"El mundo decidió sin preguntarme que yo debía ser un monstruo, así que decidí convertirme en el peor de todos". 



Nombre: Kyrie.
Estatura y peso:
147 cm, 39 kg. 
Raza:
Aeloriana.
Color de su magia del caos:
Borgoña. 

:: Apariencia ::
Cabello castaño, hasta los hombros. Ojos cuyo color oscila del marrón oscuro al rojo, sin motivo especial. Bajita, de complexión delgada. Piercings en múltiples partes del cuerpo, algunos fácilmente visibles y otros no tanto. Rostro inexpresivo, voz plana y monótona. 

:: Perfil Psicológico ::
Seria e inexpresiva al grado de la frialdad, pero alberga emociones paradójicamente intensas a pesar de esto. A veces puede mostrar un humor ácido y un poco cruel, pero es difícil saber si lo hace con la intención de molestar o si simplemente es que no tiene idea cómo relacionarse con la gente. Muy honesta y directa, al nivel de lo imprudente. 

Le gustan en exceso las cosas dulces, el café y el olor de los libros viejos. Disfruta caminar sin rumbo por largas horas sin importarle mucho si termina perdiéndose. 

:: Trasfondo ::
Ofrecida como pago a cambio de un deseo abominable, Kyrie fue consumida por el intenso borgoña que albergaba en su interior desde su nacimiento. Desde el primer instante en que conoció este mundo, se les advirtió a sus padres que era una bomba de tiempo, pero el amor pudo más que la razón y mantenerla en confinamiento no fue una opción para ellos. 

El punto límite llegó el día que se conocería entre los Vigilantes y el Consejo como "18-08". Perdiendo el control de sí misma, el estallido ocasionó la pérdida de decenas de vidas, miembros importantes de los altos estratos de la sociedad Aeloriana. 

Encerrada durante más de una década por este crimen, al monstruo capaz de usar los recuerdos de una persona como un arma se le encerró en una prisión a cientos de metros bajo tierra, siendo liberada apenas recientemente. 

Su magia del caos es excesivamente peligrosa e inestable, más incluso que aquella de tono carmesí. Es capaz de manipular los recuerdos de los demás y de hacer que todos se reproduzcan a la fuerza, simultáneamente, en la mente de una persona. El resultado es casi siempre mortal, pues la sobrecarga memorial hace que la mente se sature de información y se rompa.