• I-Idiota, yo no tengo red flags. Yo soy LA Red flag!~
    I-Idiota, yo no tengo red flags. Yo soy LA Red flag!~
    0 turnos 0 maullidos
  • Ahhh, pensar en que cada hijo mío es tan hermoso a su apariencia, pero dirán como tengo este chulo físico al tener 4 hijos casi adultos a excepción del menor? fácil, ninguno salío de mi cuerpo, bueno, no de la manera que entienden, jaja sencillo

    ×Reia divertida, pero muy tranqulla×
    Ahhh, pensar en que cada hijo mío es tan hermoso a su apariencia, pero dirán como tengo este chulo físico al tener 4 hijos casi adultos a excepción del menor? fácil, ninguno salío de mi cuerpo, bueno, no de la manera que entienden, jaja sencillo ×Reia divertida, pero muy tranqulla×
    0 turnos 0 maullidos
  • Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes.

    Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar.

    De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado.

    Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza.

    No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original.

    Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron».

    Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así.
    Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden.

    Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre.

    En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna.

    El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno:

    «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.»

    Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche.

    No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
    Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes. Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar. De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado. Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza. No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original. Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron». Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así. Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden. Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre. En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna. El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno: «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.» Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche. No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Me voy a dormir con moco de tanto llorar 🏻, buenas noches a todoss
    Me voy a dormir con moco de tanto llorar 🖕🏻, buenas noches a todoss
    1 comentario 0 compartidos
  • The demon that surpassed the sun ~
    The demon that surpassed the sun ~
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • Como no lo dejan beber hasta quedar ebrio, se ha oscurecido el cabello, aunque le molesta, no lo vaa cambiar..seguira mirandose en un pequeño espejo el cabello ahora negro.*
    Grr..
    Como no lo dejan beber hasta quedar ebrio, se ha oscurecido el cabello, aunque le molesta, no lo vaa cambiar..seguira mirandose en un pequeño espejo el cabello ahora negro.* Grr..
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • La verdadera justicia es una máscara… pero es mi trabajo protegerla desde las sombras.
    La verdadera justicia es una máscara… pero es mi trabajo protegerla desde las sombras.
    Me encocora
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Oigan putos no, si estoy llorando como perra

    Edit:en el sueño que Lorenzo tiene con Theo una a usar su segundo nombre y apellido de nacimiento, osea Leonardo Lascuráin, pero el user se llama Leonardo y se incómodo un poquito xd
    Oigan putos no, si estoy llorando como perra Edit:en el sueño que Lorenzo tiene con Theo una a usar su segundo nombre y apellido de nacimiento, osea Leonardo Lascuráin, pero el user se llama Leonardo y se incómodo un poquito xd
    2 comentarios 0 compartidos
  • Los medicamentos ya se los habia tomado, su padre se despidió y lo arropó, el pequeño rápidamente se quedó dormido ha que los calmantes funcionaban muy rápido por el peso que había perdido, tenía su autito de juguete en el pecho y dormía tranquilo, nuevamente fantaseando
    Los medicamentos ya se los habia tomado, su padre se despidió y lo arropó, el pequeño rápidamente se quedó dormido ha que los calmantes funcionaban muy rápido por el peso que había perdido, tenía su autito de juguete en el pecho y dormía tranquilo, nuevamente fantaseando
    Me gusta
    1
    6 turnos 0 maullidos
  • La luna iluminaba débilmente el bosque mientras Pavel avanzaba por el sendero con su linterna de aceite en la mano. La cálida luz danzaba entre los árboles y las sombras.

    —Todavía necesito algunas hierbas para mi té de mañana —dijo Pavel con tranquilidad.

    Después de caminar unos minutos, encontró unas hojas de menta junto a un pequeño arroyo.

    —¡Excelente! Justo lo que estaba buscando.

    Guardó las hojas en su morral y continuó su recorrido. El sonido de los grillos llenaba el silencio de la noche.

    —Me gusta el bosque a estas horas. Todo parece más tranquilo.

    Al encontrar algunas flores de manzanilla, sonrió satisfecho.

    —Con esto será suficiente. Tendré un té delicioso.
    La luna iluminaba débilmente el bosque mientras Pavel avanzaba por el sendero con su linterna de aceite en la mano. La cálida luz danzaba entre los árboles y las sombras. —Todavía necesito algunas hierbas para mi té de mañana —dijo Pavel con tranquilidad. Después de caminar unos minutos, encontró unas hojas de menta junto a un pequeño arroyo. —¡Excelente! Justo lo que estaba buscando. Guardó las hojas en su morral y continuó su recorrido. El sonido de los grillos llenaba el silencio de la noche. —Me gusta el bosque a estas horas. Todo parece más tranquilo. Al encontrar algunas flores de manzanilla, sonrió satisfecho. —Con esto será suficiente. Tendré un té delicioso.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados