temblor casi imperceptible que hizo vibrar los vidrios de los edificios y mover apenas el agua dentro de los vasos sobre las mesas. Algunos se detuvieron por un segundo. Otros levantaron la vista confundidos. Pensaron en una explosion lejana. Un accidente. Una obra subterranea. Nada mas, pero el suelo volvio a estremecerse... esta vez.. con violencia. El Asfalto crujio como si se quebrara desde sus entrañas. Grietas enormes comenzaron a abrirse a lo largo de la avenida principal, extendiendose entre autos detenidos, semaforos y veredas. El concreto exploto hacia arriba levantando polvo, piedras y fragmentos de pavimento mientras los vehiculos eran empujados hacia los costados y las alarmas empezaban a sonar una tras otra. el Panico se propago mas rapido que el ruido. La gente corrio sin entender que estaba ocurriendo- -Desde el centro de aquella ruptura emergieron dos estructuras imposibles. Colosales, dos puertas lapidales se elevaron desde las profundidades como si el mundo las hubiera ocultado durante siglos y finalmente hubiera decidido devolverlas a la superficie. Eran gigantescas, tan altas que parecian tocar los primeros pisos de los edificios cercanos. Oscuras, erosionadas, cubiertas por simbolos tallados que nadie podia comprender. Sus relieves mostraban criaturas deformes, escenas de guerra, montañas de cadaveres y figuras antiguas consumidas por el Tiempo. La Piedra parecia viva, como si respirara bajo el polvo. Como si hubiera despertado por fin.- -La Multitud quedo paralizada entre el miedo y la fascinacion, algunos grababan con sus telefonos desde la distancia. Otros gritaban buscando escapar. Muchos simplemente observaban, incapaces de comprender lo que tenian delante. Entonces aquellas puertas comenzaron a abrirse....Lentamente. Con un sonido grave y monstruoso, a medida que se separaban, una oscuridad absoluta aparecio detras de ellas. No habia Luz. No habia Fondo, Solo un vacio profundo, inmovil.. como una herida abierta hacia otro mundo, y de aquella oscuridad... comenzaron a salir.- -Primero fueron pequeñas figuras corriendo entre el humo, decenas, luego cientos.. Goblins encorvados y deformes invadieron la calle chillando como animales salvaje, trepando vehiculos volcados, saltando sobre techos y rompiendo escaparates con garras sucias y dientes afilados. Detras de estos molestos goblins, llegaron los Orcos. Masivos, Brutales, armados con acero enegrecido, hachas desproporcionadas y martillos de guerra manchados por antiguas batallas. Sus pasos hacian vibrar el suelo mientras avanzaban destruyendo todo a su alrededor, masacrando a los pobres ilusos que no comprendian el peligro en el que se encontraban, sangre y viseras, miedo y horror. Ghouls arrastrandose entre cuerpos caidos como bestias hambrientas, Vampiros moviendose entre el humo y las sombras con velocidad imposible. Demonios de cuernos inmensos, piel ennegrecida y ojos encendidos como brasas descendiendo sobre la ciudad con una calma aterradora. Una marea de criaturas nacidas de pesadillas comenzo a extenderse por las calles, devorando el centro urbano bajo sangre, fuego y desesperacion- -Los gritos llenaron la avenida, las vidrieras estallaban, los autos chocaban intentando escapar. las sirenas comenzaron a sonar desde todas direcciones. El humo subio cubriendo las alturas mientras las luces de la ciudad se mesclaban con incendios nacidos en cada esquina. El concreto moderno se convirtio en un campo de guerra, lo cotidiano desaparecio en segundos. Solo quedo Terror, pero entonces la horda se detuvo. Como Obedeciendo una orden Silenciosa- -Los goblins retrocedieron hacia los costados, los Orcos clavaron sus armas contra el suelo, los Demonios inclinaron la Cabeza,Grandes Wyverns sobrevolaban los cielos, derribando helicopteros y aviones que pasaban cerca de las puertas, Los Vampiros se deslizaron hacia la penumbra dejando el centro despejado. Todas aquellas criaturas abrieron un camino inmenso desde las puertas hasta el corazon de la avenida destruida. Un corredor de ruina y Humo, una clara bienvenida, Porque alguien mas estaba por llegar- -Desde el interior del Portal resono una respiracion monstruosa. Pesada, profunda.. Despues un rugido que atraveso la ciudad como una onda de choque, haciendo vibrar ventanas a kilometros de distancia. Luego el sonido de Garras contra Piedra, Pezuñas golpeando el suelo y finalmente la silueta aparecio entre la oscuridad- -Una Gigantesca Quimera cruzo las puertas envuelta en Humo Negro, Era una Bestia imposible, una bestia mitica de cuentos de hadas, su cuerpo mezclaba musculos salvajes, garras enormes, cuernos retorcidos y colmillos capaces de partir acero. Sus ojos brillaban como fuego vivo. Cada Paso destruia el asfalto bajo sus patas mientras avanzaba hacia la avenida principal dejando marcas profundas en la ciudad, y sobre ella.. Venia el. Vharkhul Braknak, El ogro.- -Desde lo Alto de su quimera contemplo humanos corriendo entre vehiculos abandonados, edificios ardiendo, criaturas extendiendose por las calles como una enfermedad viva.. y en medio de todo ello permanecio inmovil, como un Rey entrando en su reino, como una calamidad antigua regresando a un mundo que lo habia olvidado, la invasion habia comenzado, ese mundo seria suyo, el ogro extendio su brazo en el aire y dijo como un Orden- "ARRASEN CON TODA LA VIDA EN ESTE MUNDO! NO SE DETENGAN! NO RETROCEDAN! CONQUISTEN! DESTRUYAN! DEBOREN!" -Y asi, todos esas criaturas que habian guardado silencio, comenzaron a gritar al unisono el nombre de su rey, Vharkhul Braknak, para luego comenzaron la invasion-
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    10
    Estado
    Disponible
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  • *chibi volvió a ver videos de terror en youtube y estaba colgado del ventilador del techo temblando * ono
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  • ― Restos de Cerceta ―
    #monorol

    ** ..
    Mi decimonoveno cumpleaños y mi centésima misión en solitario sucedieron el mismo día. Quizás era el destino.

    "¿¡Por qué?! ¡¿Por qué haces esto?!"

    Estoy tan acostumbrada a ser llamada un monstruo que ya no tiene efecto en mí. Ya no lo tomo ni como un halago. Y estoy acostumbrada a las súplicas de quien está a punto de morir por mi mano, de ofrecimientos de riquezas, de chantajes emocionales, también estoy acostumbrada a ver tristeza, desesperanza, ira...

    Pero ese día, vi algo que nunca había visto. Era confusión genuina en los ojos de la persona que yo consideraba un terrorista. Otros les decían guerrilleros o manifestantes, oprimidos que luchaban por su libertad, pero yo solo sabía seguir ordenes.

    "¡¿Eres una Cercetan verdad?! ¡Entonces explícame! ¡¿Por qué trabajas para estos cerdos?! ¡¿No sabes lo que le hicieron a tu gente?!"

    Lo maté en ese momento. Sólo eran delirios de alguien que queria ganar un poco más de tiempo, no era nada diferente...

    ...

    "Buen trabajo. Sarah. Puede que sea tu hazaña más impresionante a la fecha".

    Mi Maestro. La persona que me rescató de esa vida de vioencia y miseria... la persona que me dio un propósito.

    -"No merezco sus halagos, Maestro".

    "Puedes dejar de ser tan modesta. Por cierto, no has tomado un solo día de descanso desde que te uniste a la división. ¿No te gustaría?"

    -"No es necesario".

    "Jah. Esperaba oir eso. Está bien. Ya puedes retirarte".

    -"¿Maestro?"

    "¿Sí?"

    Dudé por un momento pero algo no me dejaba sacar esa espina de mi pie...

    -"¿Qué es un Cercetan?"

    "..."

    Su expresión no cambió y no tardó más que unos segundos en responder... pero la forma en la que se tensó su cuello y sus ojos se expandieron por apenas una fracción de segundo es algo que nunca voy a olvidar.

    "No tengo idea. Jamás había oído esa palabra, Sarah. ¿Es todo? Ya puedes retirarte".

    -"...Sí. Es todo. Buenas noches, Maestro".
    ― Restos de Cerceta ― #monorol ** .. Mi decimonoveno cumpleaños y mi centésima misión en solitario sucedieron el mismo día. Quizás era el destino. "¿¡Por qué?! ¡¿Por qué haces esto?!" Estoy tan acostumbrada a ser llamada un monstruo que ya no tiene efecto en mí. Ya no lo tomo ni como un halago. Y estoy acostumbrada a las súplicas de quien está a punto de morir por mi mano, de ofrecimientos de riquezas, de chantajes emocionales, también estoy acostumbrada a ver tristeza, desesperanza, ira... Pero ese día, vi algo que nunca había visto. Era confusión genuina en los ojos de la persona que yo consideraba un terrorista. Otros les decían guerrilleros o manifestantes, oprimidos que luchaban por su libertad, pero yo solo sabía seguir ordenes. "¡¿Eres una Cercetan verdad?! ¡Entonces explícame! ¡¿Por qué trabajas para estos cerdos?! ¡¿No sabes lo que le hicieron a tu gente?!" Lo maté en ese momento. Sólo eran delirios de alguien que queria ganar un poco más de tiempo, no era nada diferente... ... "Buen trabajo. Sarah. Puede que sea tu hazaña más impresionante a la fecha". Mi Maestro. La persona que me rescató de esa vida de vioencia y miseria... la persona que me dio un propósito. -"No merezco sus halagos, Maestro". "Puedes dejar de ser tan modesta. Por cierto, no has tomado un solo día de descanso desde que te uniste a la división. ¿No te gustaría?" -"No es necesario". "Jah. Esperaba oir eso. Está bien. Ya puedes retirarte". -"¿Maestro?" "¿Sí?" Dudé por un momento pero algo no me dejaba sacar esa espina de mi pie... -"¿Qué es un Cercetan?" "..." Su expresión no cambió y no tardó más que unos segundos en responder... pero la forma en la que se tensó su cuello y sus ojos se expandieron por apenas una fracción de segundo es algo que nunca voy a olvidar. "No tengo idea. Jamás había oído esa palabra, Sarah. ¿Es todo? Ya puedes retirarte". -"...Sí. Es todo. Buenas noches, Maestro".
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  • Siegmeyer había viajado en la carreta de un comerciante hosco que, al llegar al lindero del bosque, detuvo los caballos con manos temblorosas.
    —No sigo. —masculló, sin atreverse a mirarlo—. Baja. —

    El errante decidió no insistir y descendió. La carreta se alejó rápidamente. Un par de kilómetros antes de llegar un pueblo que se veia camuflado entre los arboles, había encontrado al anciano moribundo apoyado en un arbol. Con los labios agrietados y la voz convertida en un estertor, este le había clavado los dedos en el guantelete.

    —No entres… El aquelarre te va a oler. Han tomado Eichenbruch. Si cruzas sus calles… te reclamarán. Desearás haberte quedado a pudrirte aquí, conmigo. —Siegmeyer cerró sus ojos vidriosos y continuó.

    La niebla se arrastraba por las calles, espesa, fría y cargada de un olor dulzón a hierbas quemadas y podredumbre. El pueblo de Eichenbruch parecía una herida abierta en el bosque. Las casas torcidas de madera y piedra, techos hundidos y ventanas que observaban como ojos ciegos. Todo estaba demasiado quieto. Ahora caminaba por las calles empedradas, su armadura oscura y abollada resonando con cada paso. La capa raída goteaba agua sucia. Los pocos aldeanos que aún se atrevían a estar fuera se apartaban de su camino con terror evidente. Una mujer soltó un gemido ahogado y se escondió en un callejón. Un hombre cerró de golpe su puerta al verlo pasar.

    Parecía un enviado directo del clero, pero no servía a ningún rey, a ningún dios. El caballero no se detuvo, sus ojos azules, fríos y alerta, escaneaban las sombras. Al final de la calle principal distinguió un edificio más grande que los demás, con un letrero de madera medio podrido que apenas se leía: “El Jabalí Negro”. Una luz amarillenta y débil se filtraba por las ventanas empañadas. Parecía una posada o una trampa.

    Empujó la pesada puerta de madera. Esta chirrió como un animal herido. Dentro, el aire era denso, cargado de humo de chimenea y un olor extraño, casi dulzón. Varias cabezas se giraron hacia él al instante. El murmullo de conversaciones se cortó de golpe. Un tabernero de rostro pálido y ojos hundidos lo miró desde atrás de la barra como si acabara de ver a un muerto caminando. En las mesas, rostros demacrados lo observaban en silencio.

    Siegmeyer se detuvo bajo el umbral, la luz del fuego reflejándose en su armadura. Lentamente levantó la visera de su yelmo, revelando un rostro curtido, barba de varios días y aquellos ojos azules que no mostraban miedo, solo una cansada determinación.

    —Un plato de comida, el que tengas ya preparado. —dijo con voz grave y ronca, que cortó el silencio. — Y algo de vino o agua, lo que sepa mejor. — Nadie se movió. Solo se oía el crepitar del fuego.
    Siegmeyer había viajado en la carreta de un comerciante hosco que, al llegar al lindero del bosque, detuvo los caballos con manos temblorosas. —No sigo. —masculló, sin atreverse a mirarlo—. Baja. — El errante decidió no insistir y descendió. La carreta se alejó rápidamente. Un par de kilómetros antes de llegar un pueblo que se veia camuflado entre los arboles, había encontrado al anciano moribundo apoyado en un arbol. Con los labios agrietados y la voz convertida en un estertor, este le había clavado los dedos en el guantelete. —No entres… El aquelarre te va a oler. Han tomado Eichenbruch. Si cruzas sus calles… te reclamarán. Desearás haberte quedado a pudrirte aquí, conmigo. —Siegmeyer cerró sus ojos vidriosos y continuó. La niebla se arrastraba por las calles, espesa, fría y cargada de un olor dulzón a hierbas quemadas y podredumbre. El pueblo de Eichenbruch parecía una herida abierta en el bosque. Las casas torcidas de madera y piedra, techos hundidos y ventanas que observaban como ojos ciegos. Todo estaba demasiado quieto. Ahora caminaba por las calles empedradas, su armadura oscura y abollada resonando con cada paso. La capa raída goteaba agua sucia. Los pocos aldeanos que aún se atrevían a estar fuera se apartaban de su camino con terror evidente. Una mujer soltó un gemido ahogado y se escondió en un callejón. Un hombre cerró de golpe su puerta al verlo pasar. Parecía un enviado directo del clero, pero no servía a ningún rey, a ningún dios. El caballero no se detuvo, sus ojos azules, fríos y alerta, escaneaban las sombras. Al final de la calle principal distinguió un edificio más grande que los demás, con un letrero de madera medio podrido que apenas se leía: “El Jabalí Negro”. Una luz amarillenta y débil se filtraba por las ventanas empañadas. Parecía una posada o una trampa. Empujó la pesada puerta de madera. Esta chirrió como un animal herido. Dentro, el aire era denso, cargado de humo de chimenea y un olor extraño, casi dulzón. Varias cabezas se giraron hacia él al instante. El murmullo de conversaciones se cortó de golpe. Un tabernero de rostro pálido y ojos hundidos lo miró desde atrás de la barra como si acabara de ver a un muerto caminando. En las mesas, rostros demacrados lo observaban en silencio. Siegmeyer se detuvo bajo el umbral, la luz del fuego reflejándose en su armadura. Lentamente levantó la visera de su yelmo, revelando un rostro curtido, barba de varios días y aquellos ojos azules que no mostraban miedo, solo una cansada determinación. —Un plato de comida, el que tengas ya preparado. —dijo con voz grave y ronca, que cortó el silencio. — Y algo de vino o agua, lo que sepa mejor. — Nadie se movió. Solo se oía el crepitar del fuego.
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  • El hombre al que llaman "El Ruso"
    Fandom OC
    Categoría Acción
    ●Rol abierto por aquí o por MD. OJO A LOS DISGUSTOS DE MI PERSONAJE EN LA FICHA●

    -Te dirigías con prisa a una reunión importante en un bar de confianza. La situación era crítica y el invitado… peculiar. Para las personas comunes era un héroe. Para empresarios y políticos vinculados al bajo mundo, un terrorista. Solo habías encontrado rumores, videos borrosos, informes policíacos y testimonios de criminales que sobrevivieron al cruzarse con él. Todos coincidían en algo: le llamaban “El Ruso”. Según decían estos últimos, era un puto loco. Nadie parecía comprender del todo sus habilidades, y aun así, seguía vivo pese a años de persecución. Bajo su mando, redes criminales caían, corruptos eran expuestos y tenía demasiados enemigos poderosos como para seguir siendo solo un rumor.-

    -El recepcionista apenas tuvo tiempo de mirarte antes de que cruzaras la puerta hacia la zona exclusiva del lugar. Y ahí estaba él. Más joven de lo que imaginabas. Relajado. Sonriendo como si fueran viejos conocidos. Se encontraba sentado en el sofa, y te habló como si te conociera de toda la vida. Era evidente que el hombre era muy carismático.-

    "¡Vaya! Quien diría que me invitasen a un lugar tan brilloso. -rio suavemente mientras se acomodaba- Ya me he acostumbrado a estar en bares de mala muerte o sitios abandonados para las reuniones. Ya sabes discreción y eso."

    -El hombre, permanecía sentado en el sofá mientras hacía una mueca como de estar pensando mientras cierra los ojos, dejando espacio para que tomaras asiento… o no.


    "Aunque...ahora que lo pienso...Sí, he pasado por lugares así, pero no para hacer negocios, si no más bien, cumplirlos. Mis enemigos son de estos que quieren alardear sus riquezas y esas cosas, que te puedo decir."

    -Tras una breve risa, el hombre abrió los ojos de golpe, tomando su usual sonrisa engreida. Sus ojos grises te observaron directamente antes de hablar nuevamente-


    "Pero bueno, basta de la charla. -Apoyo un brazo sobre el sofá cercano- ¿Para que necesitas la ayuda de alguien como yo?"


    -El hombre mantenía su sonrisa en ti, como si examinase cada detalle. Ello marcaba algo evidente, a pesar de esa actitud elocuente y hasta aparentemente inmadura, los rumores y los datos corroborados de su organización, son ciertos. Si los rumores eran ciertos, quizá era el aliado que necesitabas. O quizá estabas a punto de cometer un enorme error.-
    ●Rol abierto por aquí o por MD. OJO A LOS DISGUSTOS DE MI PERSONAJE EN LA FICHA● -Te dirigías con prisa a una reunión importante en un bar de confianza. La situación era crítica y el invitado… peculiar. Para las personas comunes era un héroe. Para empresarios y políticos vinculados al bajo mundo, un terrorista. Solo habías encontrado rumores, videos borrosos, informes policíacos y testimonios de criminales que sobrevivieron al cruzarse con él. Todos coincidían en algo: le llamaban “El Ruso”. Según decían estos últimos, era un puto loco. Nadie parecía comprender del todo sus habilidades, y aun así, seguía vivo pese a años de persecución. Bajo su mando, redes criminales caían, corruptos eran expuestos y tenía demasiados enemigos poderosos como para seguir siendo solo un rumor.- -El recepcionista apenas tuvo tiempo de mirarte antes de que cruzaras la puerta hacia la zona exclusiva del lugar. Y ahí estaba él. Más joven de lo que imaginabas. Relajado. Sonriendo como si fueran viejos conocidos. Se encontraba sentado en el sofa, y te habló como si te conociera de toda la vida. Era evidente que el hombre era muy carismático.- "¡Vaya! Quien diría que me invitasen a un lugar tan brilloso. -rio suavemente mientras se acomodaba- Ya me he acostumbrado a estar en bares de mala muerte o sitios abandonados para las reuniones. Ya sabes discreción y eso." -El hombre, permanecía sentado en el sofá mientras hacía una mueca como de estar pensando mientras cierra los ojos, dejando espacio para que tomaras asiento… o no. "Aunque...ahora que lo pienso...Sí, he pasado por lugares así, pero no para hacer negocios, si no más bien, cumplirlos. Mis enemigos son de estos que quieren alardear sus riquezas y esas cosas, que te puedo decir." -Tras una breve risa, el hombre abrió los ojos de golpe, tomando su usual sonrisa engreida. Sus ojos grises te observaron directamente antes de hablar nuevamente- "Pero bueno, basta de la charla. -Apoyo un brazo sobre el sofá cercano- ¿Para que necesitas la ayuda de alguien como yo?" -El hombre mantenía su sonrisa en ti, como si examinase cada detalle. Ello marcaba algo evidente, a pesar de esa actitud elocuente y hasta aparentemente inmadura, los rumores y los datos corroborados de su organización, son ciertos. Si los rumores eran ciertos, quizá era el aliado que necesitabas. O quizá estabas a punto de cometer un enorme error.-
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