Nombre completo: Alphonse Llewellyn Tremaine
Nacimiento: 05 de abril de 2005, Belgravia, Londres
Linaje: Tercera generación de la fortuna Tremaine (minería de estaño en Cornualles, posterior inversión en bienes raíces y fondos de cobertura). Su bisabuelo arruinó a tres pueblos galeses; su padre cuadruplicó la fortuna vendiendo armas a través de paraísos fiscales. Alphonse solo tuvo que no morir para heredarlo todo.
Infancia y juventud:
Hijo único de Reginald Tremaine (en estado de coma desde 2022, durante la Pandemia COVID) y Camilla Tremaine-Hughes (fugada con un entrenador de polo en 2009). Criado por institutrices, internados de élite (Harrow, luego expulsado por "incendio accidental" en la biblioteca), y una sucesión de mayordomos que duraban menos de un año.
A los 14 años, durante una tormenta eléctrica en la mansión familiar de Cornualles, Alphonse le dijo a su institutriz de momento que había visto algo: una figura alargada que se arrastraba por el techo de su dormitorio, sus dedos tocando los retratos de sus antepasados. Lo llevaron con un psiquiátra. Dejó de tomar los fármacos después de un par de meses y simplemente no se insistió en el tema.
A los 16 tuvo tras un accidente automovilístico (él manejaba, su mejor amigo en el asiento del copiloto), dijo de nuevo haber visto algo. Una espiral en medio de la calle de "materia oscura". No hubo heridos. No hubo intervención psiquiátrica. La puerta del conductor reventó desde adentro. No se le encontraron explosivos ni rastros químicos vinculados tras pericias.
Falla vehícular a los 17 años en el vehículo familiar provocó una explosión. Fallecieron el asistente personal de su padre, el conductor y el mayordomo. Su padre queda en estado de coma hasta la fecha. Investigación Policial concluye no tener medios de prueba para responsabilizar a Alphonse, lo cual no evita que el resto de su familia sospeche y no lo quiera ver.
Tras unos meses de un tutor legal, Alphonse aparentemente está "dándose la gran vida" desde los 18. Desde ese momento se le ha visto en Aspen, Bali, Ibiza, Krasnoyarsk Krai, Kyoto, La Havana, Los Hamptons, St. Barts, entre otros.
Apariencia
Alphonse Tremaine tiene esa clase de belleza descuidada que solo el dinero puede costear: facciones afiladas pero no duras, pómulos altos que la mala alimentación y el exceso de alcohol han vuelto ligeramente cenicientos, y una mandíbula lampiña que en algún momento calzaba perfectamente en retratos de abolengo.
Su mirada, a veces etérea, tiende muchas veces a estar enmarcada por por ojeras moradas producto de un desenfreno autoimpuesto.
Su cabello, teñido de un rubio platino terriblemente deliberado, en contraste con sus cejas oscuras — como si le gustara que se notara el engaño.
Viste bien pero mal: una chaqueta de sastre italiana manchada de vino tinto en el puño izquierdo, camisas de seda que llevan tres días puestas, pantalones de lana impecables calzados con zapatos sin cordones.
Camina con una rigidez contenida, con los hombros ligeramente corvos, como si cargara con un peso invisible. Y en sus manos, aunque quietas, de tanto en tanto tienen un temblor mínimo, eléctrico.