Si bien las temperaturas de verano en Vermont nunca han sido demasiado altas, la ola de frío que sufre el norte del estado es, por mucho, una situación extrañísima. No es usual que se rebase el límite de los cero grados centígrados ni siquiera durante la noche.

Ahora, sin embargo, incluso está nevando.

Las autoridades locales atribuyen el fenómeno a una extraña formación probablemente de origen canadiense o aún más al norte, una anomalía no documentada desde hacía varias décadas.

Sólo un puñado de seres saben que, en realidad, se trata de la obra del inconsciente del brujo del bosque de Jericho.

— Amo, hace frío... —advierte Lester, cuyo plumaje está en modo verano.

— Lo sé. Y en invierno será peor —asegura el brujo.

Con todo, toma un par de leños más para acomodarlos en la chimenea. Lester aprovecha para aterrizar frente al fuego.

— Pero, amo, esto no es Siberia —reclama—. Aquí debería estar más templado.

— Siberia... —murmura el brujo, repitiendo esa palabra con nostalgia.

— Amo, ahí no hay nada para ti...

— Aquí tampoco —sentencia.

Al mirar por la ventana puede ver la nieve cayendo con toda calma sobre las hojas verdes de los árboles. Hojas que se quemaran por el contacto con el frío, brotes que no crecerán, flores que se marchitarán antes de tiempo, frutos que dejarán de desarrollarse.

— Lo siento, Lester. No es algo que yo pueda controlar... —se disculpa, como si el cuervo pudiera darle algún perdón.

Tampoco puede controlar la tristeza que siente, ni como esta afecta al clima creando un caos en los alrededores. Sólo puede esperar a que pase pronto, que no empeore, que sólo sea nieve y frío, y no evolucione a una ventisca.

#ElBrujoCojo
Si bien las temperaturas de verano en Vermont nunca han sido demasiado altas, la ola de frío que sufre el norte del estado es, por mucho, una situación extrañísima. No es usual que se rebase el límite de los cero grados centígrados ni siquiera durante la noche. Ahora, sin embargo, incluso está nevando. Las autoridades locales atribuyen el fenómeno a una extraña formación probablemente de origen canadiense o aún más al norte, una anomalía no documentada desde hacía varias décadas. Sólo un puñado de seres saben que, en realidad, se trata de la obra del inconsciente del brujo del bosque de Jericho. — Amo, hace frío... —advierte Lester, cuyo plumaje está en modo verano. — Lo sé. Y en invierno será peor —asegura el brujo. Con todo, toma un par de leños más para acomodarlos en la chimenea. Lester aprovecha para aterrizar frente al fuego. — Pero, amo, esto no es Siberia —reclama—. Aquí debería estar más templado. — Siberia... —murmura el brujo, repitiendo esa palabra con nostalgia. — Amo, ahí no hay nada para ti... — Aquí tampoco —sentencia. Al mirar por la ventana puede ver la nieve cayendo con toda calma sobre las hojas verdes de los árboles. Hojas que se quemaran por el contacto con el frío, brotes que no crecerán, flores que se marchitarán antes de tiempo, frutos que dejarán de desarrollarse. — Lo siento, Lester. No es algo que yo pueda controlar... —se disculpa, como si el cuervo pudiera darle algún perdón. Tampoco puede controlar la tristeza que siente, ni como esta afecta al clima creando un caos en los alrededores. Sólo puede esperar a que pase pronto, que no empeore, que sólo sea nieve y frío, y no evolucione a una ventisca. #ElBrujoCojo
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