Asha camina en la hermosa Paris.
La ciudad más bohemia, donde el amor flota en el aire.
Estrellas, humo de cigarro, techos de teja y zinc.

Es solo una estudiante de periodismo, de sonrisa alegre y melancolía en la mirada.
Lleva los labios pintados.
Y una cámara analógica colgada al cuello.

Asha camina por callejones oscuros.
Donde la lluvia lava la historia, pero no logra borrar los secretos.
Escucha a los muertos y habla con los cuervos.

Busca una sombra sin nombre, una verdad elusiva.
Su aura es un mapa de sal y jazmín.
Y, aunque el miedo la alcance y su cuerpo tiemble, no se detiene.

───●◎●───

Nací con sangre mestiza.
Mi padre, Samba Diop, un werebeast que llevaba el poder del rayo y la elegancia del guepardo en su sangre senegalesa, me enseñó a escuchar el latido de la tierra, la energía de las plantas y la voz de los animales.
Mi madre, Céline Beaumont, una mujer cariñosa de la campiña francesa con ojos que veían más allá del velo de la muerte, me entregó el don de hablar con los espíritus. 
Me dieron fuerza y afecto, cuidado y educación.
Me guiaron con gentileza y amor en un mundo demasiado extenso como para conocer todos sus misterios.
Me hicieron feliz.
Pero el equilibrio se rompió hace ya seis años. 

Una noche sin estrellas, la esencia poderosa de mi padre desapareció en circunstancias "inexplicables".
Y mi mundo se hizo añicos.

Mi madre intentó ignorar el dolor, retirarse al silencio de la finca familiar, aislada, buscando refugio en la soledad. 
Yo fui con ella, pero no me quedé. No pude.
Sentí el eco de mi padre en cada rincón, una frecuencia truncada que me ataba al lugar donde todo ocurrió.

Regresé a París tan pronto terminé la escuela. 
Llevaba el corazón blindado con decisión.
Los sentidos abiertos como él me enseñó.
Y un plan. 

Me inscribí en la Sorbona, usaría el carné de prensa como escudo y llave. 
En las redacciones, buscaría archivos sobre muertes y desapariciones sin resolver. 
En los callejones de Montmartre, leería el aura de los desahuciados buscando un rastro de la energía de mi padre.

A veces, mi poder se desborda con la fuerza de una tormenta emocional.
Las plantas de mi apartamento crecen hasta asfixiar las ventanas como las lagrimas asfixian mis ojos.
Los susurros de los muertos se vuelven gritos cuando no hay otra voz conmigo. 

───●◎●───

  • Mido 1.59 m de altura y peso alrededor de 55 kilogramos.
  • Soy francesa.
  • Tengo 22 años y estudio periodismo investigativo.
  • Hablo francés, inglés y español con fluidez. 
  • Mi intuición rara vez falla, pero siento con fuerza, siento demasiado, y la emoción nubla mi visión.
  • Soy una sobreviviente. Soy rápida. Soy fuerte. Y soy un poco torpe.
  • Me encanta el jazz, el café, la lluvia, dormir al sol tendida en la hierba y los abrazos que curan el frío del invierno.
  • No soy amiga del alcohol ni de los cementerios, la gente hipócrita me repele tanto como quienes humillan y lastiman por diversión.
  • Gracias a mi madre, puedo ver el aura, el estado emocional y físico de quienes me rodean, estén vivos o no. 
  • Ella también me ha dado el don de ver más allá de lo evidente. Lo llama "psicometría", yo lo traduzco como "un confuso dolor de cabeza".
  • Por herencia de mi padre, escucho y siento más allá de las lenguas humanas. Los animales son mis amigos y las plantas mis secuaces. La tierra me sana y el encierro me lastima. 
  • Dada la conjunción de ambos, tengo algo único; puedo proyectar mi energía espiritual para manipular objetos o crear pequeñas barreras.
  • Me debilitan y dañan aquellos lugares que han sido testigos de masacres y grandes sufrimientos.
  • A veces, algunas veces... No soy capaz de distinguir las voces de los muertos de mis propios pensamientos.

───●◎●───

Mi nombre es Asha Amandine Diop
Y camino por la cuerda floja entre dos mundos.
Busco una verdad que quizá me destruya.
E intento ser feliz.