• (Se escucha el estático de una radio antigua, seguido por un ruidoso chirrido de un micrófono siendo ajustado)

    ¡Muy buenos días, tardes, y noches mi querida audiencia que sintoniza esta frecuencia infernal¿Cómo va su eterna condena el día de hoy? ¿Mal? ¿Peor? ¿Terriblemente abrumadora? ¡Jajajajaja! ¡Excelente! ¡A nadie le importa! El sufrimiento es el condimento de la vida... o de la muerte, en nuestro caso.
    Pero basta de charlas triviales sobre sus patéticas miserias. Estoy aquí porque mis oídos ya no soportan el lamento agónico que emana de sus dispositivos modernos. Si vuelvo a escuchar un solo segundo de ese tal "Bad Bunny", me veré obligado a sintonizar sus gritos personalmente. ¡Esa cacofonía de balbuceos y ritmos sintéticos no es música, es una ofensa al buen gusto!
    ¡Presten atención, mis condenados oyentes, y dejen que les brinde una pizca de verdadera cultura! En mis tiempos, el talento no se compraba en una caja de ritmos y el "autotune" era un concepto inexistente. ¡Había que tener voz, alma y un toque de locura!

    (Se escucha el chasquido mecánico presionando un botón. El sonido de una aguja recorriendo el surco de un vinilo llena el aire con un ligero siseo clásico antes de que la melodía estalle)

    ¡Afinen sus oídos, si es que todavía les queda algo de sensibilidad auditiva, y deléitense con esta joya del pasado!

    (Mientras la música inunda la cabina con una elegancia de otro siglo, comencé a tararear, mi voz fundiéndose con la melodía. Aunque mis oyentes solo perciben la transmisión impecable, él se balancea al ritmo de la orquesta, cerrando los ojos y dejando que la nostalgia lo envuelva. Sus labios se mueven con precisión quirúrgica, cantando cada nota con un deleite privado, redescubriendo la belleza de una era donde la música aún tenía corazón.)



    https://youtu.be/rAhVig7uaq4?si=iLObbx-QITq_okA1
    (Se escucha el estático de una radio antigua, seguido por un ruidoso chirrido de un micrófono siendo ajustado) 🎙️¡Muy buenos días, tardes, y noches mi querida audiencia que sintoniza esta frecuencia infernal🎙️¿Cómo va su eterna condena el día de hoy? ¿Mal? ¿Peor? ¿Terriblemente abrumadora? ¡Jajajajaja! ¡Excelente! ¡A nadie le importa! El sufrimiento es el condimento de la vida... o de la muerte, en nuestro caso. 🎙️Pero basta de charlas triviales sobre sus patéticas miserias. Estoy aquí porque mis oídos ya no soportan el lamento agónico que emana de sus dispositivos modernos. Si vuelvo a escuchar un solo segundo de ese tal "Bad Bunny", me veré obligado a sintonizar sus gritos personalmente. 🎙️¡Esa cacofonía de balbuceos y ritmos sintéticos no es música, es una ofensa al buen gusto!🎙️ ¡Presten atención, mis condenados oyentes, y dejen que les brinde una pizca de verdadera cultura! En mis tiempos, el talento no se compraba en una caja de ritmos y el "autotune" era un concepto inexistente. ¡Había que tener voz, alma y un toque de locura!🎙️ (Se escucha el chasquido mecánico presionando un botón. El sonido de una aguja recorriendo el surco de un vinilo llena el aire con un ligero siseo clásico antes de que la melodía estalle) 🎙️¡Afinen sus oídos, si es que todavía les queda algo de sensibilidad auditiva, y deléitense con esta joya del pasado!🎙️ (Mientras la música inunda la cabina con una elegancia de otro siglo, comencé a tararear, mi voz fundiéndose con la melodía. Aunque mis oyentes solo perciben la transmisión impecable, él se balancea al ritmo de la orquesta, cerrando los ojos y dejando que la nostalgia lo envuelva. Sus labios se mueven con precisión quirúrgica, cantando cada nota con un deleite privado, redescubriendo la belleza de una era donde la música aún tenía corazón.) https://youtu.be/rAhVig7uaq4?si=iLObbx-QITq_okA1
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  • // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.//

    ────────────────────────────────────────

    Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro.

    Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad.


    La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith.

    Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia.


    Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos.


    Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal.


    No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos.
    En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora.


    Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida.
    Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba.
    Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca.


    ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí?

    Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto.

    Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella.

    ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad.

    El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar.

    El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar.

    Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía.

    El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera.

    Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto.

    Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal.

    Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores.

    --Pero cometieron un error.--

    Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra.

    Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros.

    Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar.

    Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre.

    En menos de cinco muntos, el silencio regresó.

    El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo.

    Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada.


    Uno de los hombres aún respiraba.
    Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él.

    Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo.
    ─── La próxima vez…
    Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago.
    ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad.

    Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia.

    Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez.

    Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
    // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.// ──────────────────────────────────────── Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro. Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad. La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith. Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia. Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos. Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal. No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos. En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora. Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida. Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca. ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí? Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto. Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella. ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad. El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar. El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar. Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía. El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera. Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto. Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal. Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores. --Pero cometieron un error.-- Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra. Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros. Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar. Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre. En menos de cinco muntos, el silencio regresó. El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo. Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada. Uno de los hombres aún respiraba. Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él. Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo. ─── La próxima vez… Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago. ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad. Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia. Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez. Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
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    Le perturbaba.

    El concepto del tiempo humano era, con sinceridad, un enigma indescifrable. ¿Habían pasado dos años? ¿Quizás tres? La magnitud de los ciclos terrestres se le escapaba entre los dedos. No hacía mucho (en términos cósmicos) que había sido despojado de su rango y de gran parte de su esencia, viéndose obligado a habitar un cuerpo ineficiente, un montón de carne y hueso que le resultaba humillante. Había tenido que aprender procesos rudimentarios, pero el que aún le exigía un esfuerzo visceral era el acto de caminar. Se desplazaba con la fragilidad de un cervatillo recién nacido: sus tobillos cedían con frecuencia y terminaba colapsando contra el suelo de forma estrepitosa. Sin embargo, ante la ausencia de otras facultades, el desplazamiento bipedal no era una opción, sino una condena necesaria.

    Sariel deambulaba por donde quería y cuando quería, dedicando una atención insana a cualquier detalle del entorno, siempre y cuando no fuera un rostro humano.

    La noción del dolor también era una novedad. A pesar de convivir con él desde su primer segundo de exilio, la sensación constante de tener la dermis desgarrada era una tortura más profunda de lo que sus escasas ganas de hablar podrían expresar. Incluso el acto de caminar se volvía un campo de minas; doblarse un pie no era placentero, y debía ser meticuloso con la fricción de la ropa sobre su espalda desollada o el contacto del dorso de sus manos con cualquier superficie. En comparación, las heridas circulares de su rostro eran un suplicio llevadero, algo que casi lograba ignorar.

    Prefería la noche. El día poseía una belleza que disfrutaba, pero la luz solar al incidir en él generaba una sobreexposición visual que le resultaba... incómoda. Sí, esa era la palabra. En la oscuridad, no solo poseía la agudeza visual de un depredador nocturno, sino que las personas se mantenía a una distancia prudente. No alcanzaba a comprender si era por su estatura inusual o por su gélida falta de respuesta, pero la soledad absoluta era un refugio mejor de lo que esperaba. Hacía más de ¿Un año? que no utilizaba su voz; el simple hecho de intentar organizar el sistema de unidades de tiempo le provocaba un mareo físico nauseabundo.

    Recientemente había descubierto la existencia de los dispositivos de captura audiovisual. Le resultaba vagamente entretenido el hecho de que su presencia fuera irrepresentable: en el mejor de los casos, la imagen era un granulado indescifrable; en el peor, el archivo simplemente sucumbía a la corrupción de datos. Esa invisibilidad digital era su mejor arma; no era un acto consciente, pero le daba una cierta paz el saber que nadie podría percibir su rostro a través de una lente.

    Aquella noche, mientras recorría una zona desolada y de iluminación precaria, sus piernas volvieron a ceder. Cayó de costado por segunda vez en el día; una cuota mínima de torpeza para sus estándares. Se quedó en el suelo unos minutos, con las piernas flexionadas y las manos desnudas sosteniendo el peso de su cuerpo contra el asfalto. No le importó si la fricción había lacerado su piel; después de todo, esas heridas sí estaban destinadas a cerrar. Permaneció allí, en silencio, antes de retomar su errática caminata hacia el único placer humano que sí disfrutaba: el sueño.
    「I҉̖̖̓̑̐̍̚n҈͈̜̙̮̣̍̂ t̴͎͇͔͎̃͊ḫ̴̗͓̱͚̔̿e̴͔̪̫̓͂̊ f҉̩͖͓̐͛́̅ả̷͉̞̖̙̔͂̂̚k̶̞̱̰̩̿̔̈̒̉ͅe҉̗̗̙̤̃͗͑ ṕ̵̘̭̣͎̇͗̿̅l̵͈̙̪͐̑̚ḁ̵̘͆̌̎̐̎s̷̭̲̊̈̚̚t̵͈̤͋̒̉͒i҈͍̘̳͎͇͐̇̀c̶͈̥̲̬͐̋ Ẹ̴̦̖͊̍ͅa̶̫̳͈̪͕̍̂̍̚r̷̘͍̍͒t̶̗͉͉̣̯́́̋̂̒h̷̦͙̽́」 Le perturbaba. El concepto del tiempo humano era, con sinceridad, un enigma indescifrable. ¿Habían pasado dos años? ¿Quizás tres? La magnitud de los ciclos terrestres se le escapaba entre los dedos. No hacía mucho (en términos cósmicos) que había sido despojado de su rango y de gran parte de su esencia, viéndose obligado a habitar un cuerpo ineficiente, un montón de carne y hueso que le resultaba humillante. Había tenido que aprender procesos rudimentarios, pero el que aún le exigía un esfuerzo visceral era el acto de caminar. Se desplazaba con la fragilidad de un cervatillo recién nacido: sus tobillos cedían con frecuencia y terminaba colapsando contra el suelo de forma estrepitosa. Sin embargo, ante la ausencia de otras facultades, el desplazamiento bipedal no era una opción, sino una condena necesaria. Sariel deambulaba por donde quería y cuando quería, dedicando una atención insana a cualquier detalle del entorno, siempre y cuando no fuera un rostro humano. La noción del dolor también era una novedad. A pesar de convivir con él desde su primer segundo de exilio, la sensación constante de tener la dermis desgarrada era una tortura más profunda de lo que sus escasas ganas de hablar podrían expresar. Incluso el acto de caminar se volvía un campo de minas; doblarse un pie no era placentero, y debía ser meticuloso con la fricción de la ropa sobre su espalda desollada o el contacto del dorso de sus manos con cualquier superficie. En comparación, las heridas circulares de su rostro eran un suplicio llevadero, algo que casi lograba ignorar. Prefería la noche. El día poseía una belleza que disfrutaba, pero la luz solar al incidir en él generaba una sobreexposición visual que le resultaba... incómoda. Sí, esa era la palabra. En la oscuridad, no solo poseía la agudeza visual de un depredador nocturno, sino que las personas se mantenía a una distancia prudente. No alcanzaba a comprender si era por su estatura inusual o por su gélida falta de respuesta, pero la soledad absoluta era un refugio mejor de lo que esperaba. Hacía más de ¿Un año? que no utilizaba su voz; el simple hecho de intentar organizar el sistema de unidades de tiempo le provocaba un mareo físico nauseabundo. Recientemente había descubierto la existencia de los dispositivos de captura audiovisual. Le resultaba vagamente entretenido el hecho de que su presencia fuera irrepresentable: en el mejor de los casos, la imagen era un granulado indescifrable; en el peor, el archivo simplemente sucumbía a la corrupción de datos. Esa invisibilidad digital era su mejor arma; no era un acto consciente, pero le daba una cierta paz el saber que nadie podría percibir su rostro a través de una lente. Aquella noche, mientras recorría una zona desolada y de iluminación precaria, sus piernas volvieron a ceder. Cayó de costado por segunda vez en el día; una cuota mínima de torpeza para sus estándares. Se quedó en el suelo unos minutos, con las piernas flexionadas y las manos desnudas sosteniendo el peso de su cuerpo contra el asfalto. No le importó si la fricción había lacerado su piel; después de todo, esas heridas sí estaban destinadas a cerrar. Permaneció allí, en silencio, antes de retomar su errática caminata hacia el único placer humano que sí disfrutaba: el sueño.
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  • El laboratorio permanecía en silencio.
    Las luces blancas iluminaban con precisión quirúrgica las mesas metálicas, frascos sellados y dispositivos aún inactivos, dispuestos como si aguardaran ser utilizados en un orden ya calculado. El ambiente no transmitía urgencia, pero tampoco descanso. Era un espacio diseñado para esperar resultados, no personas.
    Faust se encontraba de pie junto a una de las mesas centrales, revisando datos proyectados en una pantalla translúcida. Su postura era recta, inmóvil, como si el paso del tiempo no representara una variable relevante. Cada tanto, ajustaba algún parámetro, no por necesidad inmediata, sino por previsión.
    Los cazadores aún no habían regresado.
    Sin embargo, el laboratorio ya estaba preparado para su llegada.
    Contenedores de seguridad aguardaban sellados. Instrumentos de análisis permanecían calibrados. Incluso las superficies habían sido despejadas con antelación, anticipando materiales cuya naturaleza todavía no había sido confirmada.

    Faust levantó la mirada brevemente hacia la entrada.
    —“La demora se mantiene dentro del margen aceptable.”

    No había impaciencia en su voz.
    Solo constatación.
    Cualquiera que fuera el resultado de la misión —restos, muestras, fragmentos o información incompleta—, el laboratorio estaba listo para recibirlo. Y Faust también.
    Las pruebas no determinarían únicamente la naturaleza de la anomalía.
    También revelarían qué tan precisas habían sido las suposiciones previas.
    El procedimiento aguardaba.
    El análisis, inevitablemente, comenzaría en cuanto los datos llegaran.
    Rhett Zakharov Tobıαs Novαkovıc Veythra Lili Queen Ishtar Zagreo the Dark Demon Greek Mitology
    El laboratorio permanecía en silencio. Las luces blancas iluminaban con precisión quirúrgica las mesas metálicas, frascos sellados y dispositivos aún inactivos, dispuestos como si aguardaran ser utilizados en un orden ya calculado. El ambiente no transmitía urgencia, pero tampoco descanso. Era un espacio diseñado para esperar resultados, no personas. Faust se encontraba de pie junto a una de las mesas centrales, revisando datos proyectados en una pantalla translúcida. Su postura era recta, inmóvil, como si el paso del tiempo no representara una variable relevante. Cada tanto, ajustaba algún parámetro, no por necesidad inmediata, sino por previsión. Los cazadores aún no habían regresado. Sin embargo, el laboratorio ya estaba preparado para su llegada. Contenedores de seguridad aguardaban sellados. Instrumentos de análisis permanecían calibrados. Incluso las superficies habían sido despejadas con antelación, anticipando materiales cuya naturaleza todavía no había sido confirmada. Faust levantó la mirada brevemente hacia la entrada. —“La demora se mantiene dentro del margen aceptable.” No había impaciencia en su voz. Solo constatación. Cualquiera que fuera el resultado de la misión —restos, muestras, fragmentos o información incompleta—, el laboratorio estaba listo para recibirlo. Y Faust también. Las pruebas no determinarían únicamente la naturaleza de la anomalía. También revelarían qué tan precisas habían sido las suposiciones previas. El procedimiento aguardaba. El análisis, inevitablemente, comenzaría en cuanto los datos llegaran. [theannoyingcriminal75] [phantasm_winter] [Lili.Queen] [Dark_Demon]
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    // Adivinen a quien le castigaron los dispositivos... ˙◠˙

    ¡En cuanto me desocupe, prometo responder cualquier rol/mensaje pendiente para hoy, y perdón a todos de antemano por la espera!
    // Adivinen a quien le castigaron los dispositivos... ˙◠˙ ¡En cuanto me desocupe, prometo responder cualquier rol/mensaje pendiente para hoy, y perdón a todos de antemano por la espera!
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    Trabajo a medio tiempo y a encargo en la empresa familiar que lleva Mi Hermana Mayor.
    os hablare levemente sobre esta empresa.

    *Nexora Systems*
    "Innovando el futuro, conectando lo posible y lo imposible"

    Nexora Systems es el legado de una familia , fundada siglos atrás por Kael Archeon, un estudioso del Vacío y la magia que comprendió cómo fusionar lo arcano con las nuevas tecnología. Su visión sentó las bases de una empresa capaz de desafiar los límites de la ciencia y explorar energías primigenias de manera ética y controlada.

    Hoy, bajo la dirección de Elena Virelya, la empresa mantiene su prestigio internacional, combinando laboratorios de alta tecnología con cámaras de resonancia mágica, espacios de estudio de flujos de energía y dispositivos que canalizan pequeñas corrientes del Vacío. Nexora Systems es reconocida por su innovación, excelencia tecnológica y respeto por la magia, uniendo tradición familiar, ciencia y ética corporativa.

    Los valores de Nexora reflejan esta dualidad: innovación constante, excelencia tecnológica, integridad familiar y respeto profundo por el equilibrio entre ciencia y magia. Cada proyecto refleja la filosofía de Nexora: combinar ciencia y magia con responsabilidad, recordando que los límites solo existen para ser entendidos y, cuando es necesario, superados.

    -Sí, bueno… trabajo en Nexora Systems, la “joya de la familia”, como le gusta decir a todos. Oficialmente, soy parte del equipo, pero en realidad… digamos que me llaman más para estar de cara al público que para tomar decisiones importantes. La verdadera jefa es mi hermana, Elena. Todo lo que tiene que ver con proyectos, investigaciones y esas cosas de magia mezclada con tecnología… pasa por ella.-

    -Yo solo aparezco en reuniones importantes, doy sonrisas y dejo que los demás piensen que tengo algún peso en la empresa. La verdad, a veces me resulta… cansino. Pero paga las facturas, así que no me quejo demasiado.-

    -Lo peor es tener que arreglar mi aspecto cada vez que voy...EL HORROR-
    Trabajo a medio tiempo y a encargo en la empresa familiar que lleva Mi Hermana Mayor. os hablare levemente sobre esta empresa. *Nexora Systems* "Innovando el futuro, conectando lo posible y lo imposible" Nexora Systems es el legado de una familia , fundada siglos atrás por Kael Archeon, un estudioso del Vacío y la magia que comprendió cómo fusionar lo arcano con las nuevas tecnología. Su visión sentó las bases de una empresa capaz de desafiar los límites de la ciencia y explorar energías primigenias de manera ética y controlada. Hoy, bajo la dirección de Elena Virelya, la empresa mantiene su prestigio internacional, combinando laboratorios de alta tecnología con cámaras de resonancia mágica, espacios de estudio de flujos de energía y dispositivos que canalizan pequeñas corrientes del Vacío. Nexora Systems es reconocida por su innovación, excelencia tecnológica y respeto por la magia, uniendo tradición familiar, ciencia y ética corporativa. Los valores de Nexora reflejan esta dualidad: innovación constante, excelencia tecnológica, integridad familiar y respeto profundo por el equilibrio entre ciencia y magia. Cada proyecto refleja la filosofía de Nexora: combinar ciencia y magia con responsabilidad, recordando que los límites solo existen para ser entendidos y, cuando es necesario, superados. -Sí, bueno… trabajo en Nexora Systems, la “joya de la familia”, como le gusta decir a todos. Oficialmente, soy parte del equipo, pero en realidad… digamos que me llaman más para estar de cara al público que para tomar decisiones importantes. La verdadera jefa es mi hermana, Elena. Todo lo que tiene que ver con proyectos, investigaciones y esas cosas de magia mezclada con tecnología… pasa por ella.- -Yo solo aparezco en reuniones importantes, doy sonrisas y dejo que los demás piensen que tengo algún peso en la empresa. La verdad, a veces me resulta… cansino. Pero paga las facturas, así que no me quejo demasiado.- -Lo peor es tener que arreglar mi aspecto cada vez que voy...EL HORROR-
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    Tal vez no lo he mencionado, pero me gustan los dinosaurios... Hace poco descubrí un videojuego para dispositivos móviles y me he enviciado con él...
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    FICHA
    Nombre: Akane Queen Ishtar
    Raza: Híbrida entre súcubo y ogresa
    Altura: 1.52 m (en humana y goblina) - 1.80 m (en ogresa demonio)
    Ocupación: Estudiante de primer año de secundaria

    Descripción Física
    Forma humana: Cabello largo, lacio, azul con reflejos púrpura. Piel pálida, ojos verdes.

    Transformación ogresa-demonio: Aumenta de tamaño y masa muscular, piel azulada, ojos rojos, cabello largo y blanco. Cuernos con manchas negras en la frente como un Oni. Usa una alabarda extremadamente pesada que solo ella puede levantar con una mano.

    Transformación goblina: Piel azulada con un tono púrpura, cabello blanco, ojos marrones (cambian a rojos cuando se pone seria), orejas grandes. Especialista en armas de fuego y trampas.

    Familia
    Madre: Yuna Queen – Ogresa, muy cariñosa con Akane, la consiente mucho. Heredó el carácter de su madre, Ayane.

    Madre: Sasha Ishtar – Sucubu, la consiente, pero también es más estricta.

    Abuela materna: Jennifer Queen – Reina ogresa, entrenó a Akane con métodos extremadamente duros. Entrenó también a sus hijas Yuna y Albedo con rigurosidad, lo que hizo que Akane le tuviera miedo al principio.

    Abuela materna (esposa de Jennifer): Ayane Ishtar Queen – Madre de Yuna, más comprensiva y cariñosa. Al igual que Yuna, consiente mucho a Akane.

    Tía: Albedo Queen Ishtar – Hermana de Yuna. Akane al ver los entrenamientos de Jennifer con Albedo, comenzó a creer en las historias sobre el infierno que su madre vivió al entrenar con ella.

    Personalidad
    Akane comenzó siendo una niña inocente y traviesa, siempre buscando aventuras desde una edad temprana. Su amor por los animales es profundo y ha mantenido este cariño hasta la actualidad.

    Tiene una debilidad por los postres y es una glotona por naturaleza. A menudo es molestada con la idea de que podría engordar, pero ella sabe que eso no sucederá, ya que su metabolismo cambia radicalmente cuando usa sus transformaciones. Gasta una gran cantidad de energía y calorías, por lo que necesita comer mucho para reponerse. Sin embargo, si no come lo suficiente, se debilita más rápido al transformarse.

    Su apetito es enorme y se enfurece cuando la molestan con su comida, especialmente si le roban la fresa de su pastel, lo que le provoca rabietas como una niña pequeña.

    Es coqueta y algo presumida con su aspecto, pero su forma de vestir varía según sus transformaciones:

    Forma humana: Viste con un vestido negro largo con encajes estilo lolita gótica, resaltando su elegancia y gusto por la moda refinada.

    Forma ogresa-demonio: Su estilo cambia completamente, adoptando un aire rebelde y agresivo. Usa una mini falda que expone más sus piernas, junto con una blusa blanca de botones que mete en su falda, pero que a veces ata para exponer su estómago, dándole un aire de delincuente juvenil. Aunque todavia le gustan las cosas lindas, en esta forma se avergüenza fácilmente cuando su lado sensible queda expuesto.

    Forma goblina: Aquí adopta un look más funcional y práctico, reflejando su amor por la mecánica. Usa pantalón y camiseta verde, guantes de trabajo y lentes para soldar, dándole la apariencia de una típica mecánica friki. En esta forma, su naturaleza traviesa aflora aún más, se emociona por todo, aunque lucha por parecer madura, lo que le resulta difícil debido a su innata curiosidad.

    A pesar de su apariencia refinada en su forma humana, Akane carga con el trauma de los entrenamientos infernales de su abuela Jennifer. Ha sobrevivido días enteros corriendo sin comida y esquivado hachas gigantes que solo eran el calentamiento. Cuando alguien le sugiere "alcanzar su máximo potencial", su expresión se vuelve vacía, y su respuesta suele ser un seco "Tch Tch." seguido de una mirada que deja claro que nadie más la hará pasar por otro infierno de entrenamiento.

    Aunque es fuerte y temeraria, sigue siendo la misma chica traviesa y apasionada de siempre, con un amor feroz por los pequeños placeres de la vida, especialmente la comida.

    Trasfondo
    Desde su nacimiento, Akane destacó por ser diferente. Como híbrida entre súcubo y ogresa, su crecimiento acelerado le permitió desarrollar una madurez temprana, pero sin perder su innata curiosidad y espíritu travieso. Desde pequeña, adoraba explorar su entorno, escapando de casa para embarcarse en pequeñas aventuras. Su amor por los animales fue algo que nunca cambió, viéndolos como compañeros de viaje en su aprendizaje del mundo.

    A medida que crecía, su herencia híbrida se manifestó en formas inesperadas. A los 8 años, desbloqueó su primera transformación: su forma de ogresa-demonio, la cual le otorgaba un poder descomunal, aumentando su tamaño y fuerza a niveles sobrehumanos. Sin embargo, esta transformación también aceleraba su envejecimiento aparente, haciéndola lucir como una joven de 15 años cuando en realidad seguía siendo una niña. Su abuela, Jennifer Queen, al ver su potencial, decidió entrenarla bajo métodos extremos, los mismos que había impuesto sobre su propia hija, Yuna.

    Aunque Akane tenía miedo de los métodos de entrenamiento infernales de Jennifer, aceptó someterse a ellos, creyendo que era el camino para hacerse más fuerte. Sin embargo, su entusiasmo la llevó a sobreentrenarse en secreto, lo que provocó que su cuerpo sufriera una involución drástica. Sin previo aviso, perdió el acceso a su forma de ogresa-demonio y quedó atrapada en una forma infantil de goblina, reducida a tan solo 80 cm de altura. Desesperada por recuperar su fuerza, Akane pasó por un periodo de frustración y autoevaluación. Fue en este tiempo que descubrió que, aunque había perdido su físico imponente, su inteligencia y capacidad analítica habían aumentado considerablemente.

    En su forma goblina, Akane se convirtió en una prodigio de la ingeniería de armas, desarrollando dispositivos avanzados y estrategias especializadas en trampas y armamento de fuego. Su abuela Jennifer, intrigada por este cambio, le propuso un desafío: si lograba golpearla en combate con una de sus armas, le enseñaría a recuperar sus transformaciones anteriores. Akane aceptó la apuesta y, en un momento crítico durante la batalla, logró evolucionar su forma goblina, aumentando su velocidad y precisión. En un acto de desesperación, canalizó energía en un arma dañada y provocó una explosión que impactó a Jennifer, cumpliendo con el reto.

    Como recompensa, Akane recuperó su forma humana, pero con un desarrollo físico más avanzado y una nueva perspectiva de sí misma. Ahora, con total control sobre sus transformaciones, aprendió a adaptar su estilo de combate a cada una de sus formas:

    En su forma ogresa-demonio, es un torbellino de fuerza bruta, resistiendo golpes que serían mortales para otros y usando una alabarda gigantesca con facilidad.

    En su forma goblina, es una estratega veloz y astuta, especializada en armas de fuego y trampas mecánicas.

    En su forma humana, es ágil y refinada, dominando el arte de la katana con precisión letal.

    A pesar de todos los cambios, Akane sigue siendo la misma chica traviesa y curiosa de antes, aunque ahora con una perspectiva más madura sobre la vida y el combate. Su amor por la comida y los postres es insaciable, y no soporta que alguien le robe la fresa de su pastel. Su actitud varía con cada transformación, pero en su esencia, sigue siendo una soñadora con un deseo insaciable de crecer y mejorar.
    FICHA Nombre: Akane Queen Ishtar Raza: Híbrida entre súcubo y ogresa Altura: 1.52 m (en humana y goblina) - 1.80 m (en ogresa demonio) Ocupación: Estudiante de primer año de secundaria Descripción Física Forma humana: Cabello largo, lacio, azul con reflejos púrpura. Piel pálida, ojos verdes. Transformación ogresa-demonio: Aumenta de tamaño y masa muscular, piel azulada, ojos rojos, cabello largo y blanco. Cuernos con manchas negras en la frente como un Oni. Usa una alabarda extremadamente pesada que solo ella puede levantar con una mano. Transformación goblina: Piel azulada con un tono púrpura, cabello blanco, ojos marrones (cambian a rojos cuando se pone seria), orejas grandes. Especialista en armas de fuego y trampas. Familia Madre: Yuna Queen – Ogresa, muy cariñosa con Akane, la consiente mucho. Heredó el carácter de su madre, Ayane. Madre: Sasha Ishtar – Sucubu, la consiente, pero también es más estricta. Abuela materna: Jennifer Queen – Reina ogresa, entrenó a Akane con métodos extremadamente duros. Entrenó también a sus hijas Yuna y Albedo con rigurosidad, lo que hizo que Akane le tuviera miedo al principio. Abuela materna (esposa de Jennifer): Ayane Ishtar Queen – Madre de Yuna, más comprensiva y cariñosa. Al igual que Yuna, consiente mucho a Akane. Tía: Albedo Queen Ishtar – Hermana de Yuna. Akane al ver los entrenamientos de Jennifer con Albedo, comenzó a creer en las historias sobre el infierno que su madre vivió al entrenar con ella. Personalidad Akane comenzó siendo una niña inocente y traviesa, siempre buscando aventuras desde una edad temprana. Su amor por los animales es profundo y ha mantenido este cariño hasta la actualidad. Tiene una debilidad por los postres y es una glotona por naturaleza. A menudo es molestada con la idea de que podría engordar, pero ella sabe que eso no sucederá, ya que su metabolismo cambia radicalmente cuando usa sus transformaciones. Gasta una gran cantidad de energía y calorías, por lo que necesita comer mucho para reponerse. Sin embargo, si no come lo suficiente, se debilita más rápido al transformarse. Su apetito es enorme y se enfurece cuando la molestan con su comida, especialmente si le roban la fresa de su pastel, lo que le provoca rabietas como una niña pequeña. Es coqueta y algo presumida con su aspecto, pero su forma de vestir varía según sus transformaciones: Forma humana: Viste con un vestido negro largo con encajes estilo lolita gótica, resaltando su elegancia y gusto por la moda refinada. Forma ogresa-demonio: Su estilo cambia completamente, adoptando un aire rebelde y agresivo. Usa una mini falda que expone más sus piernas, junto con una blusa blanca de botones que mete en su falda, pero que a veces ata para exponer su estómago, dándole un aire de delincuente juvenil. Aunque todavia le gustan las cosas lindas, en esta forma se avergüenza fácilmente cuando su lado sensible queda expuesto. Forma goblina: Aquí adopta un look más funcional y práctico, reflejando su amor por la mecánica. Usa pantalón y camiseta verde, guantes de trabajo y lentes para soldar, dándole la apariencia de una típica mecánica friki. En esta forma, su naturaleza traviesa aflora aún más, se emociona por todo, aunque lucha por parecer madura, lo que le resulta difícil debido a su innata curiosidad. A pesar de su apariencia refinada en su forma humana, Akane carga con el trauma de los entrenamientos infernales de su abuela Jennifer. Ha sobrevivido días enteros corriendo sin comida y esquivado hachas gigantes que solo eran el calentamiento. Cuando alguien le sugiere "alcanzar su máximo potencial", su expresión se vuelve vacía, y su respuesta suele ser un seco "Tch Tch." seguido de una mirada que deja claro que nadie más la hará pasar por otro infierno de entrenamiento. Aunque es fuerte y temeraria, sigue siendo la misma chica traviesa y apasionada de siempre, con un amor feroz por los pequeños placeres de la vida, especialmente la comida. Trasfondo Desde su nacimiento, Akane destacó por ser diferente. Como híbrida entre súcubo y ogresa, su crecimiento acelerado le permitió desarrollar una madurez temprana, pero sin perder su innata curiosidad y espíritu travieso. Desde pequeña, adoraba explorar su entorno, escapando de casa para embarcarse en pequeñas aventuras. Su amor por los animales fue algo que nunca cambió, viéndolos como compañeros de viaje en su aprendizaje del mundo. A medida que crecía, su herencia híbrida se manifestó en formas inesperadas. A los 8 años, desbloqueó su primera transformación: su forma de ogresa-demonio, la cual le otorgaba un poder descomunal, aumentando su tamaño y fuerza a niveles sobrehumanos. Sin embargo, esta transformación también aceleraba su envejecimiento aparente, haciéndola lucir como una joven de 15 años cuando en realidad seguía siendo una niña. Su abuela, Jennifer Queen, al ver su potencial, decidió entrenarla bajo métodos extremos, los mismos que había impuesto sobre su propia hija, Yuna. Aunque Akane tenía miedo de los métodos de entrenamiento infernales de Jennifer, aceptó someterse a ellos, creyendo que era el camino para hacerse más fuerte. Sin embargo, su entusiasmo la llevó a sobreentrenarse en secreto, lo que provocó que su cuerpo sufriera una involución drástica. Sin previo aviso, perdió el acceso a su forma de ogresa-demonio y quedó atrapada en una forma infantil de goblina, reducida a tan solo 80 cm de altura. Desesperada por recuperar su fuerza, Akane pasó por un periodo de frustración y autoevaluación. Fue en este tiempo que descubrió que, aunque había perdido su físico imponente, su inteligencia y capacidad analítica habían aumentado considerablemente. En su forma goblina, Akane se convirtió en una prodigio de la ingeniería de armas, desarrollando dispositivos avanzados y estrategias especializadas en trampas y armamento de fuego. Su abuela Jennifer, intrigada por este cambio, le propuso un desafío: si lograba golpearla en combate con una de sus armas, le enseñaría a recuperar sus transformaciones anteriores. Akane aceptó la apuesta y, en un momento crítico durante la batalla, logró evolucionar su forma goblina, aumentando su velocidad y precisión. En un acto de desesperación, canalizó energía en un arma dañada y provocó una explosión que impactó a Jennifer, cumpliendo con el reto. Como recompensa, Akane recuperó su forma humana, pero con un desarrollo físico más avanzado y una nueva perspectiva de sí misma. Ahora, con total control sobre sus transformaciones, aprendió a adaptar su estilo de combate a cada una de sus formas: En su forma ogresa-demonio, es un torbellino de fuerza bruta, resistiendo golpes que serían mortales para otros y usando una alabarda gigantesca con facilidad. En su forma goblina, es una estratega veloz y astuta, especializada en armas de fuego y trampas mecánicas. En su forma humana, es ágil y refinada, dominando el arte de la katana con precisión letal. A pesar de todos los cambios, Akane sigue siendo la misma chica traviesa y curiosa de antes, aunque ahora con una perspectiva más madura sobre la vida y el combate. Su amor por la comida y los postres es insaciable, y no soporta que alguien le robe la fresa de su pastel. Su actitud varía con cada transformación, pero en su esencia, sigue siendo una soñadora con un deseo insaciable de crecer y mejorar.
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  • "Tentador tecnología, clavos del carnicero"

    El tenno observa de reojo a su Warframe y luego a esos extraños dispositivos que le fueron enviados por un remitente desconocido con una letra muy decorada para su gusto.
    "Tentador tecnología, clavos del carnicero" El tenno observa de reojo a su Warframe y luego a esos extraños dispositivos que le fueron enviados por un remitente desconocido con una letra muy decorada para su gusto.
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