• Afro elevó las manos a la altura de los codos, con las palmas orientadas hacia el cielo. El aire traía consigo el frío de la noche y el frescor de las hojas verdes de los sauces. Dio un paso al frente y un pequeño fragmento de roca se desprendió del risco sobre el que estaba de pie. Lo observó perderse en la oscuridad; a sus oídos nunca llegó el momento en que la roca se encontró con el fondo. La penumbra se encontró con sus iris rosas, y ella con los suyos; nocturnos, famélicos. Afro no se sintió incómoda ante su mirada, por el contrario, le resultó agradable su compañía. En el pasado, aquello le habría hecho tragar saliva y dar un par de pasos titubeantes hacia atrás. Pero, gracias a cierto par de ojos verdes, eso había cambiado. Recordó una advertencia y bajó ligeramente el rostro en busca de unos iris rojos que pudieran hallarse más abajo. No encontró nada.

    Respiró profundamente, y su voz salió clara y firme. Habituada a las palabras que estaba a punto de recitar:

    ──── Escúchame, tú, que con tus truenos rojos sacudes los pozos de la incertidumbre en la oscuridad perlada de plateadas estrellas. Hechicero Rojo, señor terrible y distante, forjaste a tu musa en medio de la tormenta y le concediste el regalo de tus sagrados dones. Ahora, la musa debe responder siempre a tu llamado. Dime, oh Gran Constructor, ¿a la vida de quién he de llevar la bendición de tus dones? ¿Qué nuevos hilos se unirán en el gran telar de las historias? ¿A dónde he de llevar la luz de tu inspiración? ¿Cuál es la nueva verdad que habrá de desvelarse?
    Afro elevó las manos a la altura de los codos, con las palmas orientadas hacia el cielo. El aire traía consigo el frío de la noche y el frescor de las hojas verdes de los sauces. Dio un paso al frente y un pequeño fragmento de roca se desprendió del risco sobre el que estaba de pie. Lo observó perderse en la oscuridad; a sus oídos nunca llegó el momento en que la roca se encontró con el fondo. La penumbra se encontró con sus iris rosas, y ella con los suyos; nocturnos, famélicos. Afro no se sintió incómoda ante su mirada, por el contrario, le resultó agradable su compañía. En el pasado, aquello le habría hecho tragar saliva y dar un par de pasos titubeantes hacia atrás. Pero, gracias a cierto par de ojos verdes, eso había cambiado. Recordó una advertencia y bajó ligeramente el rostro en busca de unos iris rojos que pudieran hallarse más abajo. No encontró nada. Respiró profundamente, y su voz salió clara y firme. Habituada a las palabras que estaba a punto de recitar: ──── Escúchame, tú, que con tus truenos rojos sacudes los pozos de la incertidumbre en la oscuridad perlada de plateadas estrellas. Hechicero Rojo, señor terrible y distante, forjaste a tu musa en medio de la tormenta y le concediste el regalo de tus sagrados dones. Ahora, la musa debe responder siempre a tu llamado. Dime, oh Gran Constructor, ¿a la vida de quién he de llevar la bendición de tus dones? ¿Qué nuevos hilos se unirán en el gran telar de las historias? ¿A dónde he de llevar la luz de tu inspiración? ¿Cuál es la nueva verdad que habrá de desvelarse?
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  • Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte.
    A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen.
    Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror".
    En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan.

    Capítulo 1:
    Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente.
    Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano.
    Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío.
    —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal.
    Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad.
    Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid.
    Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa.
    A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto.
    Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás.
    —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes.
    Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47.
    El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje.
    Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones.
    Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra.
    —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono.
    —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta.
    —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores.
    —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita.
    Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas.
    —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo.
    —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano.
    Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla.
    —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto.
    Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. Cerró la puerta tras ella, rodeó el coche y se puso al volante, acelerando de inmediato para alejarla del eco metálico y la sangre que manchaba la plaza.
    Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte. A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen. Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror". En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan. Capítulo 1: Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente. Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano. Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío. —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal. Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad. Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid. Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa. A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto. Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás. —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes. Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47. El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje. Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones. Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra. —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono. —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta. —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores. —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita. Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas. —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo. —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano. Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla. —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto. Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. Cerró la puerta tras ella, rodeó el coche y se puso al volante, acelerando de inmediato para alejarla del eco metálico y la sangre que manchaba la plaza.
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    / ¿Cómo no me voy a poder a comprar el pro con mi tarjetita de mercado pago? ¡Es un insulto a los pobres!
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    FICHA OFICIAL DE REVISTA

    ╔══════════════════════════════════════╗

    ISHTAR´S DEMONIC DÉESSE INFERNAL GLAMOUR
    ✦ Edición Especial: ISHTAR'S DEMON KING ✦

    ╚══════════════════════════════════════╝

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    PORTADA ESTELAR DEL MES
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar
    "El Heredero que desafía al destino y reclama su trono."

    Riamory Kitagawa
    "La Reina Escarlata cuya determinación cambió para siempre la historia de la academia."

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    HISTORIA PRINCIPAL
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ❝¿UNIÓN PROHIBIDA?❞

    Entre secretos, rivalidades y destinos escritos por fuerzas superiores, surge una historia capaz de desafiar las reglas del mundo.

    Él, destinado a convertirse en el próximo Rey Demonio.

    Ella, una belleza legendaria cuya fuerza y corazón conquistaron a todos.

    Juntos enfrentan prejuicios, obstáculos y enemigos que desean separarlos, demostrando que el verdadero amor puede desafiar cualquier ley.

    Reportaje Exclusivo:
    "Su historia de amor finalmente revelada."

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    PERFIL DE LOS PROTAGONISTAS
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Nombre: Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar
    Título: El Heredero Demoníaco
    Especialidad: Liderazgo, estrategia y poder sobrenatural.
    Distinción: Portador del legado Ishtar.

    Nombre: Riamory Kitagawa
    Título: La Reina Escarlata del Internado
    Especialidad: Carisma, elegancia y determinación inquebrantable.
    Distinción: Símbolo de inspiración y belleza.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    EDICIÓN DE COLECCIÓN
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Ambientada en los majestuosos terrenos de la Academia Kuoh.

    Romance, drama, pasión y destino.

    Fotografías exclusivas.

    Entrevistas inéditas.

    Contenido premium para los seguidores de la familia Ishtar.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    FRASE DE PORTADA
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    "Cuando el Rey Demonio encontró a su Reina, el destino dejó de ser una cadena y se convirtió en una promesa eterna."

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ISHTAR'S DEMON KING
    Vol. XII • Edición Legendaria
    Una obra exclusiva de Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    👑🔥 FICHA OFICIAL DE REVISTA 🔥👑 ╔══════════════════════════════════════╗ 🌹 ISHTAR´S DEMONIC DÉESSE INFERNAL GLAMOUR 🌹 ✦ Edición Especial: ISHTAR'S DEMON KING ✦ ╚══════════════════════════════════════╝ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 PORTADA ESTELAR DEL MES 👑 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ⚜️ Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar ⚜️ "El Heredero que desafía al destino y reclama su trono." ❤️‍🔥 Riamory Kitagawa ❤️‍🔥 "La Reina Escarlata cuya determinación cambió para siempre la historia de la academia." ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🌹 HISTORIA PRINCIPAL 🌹 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ❝¿UNIÓN PROHIBIDA?❞ Entre secretos, rivalidades y destinos escritos por fuerzas superiores, surge una historia capaz de desafiar las reglas del mundo. ✨ Él, destinado a convertirse en el próximo Rey Demonio. ✨ Ella, una belleza legendaria cuya fuerza y corazón conquistaron a todos. Juntos enfrentan prejuicios, obstáculos y enemigos que desean separarlos, demostrando que el verdadero amor puede desafiar cualquier ley. 📖 Reportaje Exclusivo: "Su historia de amor finalmente revelada." ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ⚔️ PERFIL DE LOS PROTAGONISTAS ⚔️ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 Nombre: Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar 🏆 Título: El Heredero Demoníaco 🔥 Especialidad: Liderazgo, estrategia y poder sobrenatural. 🌟 Distinción: Portador del legado Ishtar. ❤️ Nombre: Riamory Kitagawa 🌹 Título: La Reina Escarlata del Internado ✨ Especialidad: Carisma, elegancia y determinación inquebrantable. 💎 Distinción: Símbolo de inspiración y belleza. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🏰 EDICIÓN DE COLECCIÓN 🏰 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🌙 Ambientada en los majestuosos terrenos de la Academia Kuoh. 🖤 Romance, drama, pasión y destino. ⚜️ Fotografías exclusivas. 👑 Entrevistas inéditas. 🔥 Contenido premium para los seguidores de la familia Ishtar. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🌹 FRASE DE PORTADA 🌹 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ "Cuando el Rey Demonio encontró a su Reina, el destino dejó de ser una cadena y se convirtió en una promesa eterna." ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 ISHTAR'S DEMON KING 👑 ❤️‍🔥 Vol. XII • Edición Legendaria ❤️‍🔥 ✨ Una obra exclusiva de Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour ✨ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
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  • Una espada,
    una espada de hierro forjada en el frío del alba,
    una espada con runas
    que nadie podrá desoír ni descifrar del todo,
    una espada del Báltico que será cantada en Nortumbria,
    Una espada que los poetas
    igualarán al hielo y al fuego,
    una espada que un rey dará a otro rey
    y este rey a un sueño,
    una espada que será leal
    hasta una hora que ya sabe el Destino,
    una espada que iluminará la batalla.

    — «El otro, el mismo» (1964). Jorge Luis Borges

    Edición: Yo, ft.Ayla.
    Una espada, una espada de hierro forjada en el frío del alba, una espada con runas que nadie podrá desoír ni descifrar del todo, una espada del Báltico que será cantada en Nortumbria, Una espada que los poetas igualarán al hielo y al fuego, una espada que un rey dará a otro rey y este rey a un sueño, una espada que será leal hasta una hora que ya sabe el Destino, una espada que iluminará la batalla. — «El otro, el mismo» (1964). Jorge Luis Borges Edición: Yo, ft.Ayla.
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  • .✦ ݁˖ ; 𝙻𝚕é𝚟𝚊𝚖𝚎 𝚊 𝚌𝚊𝚜𝚊.
    .
    .
    .
    .✦ ݁˖ ᴍᴏᴏᴅ
    https://youtu.be/gpBijYcCHf0?si=SpkOrJF-1YjmPz8p
    .✦ ݁˖ ; 𝙻𝚕é𝚟𝚊𝚖𝚎 𝚊 𝚌𝚊𝚜𝚊. . . . .✦ ݁˖ ᴍᴏᴏᴅ https://youtu.be/gpBijYcCHf0?si=SpkOrJF-1YjmPz8p
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  • -Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.-

    -Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.-

    -Y sobre todos ellos reinaba una única figura.-

    -"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."-

    -Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.-

    -Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.-

    |No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|
    -Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.- -Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.- -Y sobre todos ellos reinaba una única figura.- -"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."- -Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.- -Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.- |No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|
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  • ¿Esposa decepcionada?:

    Zelkova sufrió una súbita revelación al contemplar a su amada; tan gallarda y hermosa como siempre, y sin embargo más distante que nunca.

    ●¿Nattasha?... ¿Sois vos?

    El clérigo echó a correr con júbilo desbordado, mas por más que apresuró el paso jamás logró alcanzarla.

    ●¡Aguardad! ¡No os marchéis! ¿Os he decepcionado?

    La tierra rugió bajo sus pies. Un violento estremecimiento hendió el suelo frente a él, separándolo aún más de aquella silueta que tanto anhelaba.

    ●Perdonadme... Lo intento, os juro que lo intento... Busqué ese paraje que tantas veces visitabais en vuestros ensueños, mas continúo errante, combatiendo enemigos que representan una amenaza para todos. Me siento solo... No, he hallado compañía, pero temo que se exponga a peligros en mi nombre.

    Apretó el puño contra su pecho, como si pretendiera contener el dolor que lo desgarraba desde dentro.

    ●¿Qué debo hacer? Deseo esparcir vuestras cenizas, pero... pero...

    Las lágrimas surcaron sus mejillas.

    ●Estoy exhausto de contemplar a inocentes inmolados como reses llevadas al matadero. Temo que, si continúo enfrentándome a ellos, encontraré la muerte... y jamás podré cumplir la promesa que os hice. Decidme, amor mío... ¿qué debo hacer? ¡Decídmelo!

    Su voz se transformó en un desgarrador alarido que se perdió en el vacío. Ninguna respuesta llegó a sus oídos, pues aquello no era más que una pesadilla, una cruel ilusión forjada por sus propios tormentos. Su único consuelo fue volver a ver a su amor verdadero.
    ¿Esposa decepcionada?: Zelkova sufrió una súbita revelación al contemplar a su amada; tan gallarda y hermosa como siempre, y sin embargo más distante que nunca. ●¿Nattasha?... ¿Sois vos? El clérigo echó a correr con júbilo desbordado, mas por más que apresuró el paso jamás logró alcanzarla. ●¡Aguardad! ¡No os marchéis! ¿Os he decepcionado? La tierra rugió bajo sus pies. Un violento estremecimiento hendió el suelo frente a él, separándolo aún más de aquella silueta que tanto anhelaba. ●Perdonadme... Lo intento, os juro que lo intento... Busqué ese paraje que tantas veces visitabais en vuestros ensueños, mas continúo errante, combatiendo enemigos que representan una amenaza para todos. Me siento solo... No, he hallado compañía, pero temo que se exponga a peligros en mi nombre. Apretó el puño contra su pecho, como si pretendiera contener el dolor que lo desgarraba desde dentro. ●¿Qué debo hacer? Deseo esparcir vuestras cenizas, pero... pero... Las lágrimas surcaron sus mejillas. ●Estoy exhausto de contemplar a inocentes inmolados como reses llevadas al matadero. Temo que, si continúo enfrentándome a ellos, encontraré la muerte... y jamás podré cumplir la promesa que os hice. Decidme, amor mío... ¿qué debo hacer? ¡Decídmelo! Su voz se transformó en un desgarrador alarido que se perdió en el vacío. Ninguna respuesta llegó a sus oídos, pues aquello no era más que una pesadilla, una cruel ilusión forjada por sus propios tormentos. Su único consuelo fue volver a ver a su amor verdadero.
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  • En ocasiones como estas me pregunto, ¿Vale la pena? Mantener un apellido que solo me ha traído problemas, ser el heredero de algo que en verdad no quiero, ser el legendario ser que vino al mundo para sentarse en un trono. En verdad todo eso vale que yo pierda a la mujer que amo.

    A veces cuando miro mi espada, no veo algo que forjaron para defenderme ni para mantener a salvo a mi familia. Cuando veo mi reflejo en aquel afilado metal solo veo la herramienta para acabar con mi sufrimiento.
    En ocasiones como estas me pregunto, ¿Vale la pena? Mantener un apellido que solo me ha traído problemas, ser el heredero de algo que en verdad no quiero, ser el legendario ser que vino al mundo para sentarse en un trono. En verdad todo eso vale que yo pierda a la mujer que amo. A veces cuando miro mi espada, no veo algo que forjaron para defenderme ni para mantener a salvo a mi familia. Cuando veo mi reflejo en aquel afilado metal solo veo la herramienta para acabar con mi sufrimiento.
    Me entristece
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  • ⋆˙⟡ 𝙽𝚒𝚐𝚑𝚝 ~ 𝙽𝚒𝚐𝚑𝚝.
    .
    .
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    ⋆˙⟡ ᴍᴏᴏᴅ ;
    https://youtu.be/irOBM6iLPbo?si=RjpMadxj4PRUf74C
    ⋆˙⟡ 𝙽𝚒𝚐𝚑𝚝 ~ 𝙽𝚒𝚐𝚑𝚝. . . . ⋆˙⟡ ᴍᴏᴏᴅ ; https://youtu.be/irOBM6iLPbo?si=RjpMadxj4PRUf74C
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