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    Categoría Suspenso
    ACTA DE INSPECCIÓN Y LEVANTAMIENTO DE INDICIOS N.º 47

    Fecha: Registrada en horas postreras de la noche.

    Lugar: Marisma boscosa situada en la periferia septentrional del distrito.

    Intervinientes: Agente de la guardia local y el presbítero investigador Zelkova Legasov.

    Relación de los hechos: Conforme a diversos rumores concernientes a una corrupción de origen incierto que afligía los contornos de la comarca, el joven clérigo Zelkova Legasov emprendió pesquisas junto a un oficial veterano, sujeto conocido por su manifiesto hastío respecto a las torpezas y negligencias de la administración civil.

    Mientras ambos transitaban por un soto cenagoso, cubierto de neblina y lodos pestilentes, sostuvo el reverendo la siguiente observación:

    ●Espero que no estés en lo cierto o, si no...

    A lo cual respondió el agente:

    ☆Créeme, muchacho. Es peor de lo que imaginas, y puede estar relacionado con tu pasado eclesiástico.

    Prosiguieron la marcha bajo la escasa luminaria lunar, internándose entre juncales, cipreses anegados y espesuras infestadas de insectos. Aproximadamente pasada la medianoche, los comparecientes descubrieron un cadáver femenino dispuesto en una escena de singular atrocidad.

    La occisa, de edad juvenil, yacía inmóvil sobre el fango. Presentaba una extraña sigila grabada en la región dorsal. Asimismo, unos cuernos de venado habían sido fijados a su cabeza de manera deliberada, otorgándole una apariencia grotesca y ceremonial. Las manos se hallaban cosidas entre sí, colocadas en posición semejante a una plegaria, aunque desprovista de toda sacralidad y revestida, en cambio, de una impronta ominosa y sacrílega.

    El hedor desprendido por el cuerpo era particularmente nauseabundo. El agente manifestó visible consternación y declaró:

    ☆Esto es horrible... Tiene la edad de mi hija.

    No obstante, el sacerdote Legasov conservó notable compostura. Sin apartar la vista de la escena, procedió a registrar observaciones en una bitácora de cuero, consignando minuciosamente cada detalle del hallazgo.

    Durante el examen de la marca inscrita en la espalda de la víctima, se advirtió un repentino cambio en el semblante del presbítero. El color abandonó su rostro y sus facciones adquirieron una rigidez impropia de quien hasta entonces se había mostrado impasible.

    El oficial, percibiendo tal alteración, inquirió:

    ☆¿Qué sucede?

    Tras una breve pausa, añadió:

    ☆Si me lo preguntas, parece una suerte de mensaje o señal de lindero, como las que dejan las bestias para marcar territorio.

    El reverendo respondió con tono acerbo:

    ●No... Es el Culto de Saturno.

    La respuesta fue seguida por un prolongado silencio. El agente no mostró reconocimiento alguno ante dicha denominación, como si jamás hubiese escuchado referencia semejante.

    Según consta en las anotaciones recogidas posteriormente, el sacerdote permaneció varios instantes contemplando la marca. Finalmente, en voz apenas perceptible, pronunció las siguientes palabras:

    ●Sé que estás metido en esto, Mr. M... Y juro, que Dios me escuche, voy a por ti.

    Observaciones finales:

    Se deja constancia de que el presbítero Zelkova Legasov exhibió una reacción impropia de un investigador ajeno al caso, sugiriendo conocimiento previo respecto de la simbología encontrada y de posibles implicados. La naturaleza ritual del crimen, la disposición mortuoria de la víctima y la referencia al denominado Culto de "Saturno" indican la probable existencia de una organización clandestina vinculada a prácticas heréticas, sacrificios ceremoniales y otros actos de extrema perversidad.

    Fin del informe.
    ACTA DE INSPECCIÓN Y LEVANTAMIENTO DE INDICIOS N.º 47 Fecha: Registrada en horas postreras de la noche. Lugar: Marisma boscosa situada en la periferia septentrional del distrito. Intervinientes: Agente de la guardia local y el presbítero investigador Zelkova Legasov. Relación de los hechos: Conforme a diversos rumores concernientes a una corrupción de origen incierto que afligía los contornos de la comarca, el joven clérigo Zelkova Legasov emprendió pesquisas junto a un oficial veterano, sujeto conocido por su manifiesto hastío respecto a las torpezas y negligencias de la administración civil. Mientras ambos transitaban por un soto cenagoso, cubierto de neblina y lodos pestilentes, sostuvo el reverendo la siguiente observación: ●Espero que no estés en lo cierto o, si no... A lo cual respondió el agente: ☆Créeme, muchacho. Es peor de lo que imaginas, y puede estar relacionado con tu pasado eclesiástico. Prosiguieron la marcha bajo la escasa luminaria lunar, internándose entre juncales, cipreses anegados y espesuras infestadas de insectos. Aproximadamente pasada la medianoche, los comparecientes descubrieron un cadáver femenino dispuesto en una escena de singular atrocidad. La occisa, de edad juvenil, yacía inmóvil sobre el fango. Presentaba una extraña sigila grabada en la región dorsal. Asimismo, unos cuernos de venado habían sido fijados a su cabeza de manera deliberada, otorgándole una apariencia grotesca y ceremonial. Las manos se hallaban cosidas entre sí, colocadas en posición semejante a una plegaria, aunque desprovista de toda sacralidad y revestida, en cambio, de una impronta ominosa y sacrílega. El hedor desprendido por el cuerpo era particularmente nauseabundo. El agente manifestó visible consternación y declaró: ☆Esto es horrible... Tiene la edad de mi hija. No obstante, el sacerdote Legasov conservó notable compostura. Sin apartar la vista de la escena, procedió a registrar observaciones en una bitácora de cuero, consignando minuciosamente cada detalle del hallazgo. Durante el examen de la marca inscrita en la espalda de la víctima, se advirtió un repentino cambio en el semblante del presbítero. El color abandonó su rostro y sus facciones adquirieron una rigidez impropia de quien hasta entonces se había mostrado impasible. El oficial, percibiendo tal alteración, inquirió: ☆¿Qué sucede? Tras una breve pausa, añadió: ☆Si me lo preguntas, parece una suerte de mensaje o señal de lindero, como las que dejan las bestias para marcar territorio. El reverendo respondió con tono acerbo: ●No... Es el Culto de Saturno. La respuesta fue seguida por un prolongado silencio. El agente no mostró reconocimiento alguno ante dicha denominación, como si jamás hubiese escuchado referencia semejante. Según consta en las anotaciones recogidas posteriormente, el sacerdote permaneció varios instantes contemplando la marca. Finalmente, en voz apenas perceptible, pronunció las siguientes palabras: ●Sé que estás metido en esto, Mr. M... Y juro, que Dios me escuche, voy a por ti. Observaciones finales: Se deja constancia de que el presbítero Zelkova Legasov exhibió una reacción impropia de un investigador ajeno al caso, sugiriendo conocimiento previo respecto de la simbología encontrada y de posibles implicados. La naturaleza ritual del crimen, la disposición mortuoria de la víctima y la referencia al denominado Culto de "Saturno" indican la probable existencia de una organización clandestina vinculada a prácticas heréticas, sacrificios ceremoniales y otros actos de extrema perversidad. Fin del informe.
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  • Dió un suspiro de satisfacción tras colocar el último de sus carteles. Se limpió las manos y huyó de la escena del crimen. (?)

    [CrybyLucreci4]
    Dió un suspiro de satisfacción tras colocar el último de sus carteles. Se limpió las manos y huyó de la escena del crimen. (?) [CrybyLucreci4]
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  • Una mañana tranquila
    Fandom Cualquiera
    Categoría Slice of Life
    - La ciudad despertaba despacio, el ruido del tráfico aún era lejano, amortiguado por la distancia y por el murmullo constante de las hojas agitadas por la brisa de la mañana, mientras que los primeros rayos del sol atravesaban las copas de los árboles, proyectando manchas doradas sobre los senderos del parque-

    -aquel detective caminaba sin prisa, por primera vez en varias semanas no llevaba una carpeta bajo el brazo ni una radio escupiendo órdenes en su oído, el último informe había quedado sobre el escritorio de la comisaría apenas una hora antes de su hora de salida, en el se relataba todo lo que había pasado en esas semanas, las persecuciones, las pistas, los moteles baratos en dónde se tuvo quedar y el arresto de aquel asesino que estuvo persiguiendo, aquel reporte quedó acompañado por una taza de café olvidada y una promesa poco convincente hacia su jefe "no se preocupe voy a descansar"-

    -terminó sentándose en uno de los bancos cercanos al estanque, la madera crujió levemente bajo su peso, el cansancio era visible, No el agotamiento físico de una noche sin dormir, sino uno más profundo. acumulado y viejo, De esos que se instalan detrás de los ojos y aprenden a vivir ahí-

    -Sacaria una cigarrera metálica del bolsillo interior de la chaqueta, la abrió, tomó un cigarrillo y lo encendió-

    -Durante unos segundos observó la pequeña llama antes de apagar el encendedor con un chasquido seco, la primera bocanada escapó lentamente de entre sus labios, Y después de tantos meses fue diferente, no fumaba para mantenerse despierto o para mantener su cabeza centrada y ordenar pruebas o soportar fotografías de escenas del crimen durante horas...-

    -esta vez fue solo porque la mañana era tranquila, porque el aire olía a césped húmedo, porque el sonido del agua golpeando suavemente la fuente resultaba agradable, por una vez, no había nadie gritando su nombre por la radio o si quiera el sonido de la estética de esos viejos radios-

    -Bondrewd apoyó un brazo sobre el respaldo del banco y cerró los ojos durante un instante, Cuando volvió a abrirlos, dejó escapar una pequeña nube de humo hacia el cielo despejado-

    Supongo que aún recuerdo cómo se siente una mañana normal...

    -Murmuró para sí mismo, mientras la frase quedó suspendida en el aire junto al humo del cigarrillo Y por primera vez en mucho tiempo, el detective no parecía estar buscando un criminal, solo un momento de paz, uno que cualquiera era libre de interrumpir-
    - La ciudad despertaba despacio, el ruido del tráfico aún era lejano, amortiguado por la distancia y por el murmullo constante de las hojas agitadas por la brisa de la mañana, mientras que los primeros rayos del sol atravesaban las copas de los árboles, proyectando manchas doradas sobre los senderos del parque- -aquel detective caminaba sin prisa, por primera vez en varias semanas no llevaba una carpeta bajo el brazo ni una radio escupiendo órdenes en su oído, el último informe había quedado sobre el escritorio de la comisaría apenas una hora antes de su hora de salida, en el se relataba todo lo que había pasado en esas semanas, las persecuciones, las pistas, los moteles baratos en dónde se tuvo quedar y el arresto de aquel asesino que estuvo persiguiendo, aquel reporte quedó acompañado por una taza de café olvidada y una promesa poco convincente hacia su jefe "no se preocupe voy a descansar"- -terminó sentándose en uno de los bancos cercanos al estanque, la madera crujió levemente bajo su peso, el cansancio era visible, No el agotamiento físico de una noche sin dormir, sino uno más profundo. acumulado y viejo, De esos que se instalan detrás de los ojos y aprenden a vivir ahí- -Sacaria una cigarrera metálica del bolsillo interior de la chaqueta, la abrió, tomó un cigarrillo y lo encendió- -Durante unos segundos observó la pequeña llama antes de apagar el encendedor con un chasquido seco, la primera bocanada escapó lentamente de entre sus labios, Y después de tantos meses fue diferente, no fumaba para mantenerse despierto o para mantener su cabeza centrada y ordenar pruebas o soportar fotografías de escenas del crimen durante horas...- -esta vez fue solo porque la mañana era tranquila, porque el aire olía a césped húmedo, porque el sonido del agua golpeando suavemente la fuente resultaba agradable, por una vez, no había nadie gritando su nombre por la radio o si quiera el sonido de la estética de esos viejos radios- -Bondrewd apoyó un brazo sobre el respaldo del banco y cerró los ojos durante un instante, Cuando volvió a abrirlos, dejó escapar una pequeña nube de humo hacia el cielo despejado- Supongo que aún recuerdo cómo se siente una mañana normal... -Murmuró para sí mismo, mientras la frase quedó suspendida en el aire junto al humo del cigarrillo Y por primera vez en mucho tiempo, el detective no parecía estar buscando un criminal, solo un momento de paz, uno que cualquiera era libre de interrumpir-
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  • ”No son celos, es lástima, lástima porque uno de los dos se quedará solo. Él o ella enloquecerán, dirán que un monstruo hincó sus dientes en el cuello de su pareja, que le arrancó la carne sin piedad como una bestia salvaje. Pero nadie les creerá, quedarán como locos y esa muerte necesaria se catalogará como un crimen pasional o algo parecido.”
    ”No son celos, es lástima, lástima porque uno de los dos se quedará solo. Él o ella enloquecerán, dirán que un monstruo hincó sus dientes en el cuello de su pareja, que le arrancó la carne sin piedad como una bestia salvaje. Pero nadie les creerá, quedarán como locos y esa muerte necesaria se catalogará como un crimen pasional o algo parecido.”
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  • Estaba frustrado, perder el tiempo no es uno de mis hobbies, pero tampoco puedo parecer más sospechoso de lo normal.

    Debia admirar habían sido amables al darme un cigarrillo, solían ayudarme a pensar mejor, mientras los oficiales llegaban, y yo pensaba en cuál de todos los grandes problemas que me eh metido me trajo a esta situación, quiero decir acepte venir sin preguntar ni oponerme, por mera diversión pero estoy.... Ya estaba tomando más tiempo del debido.

    El rechinido de la puerta se escuchó minutos después y entrando a la habitación el oficial , no tardó en llegar a la mesa sonriendo como si hubiera atrapado al ratón y arrojó una fotografía sobre la mesa. La imagen estaba en blanco y negro, granulada, tomada desde un ángulo incómodo y a una distancia considerable. En ella, mi silueta apenas se distinguía entre las sombras de un callejón industrial en Sicilia, sosteniendo un cigarrillo a medio encender.

    Observé el papel un par de segundos inclinando ligeramente mi cabeza a la derecha, luego, levanté las manos esposadas con lentitud, llevándome el cigarrillo a los labios para dar una calada profunda. Exhalé el humo directamente hacia el rostro del policía, observando cómo sus ojos se entrecerraban con una mezcla de furia y frustración.

    —¿Eso es todo? —pregunté, deslizando la fotografía con la punta del dedo índice—. Esperaba algo con mejor resolución, Oficial. Mis trajes suelen fotografiar mucho mejor que este desastre de píxeles.

    —No te hagas el gracioso, Malatesta —dijo él, apoyando ambas manos sobre la mesa, inclinándose hacia mí para recortar la distancia—. Sabemos que estuviste ahí esa noche. Sabemos de ese negoció en el muelle y sabemos perfectamente qué significa tu apellido en esa zona. Esa foto te sitúa en la escena del crimen.

    Curve mi ceja derecha al escucharlo mirándolo fijamente mientras una sonrisa ligera, casi perezosa, se dibujaba en mis labios.
    —Esa foto me sitúa fumando en un callejón. Nada más —respondí con una calma arrastrada, modulando la voz con una perfecta elegancia aristocrática—. No hay armas en mis manos, no hay bolsas con mercancía, no hay rostros de terceros. Solo soy un empresario italiano disfrutando del aire nocturno. Verá... el problema de la policía es que confunden sus desesperados deseos de atrapar a un Malatesta con pruebas reales.

    —Podemos retenerte, Alessandro. Podemos hacer que esto sea muy largo para ti.—

    Dejé escapar una risa suave, un sonido magnético que carecía por completo de nerviosismo.
    —No, no pueden. Los dos sabemos cómo funciona este juego. Para retenerme más de unas pocas horas necesitan algo que sostenga su teoría ante un juez, y lo único que tiene ahí es un pésimo retrato de mi peor perfil —me incliné un poco hacia adelante, haciendo que las esposas tintinearan sobre la madera—. Mi apellido no solo compra hoteles, Oficial. Compra los mejores bufetes de abogados de Milán y Roma. En el momento en que mi abogado pise esta comisaría, esta fotografía va a terminar en la basura, y usted va a tener que explicarle a sus superiores por qué hizo perder el tiempo a un ciudadano que paga puntualmente sus impuestos.

    El oficial apretó la mandíbula, pero no respondió. Sus dedos comenzaron a tamborilear contra sus muslos, revelando el sutil pánico de quien sabe que acaba de perder el control de la conversación.
    —Así que hagamos esto más sencillo —continué en un susurro peligrosamente tranquilo, sosteniendo su mirada con mis ojos ámbar—. Guarde la foto, quíteme estas molestas esposas y déjeme terminar mi cigarrillo en paz. No soy un hombre violento, no me gusta la crueldad gratuita... pero detesto que me hagan perder el tiempo con juegos de aficionados.
    Estaba frustrado, perder el tiempo no es uno de mis hobbies, pero tampoco puedo parecer más sospechoso de lo normal. Debia admirar habían sido amables al darme un cigarrillo, solían ayudarme a pensar mejor, mientras los oficiales llegaban, y yo pensaba en cuál de todos los grandes problemas que me eh metido me trajo a esta situación, quiero decir acepte venir sin preguntar ni oponerme, por mera diversión pero estoy.... Ya estaba tomando más tiempo del debido. El rechinido de la puerta se escuchó minutos después y entrando a la habitación el oficial , no tardó en llegar a la mesa sonriendo como si hubiera atrapado al ratón y arrojó una fotografía sobre la mesa. La imagen estaba en blanco y negro, granulada, tomada desde un ángulo incómodo y a una distancia considerable. En ella, mi silueta apenas se distinguía entre las sombras de un callejón industrial en Sicilia, sosteniendo un cigarrillo a medio encender. Observé el papel un par de segundos inclinando ligeramente mi cabeza a la derecha, luego, levanté las manos esposadas con lentitud, llevándome el cigarrillo a los labios para dar una calada profunda. Exhalé el humo directamente hacia el rostro del policía, observando cómo sus ojos se entrecerraban con una mezcla de furia y frustración. —¿Eso es todo? —pregunté, deslizando la fotografía con la punta del dedo índice—. Esperaba algo con mejor resolución, Oficial. Mis trajes suelen fotografiar mucho mejor que este desastre de píxeles. —No te hagas el gracioso, Malatesta —dijo él, apoyando ambas manos sobre la mesa, inclinándose hacia mí para recortar la distancia—. Sabemos que estuviste ahí esa noche. Sabemos de ese negoció en el muelle y sabemos perfectamente qué significa tu apellido en esa zona. Esa foto te sitúa en la escena del crimen. Curve mi ceja derecha al escucharlo mirándolo fijamente mientras una sonrisa ligera, casi perezosa, se dibujaba en mis labios. —Esa foto me sitúa fumando en un callejón. Nada más —respondí con una calma arrastrada, modulando la voz con una perfecta elegancia aristocrática—. No hay armas en mis manos, no hay bolsas con mercancía, no hay rostros de terceros. Solo soy un empresario italiano disfrutando del aire nocturno. Verá... el problema de la policía es que confunden sus desesperados deseos de atrapar a un Malatesta con pruebas reales. —Podemos retenerte, Alessandro. Podemos hacer que esto sea muy largo para ti.— Dejé escapar una risa suave, un sonido magnético que carecía por completo de nerviosismo. —No, no pueden. Los dos sabemos cómo funciona este juego. Para retenerme más de unas pocas horas necesitan algo que sostenga su teoría ante un juez, y lo único que tiene ahí es un pésimo retrato de mi peor perfil —me incliné un poco hacia adelante, haciendo que las esposas tintinearan sobre la madera—. Mi apellido no solo compra hoteles, Oficial. Compra los mejores bufetes de abogados de Milán y Roma. En el momento en que mi abogado pise esta comisaría, esta fotografía va a terminar en la basura, y usted va a tener que explicarle a sus superiores por qué hizo perder el tiempo a un ciudadano que paga puntualmente sus impuestos. El oficial apretó la mandíbula, pero no respondió. Sus dedos comenzaron a tamborilear contra sus muslos, revelando el sutil pánico de quien sabe que acaba de perder el control de la conversación. —Así que hagamos esto más sencillo —continué en un susurro peligrosamente tranquilo, sosteniendo su mirada con mis ojos ámbar—. Guarde la foto, quíteme estas molestas esposas y déjeme terminar mi cigarrillo en paz. No soy un hombre violento, no me gusta la crueldad gratuita... pero detesto que me hagan perder el tiempo con juegos de aficionados.
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  • – ¿Hola?

    "Si, hola, buenas... ¿Es usted el señor Charles? Verá, le llamaba porque mi jefe querría disponer de sus servicios"

    – Fantasma, estáte quieto..

    Se oían ruidos del otro lado del teléfono.

    "¿Oiga?

    – Si si, aquí estoy... Pues depende del objetivo, desplazamiento... No bajo de los 150.0-... ramen instantáneo, que bueno.

    "Ehm... ¿Cómo sabe lo que estoy comiendo?

    – ¿Eh? Ah no, es lo que estoy comiendo yo, ¿usted también? Qué casualidad, ¿Le hecha algo adicional?

    "Pues... Oiga señor, es que mi jefe no es exactamente la persona más paciente del mundo, si pudiera decirme cuánto cobra e ir directos al grano se lo agradecería."

    – Ahh, es usted nuevo, ¿eh? Intentando no darle problemas al jefe, bien bien, seguro que asciende usted rápido. En fin, 150.000 por adelantado independientemente del trabajo, y los gastos de transporte y alojamiento va de vuestra parte.

    "Bien, de acuerdo, y una cosa más, usted podría-..."

    Se oyen ruidos como de interferencias al otro lado.

    – ¡FANTASMA, EL TELÉFONO! ¡Perro malo, te vas a quedar sin chuches!

    La llamada se cortó abruptamente y el hombre al teléfono suspiró con pesadez.

    "En el crimen organizado todo se toma con seriedad decían..."
    – ¿Hola? "Si, hola, buenas... ¿Es usted el señor Charles? Verá, le llamaba porque mi jefe querría disponer de sus servicios" – Fantasma, estáte quieto.. Se oían ruidos del otro lado del teléfono. "¿Oiga? – Si si, aquí estoy... Pues depende del objetivo, desplazamiento... No bajo de los 150.0-... ramen instantáneo, que bueno. "Ehm... ¿Cómo sabe lo que estoy comiendo? – ¿Eh? Ah no, es lo que estoy comiendo yo, ¿usted también? Qué casualidad, ¿Le hecha algo adicional? "Pues... Oiga señor, es que mi jefe no es exactamente la persona más paciente del mundo, si pudiera decirme cuánto cobra e ir directos al grano se lo agradecería." – Ahh, es usted nuevo, ¿eh? Intentando no darle problemas al jefe, bien bien, seguro que asciende usted rápido. En fin, 150.000 por adelantado independientemente del trabajo, y los gastos de transporte y alojamiento va de vuestra parte. "Bien, de acuerdo, y una cosa más, usted podría-..." Se oyen ruidos como de interferencias al otro lado. – ¡FANTASMA, EL TELÉFONO! ¡Perro malo, te vas a quedar sin chuches! La llamada se cortó abruptamente y el hombre al teléfono suspiró con pesadez. "En el crimen organizado todo se toma con seriedad decían..."
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  • 《 ARCHIVE 002 - A CRIME WITHOUT A CULPRIT 》
    La luz tenue del candelabro de cristal apenas conseguía disipar las sombras que se alargaban por el salón. Joon Bokkel permanecía de pie en medio de aquella opulenta habitación, con la cabeza ligeramente inclinada y una mano enguantada presionando su sien, como si intentara contener el torrente de pensamientos que lo invadían.

    El nuevo expediente descansaba sobre el piano de cola, abierto como una herida fría y silenciosa. Otro caso. Otro escenario impecable.

    No había huellas que no pertenecieran a la víctima. No había señales de forcejeo. Ningún rastro de ADN extraño, ni una sola cámara en los alrededores que hubiera captado algo más que oscuridad. El crimen había sido ejecutado con una precisión quirúrgica, casi artística, dejando solo un vacío absoluto donde debería haber estado el culpable.

    Era uno de esos casos que parecían burlarse de la razón misma: un rompecabezas sin piezas. Un asesino que se había desvanecido como humo entre las cortinas de terciopelo y los muebles antiguos.

    Joon exhaló lentamente, su mirada cansada recorriendo los detalles del salón. La chaqueta oscura le pesaba sobre los hombros. A sus 28 años, había aprendido que los peores monstruos no siempre dejaban sangre en las manos; a veces dejaban solo silencio, elegancia y una ausencia tan perfecta que rayaba en lo insultante.

    Se acercó al piano con pasos lentos. Sus dedos rozaron el borde del expediente, deteniéndose sobre una fotografía de la escena.

    Familias destrozadas esperaban respuestas. La prensa empezaba a murmurar sobre “el crimen imposible”. Y él… él solo sentía ese fuego familiar ardiendo en el pecho: la obstinada negativa a aceptar que existiera un caso sin culpable.
    《 ARCHIVE 002 - A CRIME WITHOUT A CULPRIT 》 La luz tenue del candelabro de cristal apenas conseguía disipar las sombras que se alargaban por el salón. Joon Bokkel permanecía de pie en medio de aquella opulenta habitación, con la cabeza ligeramente inclinada y una mano enguantada presionando su sien, como si intentara contener el torrente de pensamientos que lo invadían. El nuevo expediente descansaba sobre el piano de cola, abierto como una herida fría y silenciosa. Otro caso. Otro escenario impecable. No había huellas que no pertenecieran a la víctima. No había señales de forcejeo. Ningún rastro de ADN extraño, ni una sola cámara en los alrededores que hubiera captado algo más que oscuridad. El crimen había sido ejecutado con una precisión quirúrgica, casi artística, dejando solo un vacío absoluto donde debería haber estado el culpable. Era uno de esos casos que parecían burlarse de la razón misma: un rompecabezas sin piezas. Un asesino que se había desvanecido como humo entre las cortinas de terciopelo y los muebles antiguos. Joon exhaló lentamente, su mirada cansada recorriendo los detalles del salón. La chaqueta oscura le pesaba sobre los hombros. A sus 28 años, había aprendido que los peores monstruos no siempre dejaban sangre en las manos; a veces dejaban solo silencio, elegancia y una ausencia tan perfecta que rayaba en lo insultante. Se acercó al piano con pasos lentos. Sus dedos rozaron el borde del expediente, deteniéndose sobre una fotografía de la escena. Familias destrozadas esperaban respuestas. La prensa empezaba a murmurar sobre “el crimen imposible”. Y él… él solo sentía ese fuego familiar ardiendo en el pecho: la obstinada negativa a aceptar que existiera un caso sin culpable.
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  • — El crimen nunca duerme será mejor que prepare otra taza de té.
    — El crimen nunca duerme será mejor que prepare otra taza de té.
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  • Fingir inocencia no va a salvarte del castigo que te espera tras el crimen que cometiste •cyno pasaría la cabeza del hombre para mantenerlo en el suelo•

    A Cyno no le gusta tu comportamiento
    Fingir inocencia no va a salvarte del castigo que te espera tras el crimen que cometiste •cyno pasaría la cabeza del hombre para mantenerlo en el suelo• A Cyno no le gusta tu comportamiento
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  • — Bueno hoy no hay crimenes, no hay trabajo, así queeeeeeeee, ¿Que se hace?
    — Bueno hoy no hay crimenes, no hay trabajo, así queeeeeeeee, ¿Que se hace?
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