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    — Odio en el alma,
    niebla que oculta el sol.
    Suelta y florece.
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  • La cabeza le daba vueltas mientras colgaba la llamada de su teléfono... Otra llamada no atendida, otra vez de vuelta en el buzón de voz, de nuevo un mensaje que había dejado con la esperanza de una respuesta que probablemente nunca llegaría.
    Suspiró mientras detenía sus pasos al andar por el pasillo del hotel, sin prestar verdadera atención a su alrededor sino hasta varios minutos después donde, distraídamente, observó la pared de su costado percatándose de un viejo cuadro que allí había colgado. Uno de tantos que ella misma había distribuido por el hotel. Nunca había sido fan o de presumirse a sí misma en cuadros, tal vez fuera la costumbre pero distintos de ellos solían mostrar que no era sólo una fundadora de un hotel de segunda.... Sino la misma princesa del infierno. Cuadros sola, otros con sus padres, otros sólo con su padre y otros como aquel que ahora observaba...

    Solo con su madre.

    Ella siempre se había visto espléndida en los cuadros tan cuidadosa y rigurosamente pintados a mano. Incluso en simples pinturas se podía notar la magnificencia de su madre como reina, el poder y la seguridad que ella irradiaba sólo con su sonrisa y su mirada. Siempre perfecta, siempre.... Ella.
    Mientras que, por otro lado, estaba ella a su lado tan sólo intentándolo. Ni siquiera siendo la sombra de lo que su madre era, de lo que su madre también había esperado que fuera. Aquello le había removido recuerdos del día en que ese cuadro había sido pintado....


    Sólo era otro día como cualquier otro, viviendo junto a su madre. Los sirvientes iban y venían mientras su madre sencillamente tarareaba en lo que se observaba en un espejo inspeccionando hasta el más mínimo de los detalles en su apariencia; que cada mechón de su cabello estuviese en su lugar, que ni una arruga se mostrara en sus prendas, que su corona estuviera perfecta sobre su cabeza e, incluso, que la sombra de sus ojos o el tinte de sus labios no se hubiera corrido ni siquiera un milímetro.

    — ¿Mamá? —

    Se había asomado por la puerta de la habitación, en realidad hacía varios minutos pero no se había atrevido a interrumpir a su madre. No cuando se la veía tan ocupada con ella misma por lo que había aguardado hasta que creyó había terminado.
    Recordaba a su madre voltear a su llamado, verla con el atuendo que había elegido para ella aunque portaba una postura más bien cohibida.

    — Ah, ah, Charlie. Cariño. ¿Qué dijimos de tu postura? No querrás verte tan.... Tú ¿No es cierto?

    Recordaba su sonrisa, tan cálida, tan segura, mientras se acercaba con elegante andar hasta ella para modificar su postura. Alzando su cabeza desde el mentón, la espalda recta.
    Al acabar la había observado con aquella mirada tan crítica, tan pensativa, tan solo un momento antes de negar con la cabeza e ir a su tocador donde revolvió entre sus cosas acercándose con un labial en manos.

    — Quédate quieta, sólo un poco más...

    Había tomado su rostro desde el mentón, pintando sus labios mientras ella se dejaba dócilmente ni siquiera atreviéndose a hablar para no arruinar el arduo trabajo que hacía en ella.

    — Y listo. Ahora sí te pareces un poco más a mi

    Su risa, tan melodiosa, elegante. Su propio corazón hinchándose de alegría cuando decía se le parecía pues nada anhelaba más que ser como su madre, tener su misma seguridad, su aura, su destreza... Ella era la reina que aspiraba a hacer.
    Siempre servicial pensando en el bienestar de los pecadores, de su pueblo, pero sin olvidarse de ella misma.
    Habiéndola tomado de los hombros la había animado a acercarse a un espejo donde ambas se posaron delante mientras los imps comenzaban a preparar los materiales para el cuadro de ambas que se pintaría.

    — Y no lo olvides, Charlie. Mantén la cabeza en alto, muéstrate segura y recuerda que un día el trono será tuyo... Entonces tal vez puedas ser como yo un día.
    Ow, pero no te preocupes. Yo sí creo en ti ¿Quién lo haría sino tu madre?


    Su madre creía, como siempre lo había hecho. Volvió a bajar la mirada del cuadro a su celular... Ni un mensaje. Ni una llamada devuelta. Frunció el ceño con cierta tristeza por ello pero enseguida sacudió la cabeza; debía recordar lo que su madre le había enseñado. Debía enorgullecerla aún si ahora no podía verla.
    Su madre creía en ella y eso era todo lo que necesitaba. Debía seguir sus pasos
    La cabeza le daba vueltas mientras colgaba la llamada de su teléfono... Otra llamada no atendida, otra vez de vuelta en el buzón de voz, de nuevo un mensaje que había dejado con la esperanza de una respuesta que probablemente nunca llegaría. Suspiró mientras detenía sus pasos al andar por el pasillo del hotel, sin prestar verdadera atención a su alrededor sino hasta varios minutos después donde, distraídamente, observó la pared de su costado percatándose de un viejo cuadro que allí había colgado. Uno de tantos que ella misma había distribuido por el hotel. Nunca había sido fan o de presumirse a sí misma en cuadros, tal vez fuera la costumbre pero distintos de ellos solían mostrar que no era sólo una fundadora de un hotel de segunda.... Sino la misma princesa del infierno. Cuadros sola, otros con sus padres, otros sólo con su padre y otros como aquel que ahora observaba... Solo con su madre. Ella siempre se había visto espléndida en los cuadros tan cuidadosa y rigurosamente pintados a mano. Incluso en simples pinturas se podía notar la magnificencia de su madre como reina, el poder y la seguridad que ella irradiaba sólo con su sonrisa y su mirada. Siempre perfecta, siempre.... Ella. Mientras que, por otro lado, estaba ella a su lado tan sólo intentándolo. Ni siquiera siendo la sombra de lo que su madre era, de lo que su madre también había esperado que fuera. Aquello le había removido recuerdos del día en que ese cuadro había sido pintado.... Sólo era otro día como cualquier otro, viviendo junto a su madre. Los sirvientes iban y venían mientras su madre sencillamente tarareaba en lo que se observaba en un espejo inspeccionando hasta el más mínimo de los detalles en su apariencia; que cada mechón de su cabello estuviese en su lugar, que ni una arruga se mostrara en sus prendas, que su corona estuviera perfecta sobre su cabeza e, incluso, que la sombra de sus ojos o el tinte de sus labios no se hubiera corrido ni siquiera un milímetro. — ¿Mamá? — Se había asomado por la puerta de la habitación, en realidad hacía varios minutos pero no se había atrevido a interrumpir a su madre. No cuando se la veía tan ocupada con ella misma por lo que había aguardado hasta que creyó había terminado. Recordaba a su madre voltear a su llamado, verla con el atuendo que había elegido para ella aunque portaba una postura más bien cohibida. — Ah, ah, Charlie. Cariño. ¿Qué dijimos de tu postura? No querrás verte tan.... Tú ¿No es cierto? Recordaba su sonrisa, tan cálida, tan segura, mientras se acercaba con elegante andar hasta ella para modificar su postura. Alzando su cabeza desde el mentón, la espalda recta. Al acabar la había observado con aquella mirada tan crítica, tan pensativa, tan solo un momento antes de negar con la cabeza e ir a su tocador donde revolvió entre sus cosas acercándose con un labial en manos. — Quédate quieta, sólo un poco más... Había tomado su rostro desde el mentón, pintando sus labios mientras ella se dejaba dócilmente ni siquiera atreviéndose a hablar para no arruinar el arduo trabajo que hacía en ella. — Y listo. Ahora sí te pareces un poco más a mi Su risa, tan melodiosa, elegante. Su propio corazón hinchándose de alegría cuando decía se le parecía pues nada anhelaba más que ser como su madre, tener su misma seguridad, su aura, su destreza... Ella era la reina que aspiraba a hacer. Siempre servicial pensando en el bienestar de los pecadores, de su pueblo, pero sin olvidarse de ella misma. Habiéndola tomado de los hombros la había animado a acercarse a un espejo donde ambas se posaron delante mientras los imps comenzaban a preparar los materiales para el cuadro de ambas que se pintaría. — Y no lo olvides, Charlie. Mantén la cabeza en alto, muéstrate segura y recuerda que un día el trono será tuyo... Entonces tal vez puedas ser como yo un día. Ow, pero no te preocupes. Yo sí creo en ti ¿Quién lo haría sino tu madre? Su madre creía, como siempre lo había hecho. Volvió a bajar la mirada del cuadro a su celular... Ni un mensaje. Ni una llamada devuelta. Frunció el ceño con cierta tristeza por ello pero enseguida sacudió la cabeza; debía recordar lo que su madre le había enseñado. Debía enorgullecerla aún si ahora no podía verla. Su madre creía en ella y eso era todo lo que necesitaba. Debía seguir sus pasos
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  • Odio que me mires asi , como si fuera flagir como una ecarcha .... no vuelvas a verme asi
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  • #Undiaenlavidade Erik Silverfang

    - ¿Es esto una cita? .- La mujer sonríe de forma cálida, con esos hermosos labios de color carmesí que la caracterizaban en los encuentros más especiales. - ¿O es que te has visto tan desesperado que has acudido a la única persona en este mundo que parece no abandonarte a pesar de que tú sí la dejaste de lado?.- se apoya sobre la pared, de espaldas al vástago, observando el atardecer desde aquella azotea.

    El vampiro calla, apartando la mirada.

    Era cierto que había acudido a su puerta, como hubiera hecho hacía ya demasiados años atrás, sin saber exactamente qué buscaba, pero con la única certeza que a sus golpes, respondería, como él hubiera respondido a su particular llamada. En lo más hondo de su ser, en lo más profundo de su alma, pesa a intentar oponerse y negarlo con todas sus fuerzas, había algo que le seguía fascinando en la forma en que era tratado por aquella mujer.

    - ¿No vas a responder? Por favor, no me hagas obligarte... anda, ven, esta vez por voluntad propia, por favor.-

    Erik duda por un instante, pero a pesar de su más que claro orgullo que parecía querer imponerse, finalmente sus piernas obedecen a esa petición sutilmente ordenada, llegando a su lado y observando, al igual que ella, ese atardecer en la ciudad de París.

    - Siempre has tenido un lado romántico, no lo puedes evitar. Esa faceta de ti me gustaba, y de hecho me sigue gustando, pese al tiempo y la distancia. No te he querido molestar, dado que sabía que eras más feliz al lado de otra mujer y que yo, tan sólo fui maestra de alguien descarriado, el cual parece que ha vuelto a perderse. Y pensar... que todo parecía darse por la aparente diferencia de edad y resulta... resulta que el cachorro no aparenta los siglos que tiene...-

    Se pudo notar una sutil provocación en la forma en la que se había dirigido a él. Aquella palabra le hizo estremecer, apretar los nudillos y sentir cómo se le erizaba el cabello de la nuca.

    - Yo... yo no...-

    - Shhh... tranquilo, sé que no pretendías desvelarte a los ojos de una mortal, tranquilo. Pero agradezco que finalmente adquirieras la confianza suficiente como para poder hacerlo, más teniendo en cuenta la relación que hemos llevado hasta ahora y que no sé si quieres volver a tener.-Los ojos de la mujer se clavan en el vampiro y él siente todo el peso de aquella mirada sobre sus hombros.

    Se sentía asfixiado, cohibido, sometido a la voluntad de una mujer que había sabido dominarlo desde el mismo instante en el que se conocieron. Ella tan segura, él tan perdido, pese a los años y años de experiencia en aquél plano terrenal. Había sido tan intensa, tan fuerte la conexión, que él por mucho tiempo, había creído que ella tenía poderes, poderes que no había sabido identificar y sin embargo, por más que la hubiera analizado, nada hacía sospechar de tal hecho. Era pura presencia, pura habilidad, pura seguridad en sí misma, y él, pese a todo, gustoso se había arrodillado cuando ella así se lo hubo ordenado.

    - Sé lo que anhelas, cachorro, lo sé muy bien. Quieres volver a ceder el control, quieres volver a sentirte liberado de la responsabilidad, a obedecer sin rechistar, sin mayores deseos que el complacer a tu señora, sin mayores preocupaciones. Puedo verlo en tus ojos, quieres ser ajeno a la vida que te rodea, a esos sentimientos que te afligen, que te abaten y que muestran de ti algo que por desgracia, en el fondo eres y no te puedes deshacer de ello. Deja que te ayude... cachorro...-

    Como si de un embrujo se tratara, el vampiro abrió sus labios, queriendo hablar, pero tan solo emitiendo un pequeño quejido, el que emite alguien que siente cómo lo acaban de desnudar y no tiene lugar en el que esconderse. Eleva su mirar y lo baja inmediatamente cuando ve a esa mujer ante él, erguida, poderosa.

    - De rodillas, cachorro...-

    Erik obedece, primero una pierna y luego otra. Agacha finalmente la cabeza, en señal de rendición y pleitesía.

    Ella da un paso y coloca su mano sobre la cabeza de él, acariciando su cabello y enredando ligeramente sus dedos entre los mechones. Él, por una vez en mucho tiempo, siente calma y paz. Nota que a través de esa caricia su dolor se desvanece, su miedo pasa a un segundo plano y toda su realidad se torna clara, cristalina y transparente. No hay peligro, no hay odio, no hay sed, tan sólo devoción, obediencia y sumisión.

    - Buen chico...- desliza la mano dentro de su abrigo y del bolsillo interno saca un objeto que el vástago reconoce.

    Él eleva la mirada hacia ese accesorio, contemplando una vez más ante sus ojos el collar de cuero tintado en tono carmesí, con tachuelas, que una vez hubiera engalanado su cuello.

    - Lo reservaba para tu regreso, cachorro, y ahora, es la hora de que vuelva al lugar que le corresponde.- ella se agacha ligeramente y con una maestría que en nada les sorprende, cierra el broche alrededor de la garganta del vástago.

    De forma instintiva, él lo acaricia, dejando escapar una pequeña sonrisa, siendo aquello muestra inequívoca del lazo cerrado, de nuevo, entre ambos. Aquél símbolo era un ancla, una promesa, una certeza de realidad y por ello, le estaba agradecido.

    - Y ahora, levántate. Vamos a disfrutar de lo que la noche de París nos aguarda para nosotros, cachorro. Disfruta de tu nueva libertad y vivamos como si nunca fuera a haber un nuevo amanecer.-

    Erik se alza, con una fuerza renovada, sintiendo orgullo a la par que protección.

    - Sí, mi señora.-

    Finalmente, el sol se oculta en el horizonte y aquella azotea queda desierta, dejando cómo único testigo de su paso, el sonido de la puerta al cerrarse.
    #Undiaenlavidade Erik Silverfang - ¿Es esto una cita? .- La mujer sonríe de forma cálida, con esos hermosos labios de color carmesí que la caracterizaban en los encuentros más especiales. - ¿O es que te has visto tan desesperado que has acudido a la única persona en este mundo que parece no abandonarte a pesar de que tú sí la dejaste de lado?.- se apoya sobre la pared, de espaldas al vástago, observando el atardecer desde aquella azotea. El vampiro calla, apartando la mirada. Era cierto que había acudido a su puerta, como hubiera hecho hacía ya demasiados años atrás, sin saber exactamente qué buscaba, pero con la única certeza que a sus golpes, respondería, como él hubiera respondido a su particular llamada. En lo más hondo de su ser, en lo más profundo de su alma, pesa a intentar oponerse y negarlo con todas sus fuerzas, había algo que le seguía fascinando en la forma en que era tratado por aquella mujer. - ¿No vas a responder? Por favor, no me hagas obligarte... anda, ven, esta vez por voluntad propia, por favor.- Erik duda por un instante, pero a pesar de su más que claro orgullo que parecía querer imponerse, finalmente sus piernas obedecen a esa petición sutilmente ordenada, llegando a su lado y observando, al igual que ella, ese atardecer en la ciudad de París. - Siempre has tenido un lado romántico, no lo puedes evitar. Esa faceta de ti me gustaba, y de hecho me sigue gustando, pese al tiempo y la distancia. No te he querido molestar, dado que sabía que eras más feliz al lado de otra mujer y que yo, tan sólo fui maestra de alguien descarriado, el cual parece que ha vuelto a perderse. Y pensar... que todo parecía darse por la aparente diferencia de edad y resulta... resulta que el cachorro no aparenta los siglos que tiene...- Se pudo notar una sutil provocación en la forma en la que se había dirigido a él. Aquella palabra le hizo estremecer, apretar los nudillos y sentir cómo se le erizaba el cabello de la nuca. - Yo... yo no...- - Shhh... tranquilo, sé que no pretendías desvelarte a los ojos de una mortal, tranquilo. Pero agradezco que finalmente adquirieras la confianza suficiente como para poder hacerlo, más teniendo en cuenta la relación que hemos llevado hasta ahora y que no sé si quieres volver a tener.-Los ojos de la mujer se clavan en el vampiro y él siente todo el peso de aquella mirada sobre sus hombros. Se sentía asfixiado, cohibido, sometido a la voluntad de una mujer que había sabido dominarlo desde el mismo instante en el que se conocieron. Ella tan segura, él tan perdido, pese a los años y años de experiencia en aquél plano terrenal. Había sido tan intensa, tan fuerte la conexión, que él por mucho tiempo, había creído que ella tenía poderes, poderes que no había sabido identificar y sin embargo, por más que la hubiera analizado, nada hacía sospechar de tal hecho. Era pura presencia, pura habilidad, pura seguridad en sí misma, y él, pese a todo, gustoso se había arrodillado cuando ella así se lo hubo ordenado. - Sé lo que anhelas, cachorro, lo sé muy bien. Quieres volver a ceder el control, quieres volver a sentirte liberado de la responsabilidad, a obedecer sin rechistar, sin mayores deseos que el complacer a tu señora, sin mayores preocupaciones. Puedo verlo en tus ojos, quieres ser ajeno a la vida que te rodea, a esos sentimientos que te afligen, que te abaten y que muestran de ti algo que por desgracia, en el fondo eres y no te puedes deshacer de ello. Deja que te ayude... cachorro...- Como si de un embrujo se tratara, el vampiro abrió sus labios, queriendo hablar, pero tan solo emitiendo un pequeño quejido, el que emite alguien que siente cómo lo acaban de desnudar y no tiene lugar en el que esconderse. Eleva su mirar y lo baja inmediatamente cuando ve a esa mujer ante él, erguida, poderosa. - De rodillas, cachorro...- Erik obedece, primero una pierna y luego otra. Agacha finalmente la cabeza, en señal de rendición y pleitesía. Ella da un paso y coloca su mano sobre la cabeza de él, acariciando su cabello y enredando ligeramente sus dedos entre los mechones. Él, por una vez en mucho tiempo, siente calma y paz. Nota que a través de esa caricia su dolor se desvanece, su miedo pasa a un segundo plano y toda su realidad se torna clara, cristalina y transparente. No hay peligro, no hay odio, no hay sed, tan sólo devoción, obediencia y sumisión. - Buen chico...- desliza la mano dentro de su abrigo y del bolsillo interno saca un objeto que el vástago reconoce. Él eleva la mirada hacia ese accesorio, contemplando una vez más ante sus ojos el collar de cuero tintado en tono carmesí, con tachuelas, que una vez hubiera engalanado su cuello. - Lo reservaba para tu regreso, cachorro, y ahora, es la hora de que vuelva al lugar que le corresponde.- ella se agacha ligeramente y con una maestría que en nada les sorprende, cierra el broche alrededor de la garganta del vástago. De forma instintiva, él lo acaricia, dejando escapar una pequeña sonrisa, siendo aquello muestra inequívoca del lazo cerrado, de nuevo, entre ambos. Aquél símbolo era un ancla, una promesa, una certeza de realidad y por ello, le estaba agradecido. - Y ahora, levántate. Vamos a disfrutar de lo que la noche de París nos aguarda para nosotros, cachorro. Disfruta de tu nueva libertad y vivamos como si nunca fuera a haber un nuevo amanecer.- Erik se alza, con una fuerza renovada, sintiendo orgullo a la par que protección. - Sí, mi señora.- Finalmente, el sol se oculta en el horizonte y aquella azotea queda desierta, dejando cómo único testigo de su paso, el sonido de la puerta al cerrarse.
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    User enferma de influenza:
    Voy voy en hiatus.
    Los odio a todos por estar contagiada.
    User enferma de influenza: Voy voy en hiatus. Los odio a todos por estar contagiada.
    Me entristece
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  • Otra noche más, otro objetivo más, la vida de la cazadora se basaba en eso, cazar... Cazar... Cazar... Odiaba a los vampiros, un odio pasado de generación en generación, una doctrina tan severa como cruel.

    La casa estaba vacía, la oscuridad reinaba, el trabajo ya estaba hecho, pero podía aprovechar para... Divertirse. El vampiro yacía en el suelo, rodeado en un charco de su propia sangre. Anneliese observó un momento por la ventana. — Vamos a ver... ¿Por dónde empiezo? — Preguntaba aparentemente a la nada, pero realmente era al propio vampiro.

    Observó a la criatura, una sonrisa genuina en su rostro, cosa que solo logró que la situación se tornara más escalofriante. El vampiro forcejeó, tratando de ponerse en pie, momento en que Anneliese apuntó su arma y descargó 4 balas, 2 en la zona lumbar y 1 en cada hombro, acto seguido, recargó. — Oh no, no te puedes levantar sin mi permiso. — Los gemidos de dolor del vampiro llenaban el lugar.

    Sus ojos seguían la figura del vampiro ¿Realmente esto tenía un propósito? Se supone que era un interrogatorio, pero parecía que solamente estaba ensañándose. Anne se acercó al vampiro, pisando su cabeza. — ¿Quién te envió a por mi? — La lentitud con la que pronunció las palabras mandó escalofríos por la columna del chupasangre.

    Un forcejeo inútil, no respondió a la pregunta. Anneliese apartó el pie, y cuando parecía que la tortura había llegado a un receso, una navaja de plata se clavó en el hombro del vampiro. — Oye, oye, te hice una pregunta, es de mala educación no responder. — Con fuerza, comenzó a retorcer la navaja. — Vamos ¿No quieres que esto acabe ya? — Susurró al oído de la criatura, y fue entonces que su pregunta halló respuesta.

    V: ⸺ N-no me dieron nombre, solo me dijeron... ⸺

    Sacó la navaja, solamente para volver a clavarla en la espalda del vampiro. — Fíjate... No me gustó esa respuesta, intentémoslo otra vez. — Retorció la navaja nuevamente, el vampiro ahora mismo era incapaz de hablar, pero haría falta más que eso para matarlo.

    V: ⸺ P-por favor... Digo la verdad... ⸺

    Pasaron unos segundos, la mirada de la cazadora estaba fija sobre los ojos de la criatura, entonces sacó la navaja. — Está bien, te creo. — Comentó con total calma, mostrando una suave sonrisa.

    V: ⸺ Ent- ⸺

    Ni siquiera tuvo la oportunidad de hablar cuando la navaja atravesó su cráneo y, con fuerza, lo abrió como quien abre una naranja. Un suspiro escapó los labios de la cazadora. — Al menos fue divertido. — Sacó su zippo de su abrigo y se encendió un cigarrillo. — Tocará limpiar... — Encendió nuevamente el zippo, las llamas de este serpentearon hasta que envolvieron el cuerpo inherte del vampiro... Ahora solo quedaba esperar.
    Otra noche más, otro objetivo más, la vida de la cazadora se basaba en eso, cazar... Cazar... Cazar... Odiaba a los vampiros, un odio pasado de generación en generación, una doctrina tan severa como cruel. La casa estaba vacía, la oscuridad reinaba, el trabajo ya estaba hecho, pero podía aprovechar para... Divertirse. El vampiro yacía en el suelo, rodeado en un charco de su propia sangre. Anneliese observó un momento por la ventana. — Vamos a ver... ¿Por dónde empiezo? — Preguntaba aparentemente a la nada, pero realmente era al propio vampiro. Observó a la criatura, una sonrisa genuina en su rostro, cosa que solo logró que la situación se tornara más escalofriante. El vampiro forcejeó, tratando de ponerse en pie, momento en que Anneliese apuntó su arma y descargó 4 balas, 2 en la zona lumbar y 1 en cada hombro, acto seguido, recargó. — Oh no, no te puedes levantar sin mi permiso. — Los gemidos de dolor del vampiro llenaban el lugar. Sus ojos seguían la figura del vampiro ¿Realmente esto tenía un propósito? Se supone que era un interrogatorio, pero parecía que solamente estaba ensañándose. Anne se acercó al vampiro, pisando su cabeza. — ¿Quién te envió a por mi? — La lentitud con la que pronunció las palabras mandó escalofríos por la columna del chupasangre. Un forcejeo inútil, no respondió a la pregunta. Anneliese apartó el pie, y cuando parecía que la tortura había llegado a un receso, una navaja de plata se clavó en el hombro del vampiro. — Oye, oye, te hice una pregunta, es de mala educación no responder. — Con fuerza, comenzó a retorcer la navaja. — Vamos ¿No quieres que esto acabe ya? — Susurró al oído de la criatura, y fue entonces que su pregunta halló respuesta. V: ⸺ N-no me dieron nombre, solo me dijeron... ⸺ Sacó la navaja, solamente para volver a clavarla en la espalda del vampiro. — Fíjate... No me gustó esa respuesta, intentémoslo otra vez. — Retorció la navaja nuevamente, el vampiro ahora mismo era incapaz de hablar, pero haría falta más que eso para matarlo. V: ⸺ P-por favor... Digo la verdad... ⸺ Pasaron unos segundos, la mirada de la cazadora estaba fija sobre los ojos de la criatura, entonces sacó la navaja. — Está bien, te creo. — Comentó con total calma, mostrando una suave sonrisa. V: ⸺ Ent- ⸺ Ni siquiera tuvo la oportunidad de hablar cuando la navaja atravesó su cráneo y, con fuerza, lo abrió como quien abre una naranja. Un suspiro escapó los labios de la cazadora. — Al menos fue divertido. — Sacó su zippo de su abrigo y se encendió un cigarrillo. — Tocará limpiar... — Encendió nuevamente el zippo, las llamas de este serpentearon hasta que envolvieron el cuerpo inherte del vampiro... Ahora solo quedaba esperar.
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  • #UnDíaenlavidade Mike Spellman

    El despertador suena como cada mañana de entre semana, a las 6:15 de la mañana.
    Normalmente suelo ducharme por las noches, ayer cene más tarde de lo habitual.

    Después de ducharme y vestirme, en la cocina Paulina nuestra sirvienta ya tiene preparado el desayuno.
    Mi madre como siempre sea marchado muy temprano sin desayunar, mi padre y yo desayunamos cada mañana juntos.

    Antes de ir al trabajo me lleva al instituto, hoy después de clases tengo reunión con mi grupo de Dragones y mazmorras.

    Las clases fueron rápidas y aburridas, durante la reunión para hablar de nuestra próxima batalla, pedimos dos pizzas familiares.

    Regrese a casa justo para ocuparme de poner una lavadora y mientras aprovecho para hacer los deberes.

    Paulina no viene todos los días solo los lunes y miércoles, por las mañanas.

    Mis padres van a llegar tarde, por lo que después de sacar mi ropa de la secadora, hice algo rápido para hacerme la cena y mientras como veo un episodio de “ Peaky Blinders”

    Antes de meterme en la cama conecto el móvil para que cargue durante la noche.
    #UnDíaenlavidade Mike Spellman El despertador suena como cada mañana de entre semana, a las 6:15 de la mañana. Normalmente suelo ducharme por las noches, ayer cene más tarde de lo habitual. Después de ducharme y vestirme, en la cocina Paulina nuestra sirvienta ya tiene preparado el desayuno. Mi madre como siempre sea marchado muy temprano sin desayunar, mi padre y yo desayunamos cada mañana juntos. Antes de ir al trabajo me lleva al instituto, hoy después de clases tengo reunión con mi grupo de Dragones y mazmorras. Las clases fueron rápidas y aburridas, durante la reunión para hablar de nuestra próxima batalla, pedimos dos pizzas familiares. Regrese a casa justo para ocuparme de poner una lavadora y mientras aprovecho para hacer los deberes. Paulina no viene todos los días solo los lunes y miércoles, por las mañanas. Mis padres van a llegar tarde, por lo que después de sacar mi ropa de la secadora, hice algo rápido para hacerme la cena y mientras como veo un episodio de “ Peaky Blinders” Antes de meterme en la cama conecto el móvil para que cargue durante la noche.
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  • "Genial! Dia de playa!" *me quito las gafas de sol* "por primera vez odio un poco menos los lunes"
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  • 𝖬𝖨𝖭-𝖩𝖨 𝖬𝖮𝖣𝖤: 𝖴𝗇𝖼𝖾𝗇𝗌𝗈𝗋𝖾𝖽
    𝖢𝖺𝗉ı́𝗍𝗎𝗅𝗈 𝟼. 𝙵𝙰𝙲𝙴 𝚁𝙴𝚅𝙴𝙰𝙻 𝙳𝙴 𝙰𝙳𝙾, 𝙰𝙻𝙱𝚄𝙼 𝙳𝙴 𝙱𝙻𝙰𝙲𝙺𝙿𝙸𝙽𝙺, 𝙽𝙼𝙸𝚇𝚇 "𝚃𝙸𝙲 𝚃𝙸𝙲"

    ¡Hola familia!
    En el episodio de hoy vengo a charlar con vosotros sobre varias novedades que ha habido en la industria musical asiática, y si, no me ciño esta vez sólo a la coreana porque tengo que hablar de Ado.

    Ado, para quien no la conozca, es una cantante japonesa que debutó con 17 años sin revelar su rostro, usando un avatar, en 2020. Ella, hasta este año 2026 había mantenido en secreto su identidad, poniendo el foco en su voz e interpretación. El día 28 de febrero, ella lanzó una canción donde, de manera inesperada, reveló, aunque sea de manera parcial, su rostro, lo que supone un cambio importante en su carrera. Es cierto que ella ya tiene 22 años, llevas 6 años de carrera y tiene mayor bagaje y experiencia, lo que le habrá dado esa confianza para dar este paso. Imagino que lo habrá hecho como "regalo" a esos fans que llevan desde el principio apoyándola.

    Por otro lado, cambiando de tercio, tenemos a BLACKPINK y su canción GO, que, sinceramente. . . no me ha convencido para nada, quizá le de alguna otra escucha, pero de primeras se me hizo lenta y pesada, lo que nunca es buena señal. El resto del albún, lo escucharé, si lo hago, cuando tenga algo de tiempo.

    Por último, mencionar que escuché la nueva canción de NMIXX "TIC TIC", no es su mejor canción, pero si que es buena y pegadiza, me hace falta escucharla algunas veces más para terminar de engancharme.

    Hasta aquí el episodio de hoy, ha sido corto, pero muy intenso.

    ¡El próximo día más y esperemos que mejor!
    ¡Nos vemos!
    Se despide,
    Minji.
    𝖬𝖨𝖭-𝖩𝖨 𝖬𝖮𝖣𝖤: 𝖴𝗇𝖼𝖾𝗇𝗌𝗈𝗋𝖾𝖽 𝖢𝖺𝗉ı́𝗍𝗎𝗅𝗈 𝟼. 𝙵𝙰𝙲𝙴 𝚁𝙴𝚅𝙴𝙰𝙻 𝙳𝙴 𝙰𝙳𝙾, 𝙰𝙻𝙱𝚄𝙼 𝙳𝙴 𝙱𝙻𝙰𝙲𝙺𝙿𝙸𝙽𝙺, 𝙽𝙼𝙸𝚇𝚇 "𝚃𝙸𝙲 𝚃𝙸𝙲" ¡Hola familia! En el episodio de hoy vengo a charlar con vosotros sobre varias novedades que ha habido en la industria musical asiática, y si, no me ciño esta vez sólo a la coreana porque tengo que hablar de Ado. Ado, para quien no la conozca, es una cantante japonesa que debutó con 17 años sin revelar su rostro, usando un avatar, en 2020. Ella, hasta este año 2026 había mantenido en secreto su identidad, poniendo el foco en su voz e interpretación. El día 28 de febrero, ella lanzó una canción donde, de manera inesperada, reveló, aunque sea de manera parcial, su rostro, lo que supone un cambio importante en su carrera. Es cierto que ella ya tiene 22 años, llevas 6 años de carrera y tiene mayor bagaje y experiencia, lo que le habrá dado esa confianza para dar este paso. Imagino que lo habrá hecho como "regalo" a esos fans que llevan desde el principio apoyándola. Por otro lado, cambiando de tercio, tenemos a BLACKPINK y su canción GO, que, sinceramente. . . no me ha convencido para nada, quizá le de alguna otra escucha, pero de primeras se me hizo lenta y pesada, lo que nunca es buena señal. El resto del albún, lo escucharé, si lo hago, cuando tenga algo de tiempo. Por último, mencionar que escuché la nueva canción de NMIXX "TIC TIC", no es su mejor canción, pero si que es buena y pegadiza, me hace falta escucharla algunas veces más para terminar de engancharme. Hasta aquí el episodio de hoy, ha sido corto, pero muy intenso. ¡El próximo día más y esperemos que mejor! ¡Nos vemos! Se despide, Minji.
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  • VINCENT:No puedo hacer esto. Alastor pisoteó mis sentimientos...

    Pero todavía lo amo... Siempre lo amaré.

    Vox:¿Estás dudando? ¿Después de todo lo que te ha hecho?

    Ese dolor solo empeora con cada año que pasa.

    Toma. Esta es un arma forjada con acero angelical.

    Con ella, puedes borrar el alma de un pecador para siempre

    -vincent sostuvo el cuchillo entre sus dedos temblorosos estando a tan solo un paso y una inclinación de matar de una vez por todas al demonio de la radio ya se ganó la confianza de ambos idiotas solo para lograr aquello, su venganza pero después de la convivencia con ellos sus sentimientos se han mezclado entre odio y amor.
    Trago saliva en seco le costaba hacer algo sus sentimientos lo estaban traicionando de nuevo -
    VINCENT:No puedo hacer esto. Alastor pisoteó mis sentimientos... Pero todavía lo amo... Siempre lo amaré. Vox:¿Estás dudando? ¿Después de todo lo que te ha hecho? Ese dolor solo empeora con cada año que pasa. Toma. Esta es un arma forjada con acero angelical. Con ella, puedes borrar el alma de un pecador para siempre -vincent sostuvo el cuchillo entre sus dedos temblorosos estando a tan solo un paso y una inclinación de matar de una vez por todas al demonio de la radio ya se ganó la confianza de ambos idiotas solo para lograr aquello, su venganza pero después de la convivencia con ellos sus sentimientos se han mezclado entre odio y amor. Trago saliva en seco le costaba hacer algo sus sentimientos lo estaban traicionando de nuevo -
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