Nombre: Maral Romanov

Edad: 36

Fecha de nacimiento: 27/08/1989

Signo: Virgo

Ocupación: Boss de la Bratva - Empresaria

Familia:  Mikhail Romanov (Padre - Ex Boss de la Bratva)

               Sasha Romanov   (Madre) (Apellido de Soltera Kurnikova)

               Vladimir Romanov (Hermano) (Fallecido)


Biografia 

La nieve caía espesa aquella noche en San Petersburgo, como si el cielo intentara ocultar todo rastro de lo que estaba destinado a ocurrir. En el corazón de ese mundo helado nació Maral Romanov, hija de Mikhail Romanov y Sasha Romanov, herederos de un imperio que no aparecía en libros de historia, pero que gobernaba desde las sombras: la Bratva.

Desde pequeña, Maral no conoció una infancia común. Mientras otros niños aprendían a leer cuentos, ella aprendía a leer personas. A los cinco años, su padre le enseñó a distinguir una mentira en la mirada; a los siete, su madre le mostró cómo desmontar y volver a montar un arma en menos de un minuto. Sus tutores no solo le enseñaron matemáticas, literatura o idiomas —dominaba ruso, inglés y alemán antes de los diez—, sino también lógica estratégica, historia de conflictos y psicología del poder.

El amor en su familia existía, pero siempre estaba acompañado de una advertencia: en su mundo, la debilidad se pagaba con sangre.

Durante la adolescencia, su entrenamiento se intensificó. Maral fue llevada a instalaciones ocultas donde aprendió combate cuerpo a cuerpo, resistencia al dolor y supervivencia en condiciones extremas. Pasó días enteros sin comida, noches enteras sin dormir, obligada a tomar decisiones bajo presión. Le enseñaron a disparar, a negociar, a manipular… y a no dudar.

Pero su mayor talento no era la fuerza ni la puntería: era su mente. Maral desarrolló una capacidad extraordinaria para anticiparse a los movimientos de sus enemigos. Veía patrones donde otros solo veían caos. Su padre lo notó pronto y comenzó a involucrarla en reuniones importantes, dejándola observar cómo funcionaba realmente la Bratva.

La organización, heredada por generaciones, no era simplemente una mafia: era una red perfectamente estructurada. Su especialidad era brutal y clara —tráfico de armamento a zonas de conflicto, distribución de drogas a gran escala, asesinatos selectivos y torturas diseñadas no solo para castigar, sino para enviar mensajes. Cada operación era calculada, cada movimiento tenía un propósito.

A los 18 años, Maral ingresó a la universidad en Moscú, donde estudió Economía y Relaciones Internacionales. No porque necesitara un título, sino porque entendía que el mundo moderno se dominaba tanto con balas como con contratos. Allí perfeccionó su habilidad para moverse en círculos legales, construir empresas fachada y manipular sistemas financieros.

Se graduó con honores.

Y cuando regresó, ya no era solo la hija de Mikhail Romanov.

Era su heredera.

Tras el retiro de su padre, Maral tomó el control de la empresa familiar —una corporación internacional aparentemente legítima— que servía como la columna vertebral económica de la Bratva. Bajo su mando, los negocios crecieron, se expandieron y se volvieron más eficientes… y más letales.

Pero nada la preparó para la noche en que perdió a su hermano.

Vladimir Romanov tenía 28 años. Era su contraparte perfecta: impulsivo donde ella era calculadora, feroz donde ella era fría. Se protegían mutuamente, como si fueran dos mitades de una misma arma.

El veneno llegó sin aviso.

Cuando lo encontró, Vladimir ya estaba muriendo. Su cuerpo temblaba, sus venas ardían, y la vida se le escapaba lentamente entre jadeos quebrados. No había antídoto. No había tiempo.

Solo dolor.

—No… así —le dijo él, con voz débil, mirándola directamente—. No quiero que me vean caer.

Maral entendió.

Sus manos no temblaron al sostener el cuchillo, pero su alma sí. Lo ayudó a incorporarse, sostuvo su peso, y juntos… juntos guiaron la hoja hacia su pecho.

El sonido fue sordo.

El silencio después, ensordecedor.

Maral gritó. lloró. Todo se liberó en ese momento.

Se quedó allí, sosteniéndolo mientras su sangre se enfriaba, mientras la nieve seguía cayendo afuera como si nada hubiera cambiado.

Pero todo había cambiado.

Esa noche, algo dentro de ella se rompió… y algo más nació.

El dolor no desapareció. Se transformó.

En vacío.

En rabia.

En propósito.

La mujer que se levantó de ese suelo ya no era solo la heredera de la Bratva. Era su encarnación más peligrosa. Su mente estratégica se volvió implacable, su corazón —antes protegido por su hermano— se volvió inaccesible.

Maral Romanov ya no luchaba solo por poder.

Luchaba por venganza.

Y en su mundo, la venganza no era un acto impulsivo.

Era una obra maestra.

 

Nota: En espera de que esta Ficha sea de su agrado.